Las elecciones de medio término en Estados Unidos, están programadas para el 6 de noviembre próximo, donde varios analistas han planteado la posibilidad de que los demócratas ganen la mayoría de la Cámara de Representantes, aunque dicha posibilidad se ha venido cerrando en las últimas semanas, debido a diversas condiciones propias de la competencia en cada entidad, así como de la influencia del discurso de Trump. Sin embargo ¿cuáles son las perspectivas de la elección y su influencia en México?

La elección de 2016 dio a los republicanos no únicamente el triunfo en la elección presidencial, sino también el control del Senado y de la Cámara de Representantes. Ya la configuración de ambos poderes le ha dado también a los grupos conservadores, incluidos los republicanos, el control de la Suprema Corte de Justicia en ese país, con lo que se ha planteado una oportunidad relevante para Trump, de modificar diversos supuestos que habían venido funcionando en los últimos años, ante la división partidaria de los órganos de las dos Cámaras del Congreso.

Sin embargo, ese control no se tradujo necesariamente en el cumplimiento de las promesas más relevantes del presidente Trump, que requerían una mayoría de su partido en el Congreso, como el desmantelamiento del esquema de seguridad social vigente, la construcción del muro en la frontera con México, reducir el impuesto corporativo al 15% o reducir los impuestos para todos de manera sustantiva.

Eso no quiere decir que no haya cumplido otras promesas, de manera efectiva, que han envalentonado a su electorado, como establecer tarifas a sus competidores internacionales, límites a la inmigración, el cambio de la embajada de Estados Unidos en Israel a Tel Aviv, políticas que benefician a los veteranos, modificar la tendencia al interior de la suprema corte, suspender los tratados comerciales multilaterales, renegociar los vigentes, etc.

Sin embargo, ante lo que Trump ha hecho o ha dejado de hacer, ha mantenido un discurso que le permite el control de la agenda, aunque en ocasiones ha tenido costos importantes, a pesar de los diversos conflictos internos y externos que ha tenido que sortear por equivocaciones, o por tomar posiciones que legalmente ha sido complicado defender.

El problema es que los demócratas no han podido construir un discurso que plantee una alternativa viable, a la forma en que Trump ha ejercido el poder durante estos dos años. No se ha planteado una narrativa eficiente que permita generar condiciones en las que se pueda influir en un electorado que, si bien encuentra contradicciones importantes en el gobierno de Trump, tampoco se siente atraído por un discurso de denuncia que no plantea una alternativa suficientemente atractiva.

A pesar de ello, y de la propia estructura de liderazgos demócratas que son blancos y mayores que su base electoral, un aspecto clave es que han incorporado a candidatas y candidatos cuya condición puede hacerlos más competitivos, como mujeres, negros, hispanos, cuyos discursos imprimen frescura a una estructura anquilosada y pasmada por la derrota de Hillary Clinton y los cuestionamientos de una base como la de Sanders.

En cualquiera de los dos escenarios, ya sea un triunfo de los demócratas o si los republicanos logran mantener ambas cámaras, la posición de México parece endeble pues, más allá de la discusión del nuevo USMCA y de la perspectiva antiinmigrante que permea a ambos grupos, así como del acercamiento de Trump con López Obrador, no hay otro punto de confluencia que pueda despertar el interés por un acercamiento real, por parte de los líderes partidarios en los Estados Unidos.

 

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