Trabajar en una organización es sumergirte en mundos altamente complejos. Uno puede elegir un trabajo, en determinada organización y bajo determinadas circunstancias. El factor inesperado hace su aparición cuando te enfrentas a retos y oportunidades que no hubieses imaginado vivir y conoces a personas que no hubieses imaginado conocer.

Aunque uno se resista, inevitablemente todas estas situaciones vienen de la mano junto con emociones que día a día nos afectan de una u otra manera, incluso llegando al terreno físico y psicológico, desembocando en estrés, enfermedades y demás reacciones.

Miedo, enojo, tristeza, alegría… todos las hemos experimentado. Seguramente has tenido sensaciones desbordantes cuando te han anunciado una promoción, un aumento o el cierre de una venta. O, al contrario, seguramente sabes lo que se siente cuando te has equivocado o cuando la estrategia que habías planeado no tiene los resultados que esperabas.

Bajo premisas como “la gente sólo viene a trabajar, por eso se les paga” o “yo no tengo por qué ser responsable de cómo se siente la gente”, el bienestar emocional en el trabajo ha sido un concepto que todavía cuesta trabajo que los líderes organizacionales tengan en sus agendas, reforzando que sea un tema tabú en el contexto laboral.

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Lo cierto es, que las emociones son un agente sumamente poderoso que pueden determinar el éxito organizacional. Se puede leer muy exagerado, sin embargo, la misma definición lo refleja, al referirnos a ellas como respuestas breves y organizadas que influyen en la manera en cómo las personas abordan retos y aprovechan oportunidades en los eventos a los que se enfrentan.

A pesar de tener esta trascendencia, la Inteligencia Emocional es un concepto que todavía es muy intangible para las personas; más aún, el bienestar emocional en el trabajo. La buena noticia es que ya existen iniciativas tanto del sector público como el sector privado para promover ambos temas en los lugares de trabajo.

Actualmente existen esfuerzos a nivel mundial a través de organismos internacionales que velan por la salud ocupacional de los colaboradores. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha alertado que las crisis económicas actuales, la prevalencia del desempleo, las reestructuras y la búsqueda incesante de la competitividad, generan un ambiente de incertidumbre, estrés, falta de control y ambigüedad en las personas, causando, por un lado, bajas en la productividad, poca efectividad organizacional, disminución en la satisfacción laboral, resistencia al cambio, presentismo, ausentismo (entre otras).

Entre las consecuencias en la salud, en la parte física se encuentran trastornos gastrointestinales, cardiovasculares, respiratorios, endócrinos, dermatológicos y musculares, así como prevalencia de enfermedades físicas (hipertensión, diabetes) y en la parte mental trastornos afectivos, alimenticios, del sueño, ansiedad, depresión, adicciones, fobias.

En México, dentro del sector gubernamental el Programa Nacional de Bienestar Emocional y Desarrollo Humano en el Trabajo (Pronabet) de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS) busca concientizar a los líderes organizacionales sobre la injerencia que tienen sobre los colaboradores de las organizaciones y cómo su rol es fundamental para evitar los factores de riesgo psicosocial en el trabajo. Estos se refieren a las condiciones de trabajo o características relacionadas con el ámbito psicosocial que pueden tener la capacidad de afectar al bienestar o salud del colaborador.

En el sector privado, varias organizaciones, tanto MiPymes como grandes corporaciones multinacionales ya están implementando acciones que apuntan a la prevención de riesgos psicosociales en el lugar de trabajo y así fomentar el bienestar emocional. Estas acciones pueden relacionarse a estrategias robustas de Wellness corporativo, beneficios para el colaborador y su familia, esquemas de trabajo flexible, compensación variable, modelos de trabajo colaborativos, entre otros. ¿Estás pensando en implementar este tipo de acciones dentro de tu organización? Para ello es importante tomar en cuenta lo siguiente:

  • Que sea un tema estratégico en la organización. Asegúrate de que el interés por el bienestar emocional de las personas parta desde la misión, visión y valores. El que sea parte de la agenda directiva estratégica, formando parte de la cultura y se encuentre inmerso en los líderes formará la base para que exista congruencia y consistencia en las iniciativas que vayan a diseñarse e implementarse.
  • Asegúrate de saber cómo están los colaboradores. En realidad, ¿conoces el estado en el que se encuentra tu gente? Hay que tener en cuenta el índice de enfermedades laborales e incidencias tales como la tasa de ausentismo para darnos una idea de la situación actual en la organización. Asimismo, es fundamental escuchar a nuestra gente a través de encuestas de clima, grupos focales, entrevistas y otros canales donde podamos obtener la retroalimentación de las personas.
  • Identifica los factores de riesgo psicosocial que existen en tu organización. Es necesario identificar las fuentes que originen factores de riesgo en los colaboradores y que tengan un impacto en su bienestar emocional. Desde la organización del trabajo, naturaleza de procesos internos, hasta la relación entre líderes y colaboradores, vale la pena hacer una exploración a profundidad para diseñar e implementar estrategias efectivas.
  • Que las intenciones se hagan realidad. Muchas veces se puede tener la intención de velar por el bienestar de las personas, pero pueden no ser materializadas en programas y/o prácticas que las hagan realidad. Por ello, es recomendable que se establezca, a partir de la filosofía organizacional, un programa integral de Wellness que incluyan prácticas y programas que promuevan el bienestar en las diferentes esferas del ser humano: física, mental, intelectual, social, por mencionar algunas.
  • No te olvides de los canales de apelación. El contar con políticas y mecanismos que velen por la justicia, imparcialidad, no discriminación y manejo de conflictos no es algo deseable, sino necesario. Esto da una sensación de tranquilidad y seguridad en las personas y ofrece una contención ante conflictos e incidencias.
  • Capacita e informa, siempre. Existe mucha desinformación sobre cómo identificar y validar las emociones, en uno mismo y en los demás. Para fomentar la cultura de la inteligencia emocional, es importante tener información disponible para los colaboradores, por lo que, las capacitaciones y talleres en temas relacionados con el bienestar emocional son importantes.
  • Trabaja con los líderes. Los líderes son claves para generar microclimas sanos y caracterizados en la confianza. Formar a los líderes en el manejo de estos temas y convertirlos en coaches y mentores para sus equipos promoverá y reforzará los comportamientos positivos permeándose a lo largo de la organización.

Hoy por hoy, el mundo de las emociones ya tiene cabida en las organizaciones. Como organización y como líder, promover el bienestar y la salud mental es una responsabilidad para con las personas, al mismo tiempo que se activa el sentido de reciprocidad de los colaboradores para con la organización.

Por todas estas razones y tomando estas estrategias como guía, ¡emociónate y deja que las personas se emocionen en tu organización!, en el sentido de que vivan el mundo emocional, dándoles herramientas para su manejo adecuado. Al hacerlo, le harás un bien a tu organización, a los colaboradores, a sus familias y, ¿por qué no? A ti mismo.

 

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