Al cierre del viernes pasado, el precio del dólar fue de 0.026 gramos de oro. Es decir, el billete verde sigue una carrera devaluatoria hacia su verdadero valor: cero.

 

La semana pasada, el empresario Hugo Salinas Price publicó un muy recomendable artículo en su portal Plata.com.mx, titulado “El precio del dólar”. Es muy fácil saber el “precio” del oro medido en dólares, pero el precio del dólar, que se mide en oro, pocos lo conocen.

Como ya lo expuso aquí el presidente del Gold Standard Institute de Estados Unidos, Keith Weiner, pensar en un “precio” del oro en dólares es como pretender medir un metro de acero utilizando ligas de goma que se estiran y encogen cada segundo. No. El oro es el “sol” del universo monetario –como lo califica Salinas Price-, no el dólar. Y no lo es por decreto de ningún analista o autoridad alguna. Todo lo contrario.

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Como de modo brillante el fundador de la Escuela Austríaca de Economía, Carl Menger, lo expuso en sus indispensables obras El Dinero y Sobre el origen del dinero, fue la libre acción de las personas en el mercado a lo largo de la historia, la que culminó con la elección del oro y la plata, por todas sus ventajas y características, como las materias primas-dinero por antonomasia. Esto fue en distintos lugares al mismo tiempo, como en los mismos sitios en diferentes momentos.

De los dos metales preciosos monetarios, el oro es el rey. El oro sólo es dinero, mientras que la plata sí tiene múltiples usos de otro tipo en la industria. Para todos los fines prácticos, el metal amarillo tiene una utilidad marginal constante. Dicho de otro modo, el apetito por el oro es insaciable y de ahí viene su alto valor. A nadie le cae mal una monedita de oro. Nunca se tiene suficiente, y por eso su demanda siempre va en ascenso y es mayor que su oferta.

No por nada el oro es la “materia prima” con la ratio más alta de existencias/flujo (producción) de todas, seguida de la plata.

Se estima que todo el oro extraído en la historia de la humanidad (al menos 175,000 toneladas, aproximadamente, según el Consejo Mundial del Oro, WGC) se encuentra aún disponible en una forma u otra, como barras, monedas, lingotes o joyería. El oro no se quema ni se destruye, es dinero real. Cada onza nueva que se extrae encuentra de inmediato demanda y se sigue acumulando siempre. Quien piensa que la demanda de oro “sube” o “baja” según las estadísticas de compraventa, está mirando sólo un pequeño árbol pero no todo el bosque.

Por eso tiene razón Salinas Price cuando afirma que “de todas las cosas que existen en el mundo, el oro es la que más demanda tiene”. Cada gramo de oro en el mundo es propiedad de alguien, y propiedad –dice– implica demanda. “Usted está ejerciendo demanda de todo aquello de lo que usted es propietario: si usted no está demandando algo, se deshace de ello, ya sea que lo venda, lo regale o lo tire a la basura”, explica.

Al oro nada le afecta que la califiquen como una “reliquia bárbara” o la “piedra favorita”. Sus detractores –quienes defienden el uso del dinero fíat, inconvertible- quisieran que la gente de repente repudiara al oro y lo tirara a la basura, pero eso jamás ocurrirá. En cambio, eso sí ha sucedido en incontables ocasiones con el dinero inconvertible, de papel.

Así pues, el precio del dólar “gira” en torno del centro de valor monetario que es el oro, por lo que necesitamos expresarlo en términos de cierta masa del metal, convenientemente, en gramos.

¿Cuántos gramos de oro se necesitan para comprar un dólar? Salinas nos recuerda que hasta 1933, el precio del dólar fue de 1.505 gramos (g) de oro. Ese año, el presidente estadounidense Roosevelt devaluó el dólar para rescatar al sistema financiero de ese país, a 0.889 g de oro, y prohibió a sus ciudadanos la acumulación del metal. El precio del dólar se mantuvo estable hasta que en 1971, otro presidente de ese país, Richard Nixon, declaró que no se entregaría más oro a cambio de dólares a un precio de 0.889 g. A esas alturas ya todos sabían que el valor del dólar era insostenible, y en vez de devaluar como hizo Roosevelt, se separó “temporalmente” del patrón oro. Seguimos así.

Al cierre del viernes pasado, el precio del dólar fue de 0.026 g de oro. Es decir, el billete verde sigue una carrera devaluatoria hacia su verdadero valor: cero. Cabe señalar que este ínfimo precio es bastante más alto que el mínimo histórico que alcanzó en 2011, cuando cayó a sólo 0.016 g de oro. En su carrera hacia el fondo, el dólar ha tenido rachas como la actual en las que su precio sube, pero la tendencia descendente es más que evidente, inevitable y será retomada.

Para los curiosos, el precio del peso mexicano fue de solo 0.0015 gramos al cierre del viernes, es decir, 1.5 miligramos de oro. Casi nada, sin olvidar que en realidad sería mucho menor debido a la conocida eliminación de los tres ceros decretada a principios de la década de los noventa del siglo pasado.

Con esto en mente, se comprende mejor por qué toda acción de autodefensa financiera de personas, empresas o países pasa, entre otras medidas, por la acumulación de reservas de oro físico en propia mano. El oro –y la plata- son el dinero que la gente eligió en libertad, y los hace libres. El otro “dinero”, el que nos imponen los gobiernos, al ser derivado de su esclavizante deuda nos condena a la devaluación de nuestro poder adquisitivo, a las crisis recurrentes y a la pérdida de nuestra libertad. Ya es hora de cambiar eso.

 

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