Hay voces que dicen que esta elección fue un retroceso. No estoy de acuerdo, porque gracias al voto tenemos ya una nueva relación del poder nunca antes vista en México.

 

El lunes amanecimos con la noticia de que el voto sí sirve y funciona. Nadie tuvo que anunciarlo o decirlo oficialmente, no hubo discursos, ni ceremonias, ni boletines de prensa, ni se dijo en ningún noticiario; simple y sencillamente, los ciudadanos, cuando vimos que caían los votos a cuentagotas, lo fuimos entendiendo conforme se daban los resultados del PREP: entendimos que la decisión de los ciudadanos, el voto real, no el nulo, tiene el poder para que un candidato independiente en Nuevo León llegue a la gubernatura. Lo mismo pasó en Jalisco, donde un candidato de Movimiento Ciudadano ganó la alcaldía y un candidato independiente llegó a una diputación local. Asimismo, el voto logró que en la Ciudad de México terminara la hegemonía del partido en el poder.

Esto es un gran cambio generado por la simple decisión del ciudadano de votar. Eso lo logró el que sufragó; los que anularon sólo se convirtieron en un porcentaje que no sirve de nada ante la maravillosa noticia de alternancia en los tres niveles de gobierno en entidades como Nuevo León, Guanajuato, Querétaro, Quintana Roo, Ciudad de México, Sonora, etcétera.

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Además de este simple y gran resultado, en nuestro país seguirán pasando cosas. A partir de ahora, los que ganaron podrán ser reelectos, pero los votantes necesitan dar seguimiento a sus acciones, y para eso ya no hay vuelta atrás: todos deberemos de ser críticos y seguir las acciones del futuro gobernador, legislador, alcalde, diputado o delegado, y si lo hace mal, bajarlo de su posición o no reelegirlo. El reto de estos nuevos candidatos es no convertirse en los típicos políticos que son tan odiados. Hoy, ellos tienen que trabajar de manera diferente, con otra cultura, con honestidad y valores.

Otro gran cambio que se dio este día 7 de junio es un nuevo balance del poder, lo que implica un cambio en el sistema político mexicano. El presidente (Enrique Peña Nieto), al parecer, tiene mayoría simple en el Congreso, pero hay que apuntar que ya no es con el PRI solo; lo logró a través de una alianza electoral, lo que implica que una decisión tendrá que ser consensuada, primero, con los aliados internos, y después, negociada en el Congreso para lograr mayoría, y de ahí se va a los Congresos locales, en los cuales no en todos tendrá la mayoría que necesita.

¿Deberemos de entender con esto que se dividió el PRI, que finalmente habrá un viejo y un nuevo PRI? ¿Será que se deja atrás al viejo partido? Habrá que verlo con el tiempo y las decisiones. A partir de ahora, las iniciativas necesitarán mayor negociación desde su inicio, lo que puede cerrar la puerta naturalmente a una hegemonía partidista o a la idea de un solo hombre o de un solo partido. ¿Será que estamos preparando el terreno a una nueva manera de obtener alternancia sin tanto dolor para el 2018? Ya que con la fórmula de reelección y una “mayoría parlamentaria”, que hoy tenemos, podría ser más fácil que un candidato independiente o algún otro partido nuevo con un candidato fuerte pueda acceder a la presidencia sin tanto impacto al sistema político. La lógica de la gobernabilidad cambia radicalmente.

Esta elección intermedia de 2015 es única, y por estar tan cercana, aún no está siendo bien entendida. Es una elección de la importancia de la de 2000, y no sólo por el resultado, sino por lo que logra la decisión de la gente. Los ciudadanos salieron a votar por un cambio, pero sin tanto rollo, sin campañas espectaculares de pedir el cambio, y algo, en mi opinión, más importante, no es por castigo; es porque decidieron que llegue otra persona y punto.

Ahora el reto es para los ganadores; esperemos que estén a la altura. Es muy seguro que a algunos les pase lo que a Fox, que no den el ancho y se desinflen. La presión para los independientes va a ser tremenda: su capacidad de negociación, su propuesta de gobierno, su habilidad política y tener a su lado a los ciudadanos será la fórmula para lograr gobernabilidad. Al gobierno del presidente Peña esto también le implica un gran reto: deberá de reforzar, vía el Pacto Federal, el apoyo a un gobierno independiente, sin importar que no haya interés de ningún partido para hacer negociaciones o lograr consensos; es toda una nueva forma de gobernar y hasta hoy nadie tiene una fórmula o procesos para saber por dónde empezar o hacer que funcione.

Por lo tanto, hay un gran riesgo de que el experimento falle, ya que siempre el primero que cruza y rompe la barrera queda ensangrentado. Ahí viene la segunda parte del crecimiento democrático, sobre todo para el PAN, que ya vivieron los retos de la alternancia. ¿Harán lo mismo al Bronco o, en un verdadero ejercicio democrático, lo ayudarán para que al estado le vaya bien?

Para nuestra democracia, este resultado es una buena noticia. Como país, nos estamos alistando para que en el 2018 podamos hasta tener un candidato independiente llegando a la presidencia. Tres años pueden sonar lejanos para los viejos que hoy no están entendiendo lo que pasó el domingo o le están dando una interpretación errónea basada en un enfoque egoísta o tradicional. Para los jóvenes apenas son tres años para consolidar una historia de éxito.

El país no puede negar que todo esto es consecuencia de una serie de factores en conjunto. Por una parte están las reformas a la ley electoral, las reformas estructurales, el Pacto por México y la voluntad del presidente de no intervenir en las elecciones, y por otra, las acciones de la ciudadanía organizada que generaron iniciativas de vigilancia de candidatos, el cuidado y vigilancia de elecciones, así como las iniciativas para registro de actos de corrupción, conocer el patrimonio de candidatos y los conflictos de interés. La acción y participación ciudadana tuvo un gran peso en estos resultados.

Hay voces que dicen que esta elección fue un retroceso. No estoy de acuerdo por la simple y sencilla razón de que hoy le pude explicar a mis hijos que en la delegación que vivimos ya no gobernará un mal delegado, que en nuestra ciudad ya se rompió la hegemonía de una falsa izquierda y que ya no tienen mayoría en la Asamblea. También les pude explicar que por primera vez en la historia de México ganaron varios candidatos ciudadanos, que habrá gobernadores de diferentes partidos y que todo esto implica una nueva relación del poder que nunca se había tenido en México. Eso es único y totalmente distinto. Eso, en pocas palabras, es una mejor democracia; tal vez no la mejor, pero sí mucho mejor que la de la semana pasada, cuando había grupos de poder chantajeando y amenazando al Estado y nuestras leyes. La otra buena noticia es que se anuncia que sí se va a realizar la evaluación a los maestros. Ya veremos qué posición toman las partes, si la CNTE vuelve a hacer sus manifestaciones y si el gobierno se las permite. Ojalá el gobierno ya no ceda.

Es una nueva etapa que va a ayudar a cambiar la cultura política, pero tengamos cuidado de no caer en la trampa de cambiar de nuevo la Ley Electoral sólo porque a algunos políticos no les cumplió su capricho.

Bienvenida la nueva etapa y cultura democrática.

 

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