Por: Nora Méndez*

Hablar del sector social en México tiene múltiples connotaciones. A algunos, el concepto les remite a organizaciones productivas en manos de los propios trabajadores, como cooperativas, ejidos o aquéllas de carácter sindical. A otros, les llevará a pensar en organizaciones de caridad vinculadas a una u otra religión o grupo de voluntariado, dedicadas a la asistencia de grupos vulnerables. Otros más pensarán en iniciativas respaldadas por empresas del sector privado, que canalizan apoyos hacia una causa en particular y a algunos les vendrán a la mente instituciones que promueven el desarrollo social, los derechos humanos o la protección del medio ambiente, entre muchos otros temas. 

Y es que el sector social en México está conformado por un mosaico heterogéneo en el que caben todos los anteriores; con alcances, grados de profesionalización e impactos diferenciados, que hacen muy difícil entenderlo como un solo bloque. Quizá sea por ello que no esté siendo suficientemente considerada su participación al momento de pensar en la respuesta que debe construir nuestro país ante la crisis. 

Lo que quizá pocos han alcanzado a vislumbrar es que en el seno del también llamado Tercer Sector se ha venido desarrollando, a lo largo de los años, una serie de capacidades que serán de la mayor utilidad para afrontar la crisis aquí, no sólo durante el periodo de emergencia sanitaria, sino en la respuesta de mediano y largo plazo que debemos ejecutar para superar sus consecuencias sociales y económicas.

Si algún común denominador podemos encontrar al variopinto conjunto que conforma el sector social, además del carácter no lucrativo de su actividad, es su enfoque, en todos los casos, a la consecución de objetivos de beneficio colectivo, con especial atención a quienes más lo necesitan. 

A eso se dedican, nos dedicamos, las organizaciones de la sociedad civil y es justamente ese enfoque y experiencia lo que podemos poner en la mesa, en este momento crítico de construcción de respuestas conjuntas.

La mayoría de las instituciones del sector social en nuestra nación hemos participado en la atención de la población en desastres naturales, pero también de condiciones estructurales y vulnerabilidades que aquejan a uno u otro grupo social. Muchas hemos impulsado programas, procesos, sistemas y alianzas que nos han permitido canalizar las aportaciones filantrópicas de ciudadanos e instituciones y cada vez somos más quienes trabajamos con una perspectiva de desarrollo e innovación social, que nos ha permitido superar la visión asistencialista, para entrar de lleno a una de inversión social.

Sé que hay quienes ven con gran recelo la participación del Tercer Sector en la atención de problemas públicos, pero sé también que las condiciones actuales no deberían permitir la exclusión de ningún grupo, ya sea por prejuicios o desconocimiento. Mucho menos de aquellas instituciones que en nuestro ADN tenemos los conocimientos y recursos para propiciar la concertación de esfuerzos, en beneficio de la sociedad en su conjunto. 

Las organizaciones sociales, por nuestra parte, debemos esforzarnos por demostrar nuestra madurez y profesionalismo, frente a quienes consideran nuestro trabajo un mero hobby, actividad amateur o prescindible.

Debemos propiciar el actuar conjunto entre nosotras y con las estructuras de los sectores público y privado, basado en la confianza y transparencia de nuestras acciones, que favorezca la concatenación de esfuerzos no sólo en la atención inmediata de la crisis, sino plenamente conscientes de que la recuperación de nuestro México requerirá de un trabajo sostenido en el tiempo.

Requerimos organizar, coordinar, estructurar los apoyos, entendiendo que pasaremos por muy distintas etapas, con objetivos y estrategias diferenciados. Y en esas distintas fases, una de nuestras principales tareas será ir proponiendo formas de acción solidaria, que nos permitan a todos mantener presente lo que de interdependencia y sentido colectivo hemos aprendido durante estas semanas de distanciamiento social, de manera que ello se sintetice en nuevas formas de relación social, más equitativas y justas para todos los mexicanos.

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LinkedIn: Nora Méndez

*La autora es Directora de Fundación Aliat – Aliat Universidades.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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