El valor añadido que la comunicación debe aportar no es sólo el de la notoriedad, sino el de la notabilidad, esto es, el de la buena percepción.

 

 

La gran recesión, que nació en Estados Unidos pero que desarrolló su mayor virulencia en los países del viejo continente, ha acarreado un cambio del entorno operativo de los negocios caracterizado por la pérdida creciente de la confianza de los ciudadanos en los liderazgos tradicionales, incluidos los corporativos.

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En definitiva, un nuevo paradigma para el mundo de los negocios que, acompañado de la irrupción masiva de las nuevas tecnologías y, específicamente, del empoderamiento que las redes sociales han otorgado a los ciudadanos, ha puesto de manifiesto la necesidad de recuperar la confianza de la ciudadanía en las empresas y en las instituciones financieras.

El nuevo paradigma que nos apela implica, sobre todo, que el valor añadido que la comunicación debe aportar no es sólo el de la notoriedad, sino el de la notabilidad, esto es, el de la buena percepción que se sustancia en la construcción de un renovado concepto de la reputación, haciéndolo, además a través de la multiplicidad de canales disponibles para llegar a audiencias y grupos de interés predeterminados. Lo esencial no es el conocimiento de una realidad, sino que éste sea connotado positivamente y que responda a la realidad. Hemos, en consecuencia, de interiorizar que la veracidad como característica de nuestro hacer forma parte de núcleo duro de nuestros servicios profesionales.

Nuestra función en consecuencia debe ser transformadora de los atributos negativos que se asignan a nuestros clientes y creadora de elementos atractivos y compatibles de su identidad con los nuevos valores sociales que hoy por hoy son los de la transparencia, la eficacia, la solvencia y la responsabilidad.

Esta nueva situación implica, sobre todo, que el valor añadido que la comunicación debe aportar a las organizaciones es la construcción de un renovado concepto de la reputación, haciéndolo, además, a través de la multiplicidad de canales disponibles para llegar a audiencias y grupos de interés predeterminados.

Este discurso señala la importancia de restaurar la confianza y la credibilidad de la ciudadanía: este es el reto del momento presente en el que la sociedad es, cada vez más, recelosa, descreída, precavida y mucho más exigente con los comportamientos corporativos que hace unos años.

 

Resumen del artículo publicado en la revista uno. Puedes leer el artículo completo aquí.

 

 

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