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 Por Lucía Pérez Moreno

Si hay algo que fastidia y daña a una empresa de detectives privados es que sus casos se filtren. A Kroll Associates, la compañía global de detectives corporativos, ya le pasó varias veces. La primera fue en 2004, cuando la acusaron de espiar a dos ministros del gobierno de Lula da Silva, en la “Operación Tokio”, que implicó el uso de micrófonos y escuchas clandestinas; la segunda en 2006, con el “Proyecto Munich”, una investigación que Kroll hizo en México para Televisa, que no sólo quería saber más de los presupuestos de sus anunciantes, sino investigar a los legisladores y periodistas que estaban entorpeciendo la “Ley Televisa” (la controvertida ley de telecomunicaciones).

El último gran escándalo que sacudió a Kroll fue el quiebre del fondo financiero Stanford Group en 2009, para el cual trabajaba y cabildeaba, al mismo tiempo. Cuando quedó en evidencia que este fondo operaba como un esquema piramidal estilo Madoff, Kroll fue demandada por varios ex clientes. En México, Stanford Group manejaba un fondo de unos 700 millones de dólares (mdd), de lo cual sólo una parte fue devuelta.

Este último caso no sólo afectó su buen nombre, sino que provocó el enojo de Altegrity, el fondo de inversión que, por entonces, controlaba las acciones de Kroll. “El fondo le pidió que dejara de hacer cosas indebidas”, explica a Forbes Jorge Ricardo García Villalobos, director general de LIFS -Litigio (Investigación Forense y Seguridad) y fundador de la Conferencia de Crímenes Financieros, quien era el delegado de la PGR en Los Ángeles, por aquellos días.

Es así como Kroll emprendió un proceso de limpia que lo ha llevado, entre otros objetivos, a crear nuevos controles de identificación de conflictos y a deshacerse de servicios polémicos, como el seguimiento de personas y las escuchas telefónicas. “Cometimos errores, pero hemos aprendido en el camino”, reconoce Brian Weihs, director ejecutivo de Kroll México, al señalar que los estándares y procedimientos de Kroll hoy la blindan de malas prácticas.

“Nuestro comité de riesgo identifica conflictos y puede llegar a rechazar casos”, afirma. Y precisa que Kroll no es la única empresa de detectives corporativos que ha tenido que modificar su modus operandi, pues toda la industria está teniendo que adaptarse a leyes de protección de datos y anticorrupción más restrictivas. Entre otras cosas, Weihs aclara que Kroll ya no toma casos de periodistas o líderes sindicales, y que rara vez accede a investigar a funcionarios públicos, pues no quiere caer en trampas que puedan nublar su imparcialidad.

El trabajo del sabueso

A la empresa que fundó Jules Kroll en 1972 se le conoció, al principio, como el “ojo vigilante” de Wall Street. Hizo fortuna y, desde allí, comenzó su proceso de internacionalización en 1995. Las primeras oficinas que abrió se localizaron en México, Rusia, Reino Unido y Japón y siguieron China, la India y el Medio Oriente. Si bien, con los años, Kroll ha tenido que cerrar algunas de sus representaciones por cuestiones presupuestales, sigue presente en cuatro continentes, trabajando para grandes corporativos, fondos de inversión y gobiernos. Lentamente se está abriendo también a empresas medianas.

Sus investigaciones cubren sectores clave, como energía, telecomunicaciones, minería y banca, por lo que esta firma siempre está en la mira de las grandes agencias de inteligencia.

Kroll desentraña casos sobre blanqueo de dinero en paraísos fiscales, hackeos de bancos, corrupción de funcionarios públicos, y robo de activos, de propiedad intelectual, de datos o de marcas, entre otros asuntos. Uno de los casos más recientes en los que estuvo involucrado es Lava Jato (Lavado a Chorro) iniciado en 2014, para investigar maniobras de lavado de dinero entre altos funcionarios brasileños.

De lengua me como un taco

La inclinación natural de las personas a hablar llevó a Kroll a realizar una operación secreta… desde un puesto de tacos. De acuerdo con Brian Weihs, director de Kroll para México, el objetivo era investigar los movimientos alrededor de una planta que, se sospechaba, era el clon de otra empresa ubicada no lejos de allí y que misteriosamente había visto caer sus ventas.

No había forma de entrar a la planta-clon, ubicada cerca de un tianguis, por lo que Kroll contrató a unos taqueros como informantes. “Queríamos saber con qué frecuencia entraban los camiones, adónde iban y qué llevaban”, dice Weihs. La información que obtuvo le permitió establecer que la mercancía que sacaban era similar a la de la planta original. La investigación determinó que varios empleados de la empresa habían montado un negocio paralelo, el que equipaban con maquinaria que daban de baja en la empresa formal y dotaban de insumos robados.

Incluso se quedaban con los clientes de la planta donde trabajaban, la cual, lentamente, se iba apagando. Con estas evidencias, Kroll instrumentó un dawn raid (inspección sorpresa de madrugada) que le permitió recabar otras evidencias para llevar a los culpables ante la justicia. “No toda la información está en registros; por eso, a veces nos ponemos creativos”, dice Weihs sobre este caso.

Kroll mantiene su viejo oficio de detective corporativo, pero lo combina con otras habilidades y conocimientos, como el análisis de riesgo, el due diligence (diligencia debida), y la ciberseguridad.

Consigue evidencias a través de métodos legales, como el análisis de estados financieros, correos, registros públicos, directorios comerciales y redes sociales, entre otros.

Y su lado puntiagudo, y el que lo ha metido en problemas, pero que lo diferencia de otras empresas de investigación financiera, es la inteligencia, que, de acuerdo con Weihs, implica hablar con personas clave para saber sobre un tema o sujeto en específico. “Pueden ser empleados, proveedores, abogados, periodistas”, dice. Y también paga a informantes (ver “De lengua me como un taco”).

Weihs reconoce que, para llegar a la verdad, hay que asumir riesgos que muy pocos están dispuestos a correr.

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Foto: Getty Images.

¿Sabes con quién negocias?

El análisis de riesgo o risk assessment es uno de los servicios que ofrece, tanto a corporaciones como a fondos de inversión.

“Las personas que dirigen multinacionales no tienen buena visión de lo que está pasando lejos de sus operaciones”, explica Weihs, al señalar que, a raíz de la reforma energética, tiene clientes en México entre consorcios interesados en construir plantas de energías renovables y gasoductos. “Quieren saber si hay carteles, crimen organizado, disputadas sociales, acceso al agua, control de terrenos y si tienen derecho de paso”, comenta.

Este scouting frecuentemente viene acompañado de due diligence, un procedimiento que antes sólo hacían las grandes empresas de auditoría para sus clientes de “Fortune 100” y que, con el tiempo, se ha convertido también en negocio de Kroll. Due diligence tiene gran demanda porque las regulaciones nacionales e internacionales contra la corrupción y el lavado de dinero exigen a las empresas una contabilidad limpia.

“Cada vez más empresas están buscando modelos de integridad empresarial”, dice Ignacio Cortés, socio principal de Ernst & Young en investigaciones de fraude y aseguramiento, y quien afirma que éste es uno de los negocios más importante de su firma.

El servicio va más allá de una mera contabilidad, pues implica investigar a los socios, proveedores y empleados para detectar prácticas irregulares que puedan causar daño o, incluso, bajar el valor de las empresas. “Cuando inviertes en una compañía, pagas el riesgo. Si es alto, pagas poco [por la empresa] y, si es bajo, pagas más”, según Weihs. Por eso es importante la due diligence.

Cibercrimen, una mega amenaza

Kroll lleva dos décadas apostándole a la ciberseguridad, otra de sus áreas fuertes. En 2002 adquirió una empresa especializada en recuperación de datos, Ontrack, que luego vendió, al calor de sus crisis, lo que no le impidió seguir reforzando su know how en esta área.

La consultora afirma que sus expertos atienden más de 1,000 eventos de ciberseguridad al año, en empresas de todos tamaños, trabajo que hacen ex policías, espías y militares, entre otros, lo que le da una perspectiva multidisciplinaria esencial para encarar las ciberamenazas.

Una de sus herramientas es Cyber-Detect, que no sólo crea defensas cibernéticas, sino que recolecta información valiosa. “Hay empresas que tienen datos muy sensibles de millones de personas y que no es tan difícil robar”, dice.

Algunas misiones de alta tensión

  • Seguir la fortuna de Saddam Hussein.
  • Investigar la muerte del banquero del Vaticano Roberto Calvi.
  • Documentar la fortuna del ex presidente de Perú Alberto Fujimori.
  • Investigar a varios de los involucrados de la operación brasileña Lava Jato.

 

Este año, Kroll firmó un acuerdo con el Centro de Seguridad de Internet para reforzar su área de ataques cibernéticos, que hoy en día ya es la mayor amenaza mundial, por encima de los fraudes y robo de activos. Apenas este año, México sufrió uno de los fraudes más grandes de su historia: varios bancos perdieron cientos de millones de dólares a través del llamado sistema de pagos electrónicos interbancarios (SPEI), en una operación que muchos sospechan fue un trabajo interno. “Las encuestas dicen que uno de los mayores responsables de estos fraudes es el personal de sistemas que llegan a controlar mucha información confidencial porque nadie los vigila”, dice César Pérez, experto en investigación forense de KPMG, al calificar de alarmante el nivel de datos que llega a tener el personal de sistemas.

Entre los servicios que ofrece Kroll está justamente investigar al personal a contratar o que ya trabaja dentro de la empresa. “Nuestra estrategia incluye entrevista a los empleados, identificación de testigos, obtención y análisis de datos críticos y control de daños”, dice la empresa.

Experiencia vivencial

Asombra que una empresa con un pasado algo turbio sea hoy promotora de las buenas prácticas corporativas. Pero nadie mejor que Kroll para saber el daño que ocasiona un comportamiento indebido sobre las finanzas corporativas. Kroll dedica mucho tiempo a hablar sobre buenas prácticas, regulaciones, protocolos de seguridad y comportamientos éticos, como parte de la labor para evitar que las empresas puedan ser sancionadas por regulaciones cada vez más estrictas de lavado de dinero y de corrupción.

De acuerdo con Weihs, una de las leyes que más intimida a las empresas en la región es la Foreign Corruption Practices Act (FCTA) de Estados Unidos, la cual tiene facultades para investigar a empresas extranjeras que hacen negocios en todo el mundo, así como a sus clientes, proveedores, consultores y agentes. “Es una legislación muy agresiva”, señala Weihl, al explicar por qué las grandes empresas se cuidan de no violarla.

 

Fermín González, director de Forensic Services de PWC México afirma que, además de esta acta, hay otras leyes que las empresas deben considerar, como las de protección de datos, responsabilidades administrativas y leyes nacionales antilavado.

Nueva competencia

La realidad de Kroll es que, mientras batallaba con sus problemas legales, perdió presencia de mercado, no sólo ante empresas pares de investigación e inteligencia, como K2, la nueva firma creada por Jules Kroll y sus hijos, sino ante las llamadas “Big Four”. De acuerdo con Weihs, estas compañías (PWC, Deloitte, Ernst & Young y KPMG) son hoy su mayor competencia.

Las Cuatro Grandes no sólo detentan el monopolio de la auditoría financiera de las grandes corporaciones, sino que han sumado talento a sus divisiones anti lavado y anticorrupción, así como de aseguramiento de bienes y personas.

La razón de esta competencia explica una fuente de una de estas empresas, es que las Big Four ofrecen un abanico de servicios que complementan con la investigación financiera. “La diferencia entre contratar a Kroll y a una Big Four es igual a ir a boutique, en lugar de acudir a una tienda departamental, donde hay muchos servicios y mejores planes de pago”, dice.

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Foto: Dave Einsel/Getty Images

Pero Weihs señala que la diferencia está en que las Big Four se limitan a hacer trabajo de investigación sin asumir riesgos, como ir a perseguir criminales. “Ellos no llegan al eslabón final, que es la recuperación de activos y datos y el aseguramiento de personas”, dice Weihs y se lamenta de que muchas empresas no logren ver la diferencia entre ambos servicios.La vida después del juicio

Hace poco más de una década, Kroll estaba en la cima del mundo corporativo. “Era top of the top”, dice Jorge García Villalobos, de FIPS, una de las pocas empresas privadas mexicanas que investigan delitos financieros a escala regional. Su momento de apogeo vino en 2004, cuando Marsh Mc Lennan, un broker global de seguros, la compró por 1,900 mdd; seis años después, la revendió al fondo de inversión Altegrity por 40% menos.

Hoy, Kroll vuelve a hacer historia, pues a inicios de 2018 fue adquirida por Duph & Phelps, una empresa de consultoría financiera que no sólo busca integrarla a sus actividades, sino darle nuevos aires. Lo hace después de que Kroll pagara una multa de poco más de 24 mdd, como parte del arreglo al que llegó en 2015 en una corte de Florida por el caso Stanford.

Weihs reconoce que, si bien hoy hay más competencia, también hay más trabajo. Sus reportes anuales de riesgo y fraude, así como los de las Big Four, hablan de un mundo donde casi ninguna empresa se libra de los fraudes o ciberdelitos. El año pasado, cerca de 86% de las empresas encuestadas por Kroll sufrió algún intento de delito. Kroll cumple casi una década sin filtraciones ni escándalos, pero su trabajo de hacer lo que no se debe hacer no dejará de estar en el ojo público.

El detective multioficios

Son apenas un puñado de expertos que conocen los tejemanejes, tácticas y mañas del investigador financiero. “Si somos 200 es mucho”, dice García Villarreal, de LIFS, al señalar que estas cifras no reflejan los desafíos financieros en México.

Sin embargo, lentamente el negocio se está dinamizado, pues las grandes firmas de auditoría agrandan sus divisiones antifraude y lavado de dinero y contratan talento joven. “En nuestro equipo, nadie tiene más de 40 años; buscamos graduados de 22 a 23 años que vamos formando”, dice César Pérez, socio de forensic KPMG México.

En este negocio trabajan equipos mutidisciplinarios que no dejan de lado ninguna especialidad: ex policías, contadores, abogados, economistas, hackers, técnicos en sistemas, psicólogos, administradores y periodistas. Ignacio Cortés, socio principal de servicios de aseguramiento de Ernst & Young (EY), dice que también hay historiadores para hacerse cargo de los archivos.

En este despacho emplean a cerca de 60 personas en prevención e investigación de delitos financieros, el doble que hace cinco años. En el caso de KPMG, Pérez reconoce que, entre los 70 empleados de la división de forense, hay de todo, “incluyendo un físico matemático con especialidad en Astronomía”.

Fermín González, director de Servicios Forenses de PWC, reconoce que ésta es un área de oportunidad para los jóvenes universitarios.

César Pérez, de KPMG, destaca la ACFE, una asociación muy reconocida en Estados Unidos, que ofrece un curso enfocado tanto a la metodología de investigación, como a aspectos legales.

Respecto de las certificaciones locales, señala la del Instituto Mexicano de Contadores Públicos para operaciones antilavado, así como otras que dan instancias públicas como la CNBV. De acuerdo con García Villalobos, de FIPS, fluctúa entre los 250 y 800 dólares por hora, aunque también se paga por proyecto.

 

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