Por José Caparroso 

Gritando con evidente emoción la frase “por fin ganamos”, empezó su discurso de victoria Claudia Nayibe López Hernández la noche del domingo, luego de que con 1,108,541 votos —el 35,21% del total—, se convirtiera en la primera mujer electa para gobernar la ciudad de Bogotá, capital de Colombia.

La audiencia lo entendió. López, avalada por el Partido Verde, venía de un año en el que tuvo dos momentos agridulces.

Por un lado, siendo candidata a la vicepresidencia del líder de centro Sergio Fajardo, con un respaldo masivo que sorprendió al país, la votación no les alcanzó para llegar a segunda vuelta. Por el otro, la Consulta Anticorrupción, una iniciativa de su autoría, alcanzó un poco más de 11 millones de votos —más de los que obtuvo Iván Duque para elegirse presidente de Colombia—, pero menos de los 12 millones que exigía el umbral para que tuviera validez.

El triunfo para llegar a la Alcaldía de Bogotá estuvo reñido. Su mayor contrincante, el independiente Carlos Fernando Galán, registró 1,022,362 votos, con 32,48% del total. Por quedar de segundo, la ley le otorga un puesto en el Concejo Distrital, la corporación local.

Los analistas ubican como definitivo el discurso que López repitió una y otra vez en las últimas semanas de campaña. Lo ratificó frente a las cámaras que en la noche del viernes mostraron el último de los debates electorales, televisado a nivel nacional: “Una de las opciones es la que yo represento, la de la hija de una maestra y un hombre humilde, la de la niña que creció en La Granja en Engativá, la de la adolescente que creció en Ciudad Bolívar (una de las localidades más pobres de la ciudad), la mayor de 6 hermanos que estudió gracias a un crédito del Icetex, la hija de una familia como la suya, puede ganar por primera vez la Alcaldía de Bogotá”.

Claudia López, que es abiertamente homosexual y pareja de la senadora Angélica Lozano, es vocera de la lucha anticorrupción y de la meritocracia en el país. Se formó en la carrera Finanzas, gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Años después ganó una beca para estudiar una maestría en Administración Pública y Política Urbana en la Universidad de Columbia en Nueva York (Estados Unidos).

En la “capital del mundo”, según cuenta, limpiaba casas y baños para costearse su vida. Más recientemente, con un liderazgo consolidado, obtuvo un título de doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Northwestern.

En paralelo, su nombre crecía como espuma en la opinión pública colombiana. En 2005 denunció la “parapolítica”, un escándalo que reveló los nexos entre grupos paramilitares y congresistas, investigación por la que más de 50 políticos fueron condenados a la cárcel.

En 2014 decidió presentar su nombre al Senado de la República, elección en la que, con 81,000 sufragios, obtuvo la votación más alta de su partido. Su visibilidad como senadora la motivó a ser candidata para la Presidencia de la República en 2018, pero se unió a una coalición de centro izquierda en la que se volvió candidata a la Vicepresidencia.

López encarna en Colombia la voz de un liderazgo orgánico trabajado en pulso, en un país en el que las maquinarias políticas han dominado históricamente el poder. Sin embargo, a sus críticos les incomoda el tono fuerte con que habla.

Su gobierno, conforme a lo que enfatizó en campaña, se enfocará en proteger el medio ambiente, garantizar más cupos para la educación superior, seguir adelante con la construcción de la primera línea del metro y fortalecer la cultura ciudadana.

 

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