Cuando el trabajo eventual se da en el marco de la formalidad se traduce en la reactivación de la economía.

 

 

Algunos medios publicaron cifras sobre la recuperación del empleo formal en México, pero no hay que dejar de tomar en cuenta que un número importante de esas nuevas plazas son eventuales.

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El IMSS reportó en marzo la creación de más de 108 mil plazas. La noticia fue criticada por no reflejar el suficiente número de empleos que se requieren en el país. No obstante, el informe también contiene un dato interesante: más de la mitad de esos puestos son eventuales.

El dato llama la atención ya que las oportunidades de trabajo temporal representan una oportunidad de crecimiento y desarrollo profesional para muchas personas. Esta fuente de empleo, cuando se da en el marco de la formalidad, se traduce en la reactivación de la economía, más productividad para las empresas, ingresos y prestaciones sociales para el trabajador, así como una fuente adicional de contribuciones para el Estado.

Ciertamente, según datos del INEGI, nuestra economía cayó 0.07% en enero anterior, y el Banco de México anunció en mayo un recorte en el crecimiento esperado para el cierre del año (cifra que, por cierto, según ha declarado el gobernador de la institución, podría volver a modificarse en lo que resta del 2014). Tales datos nos llevan a pensar en la consecuente reducción del empleo formal.

El Banco Mundial reporta que existen 130 millones de trabajadores informales en América Latina. El fenómeno refleja la falta de un marco jurídico eficiente para promover e incentivar la formalidad en los países latinoamericanos.

A primera vista, un trabajo al margen de la ley puede parecer atractivo, ya que evita el pago de contribuciones, pero es un ahorro mal entendido. El colaborador que acepta esta opción pierde sus derechos más elementales y además renuncia a sus derechos laborales y sociales. Las empresas, por su parte, se arriesgan a sufrir las más diversas sanciones (con frecuencia de alta repercusión financiera para la organización) por el incumplimiento de sus obligaciones y la falta de respeto a los derechos de su colaborador. ¡Un rotundo círculo vicioso!

Desafortunadamente, los grupos vulnerables (mujeres, jóvenes, adultos mayores) suelen ser los más afectados por la informalidad y con frecuencia laboran en este esquema al representar la única fuente de ingresos a su alcance.

Estoy convencido de que el combate al empleo informal debe darse con la modernización del sistema tributario, disminuyendo las tasas de impuesto excesivas, ampliando la base de contribuyentes, simplificando administrativamente el cumplimiento de obligaciones fiscales y planteando exenciones para fomentar la formalidad. Adicionalmente es necesario que las autoridades en materia del trabajo nos planteen esquemas que permitan la flexibilización de las relaciones laborales y reconozcan al trabajo eventual como la importante fuente de empleo formal que representa. Adicionalmente requerimos de leyes que permitan la inversión extranjera en México, dando mayores beneficios para las empresas formales en general y sancionando a las informales.

Finalmente, los empresarios también somos responsables de generar fuentes de empleo formales en respeto a nuestras obligaciones y derechos de los colaboradores. Desde aquí una invitación a mirar al trabajo eventual como la oportunidad de revalorar la formalidad en México.

 

 

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