Eduardo Báez es ingeniero agrónomo y estrenó su mayoría de edad junto a la creación de su propio emprendimiento: cultivar maíz dulce, un cultivo sin tradición en Nicaragua, que empezó a comercializar en bandejas en supermercados, donde enfrentó muy poco consumo, por lo que se planteó́ la comercialización del producto cocido, asado y desgranado, recubierto de mayonesa, queso, chile, limón y de cuántas maneras se puede saborear.

Un boom que lo llevó a vender de 500 elotes en su primera semana a 20,000 elotes semanales en la actualidad bajo la marca Elotes locos.

Desde antes de ir a la universidad, Báez se planteó que no trabajaría para nadie, que quería ser empresario, su propio jefe, para disponer de su tiempo. Pero su destino estaba marcado con muchas batallas que tuvo que superar para llegar a su meta. Lo primero que enfrentó fue obtener un cupo en la Escuela Agrícola Panamericana, Zamorano de Honduras, donde en el primer intento le dieron un “no” que no aceptó, sino que viajó hasta ese país para entrevistarse personalmente con el director y lograr un lugar en esa institución.

“Cuando terminé la universidad empecé a echar cana y pensar qué podía hacer. Buscaba algo que no se hubiera hecho porque no quería copiar ideas. Y apareció de la manera más casual… en un supermercado vi unas bandejitas de maíz dulce y leí que eran de Costa Rica y me dije: ¿cómo es posible que estemos importando maíz?”, recuerda Báez, ahora con 24 años de edad y tres de haber arrancado con su emprendimiento, que da empleo a 50 personas en diferentes zonas del país.

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El ingeniero agrónomo empezó por importar las semillas de maíz dulce y sembrarlas en dos manzanas de su familia.

“Fue un inicio duro porque arrancaba con un cultivo que no tenía semilla en el país, tampoco tenía tierras para sembrar y no tenía plata”, expresa.

Cuenta que habló con sus padres de su idea y lo apoyaron inmediatamente, por lo que empezó con 3,000 dólares a importar las semillas y con la ayuda de un trabajador del campo se dio a la tarea de cultivar un producto sin historia de manejo en Nicaragua, que luego buscó comercialización en Walmart.

“Para comercializar busqué etiqueta, registro sanitario e hice todo para entrar a Walmart, pero una vez adentro las ventas no eran las esperadas y además tenía otra desventaja: que ese tipo de maíz es muy perecedero, sino se consume en tres días se seca, se deshidrata, su azúcar empieza a hacerse almidón. Con esto vi la necesidad de comercializarlo de otra manera: procesado y con ingredientes que fueran ricos al paladar como el queso y la mayonesa, limón o chile”.

La primera vez que Elotes Locos salió a las calles fue en el departamento de Estelí, de donde es originario Báez, y lo hizo con un carrito de lata que instaló en el parque de la ciudad con la ayuda de su padre y sin permiso de la municipalidad.

“Ese día me decepcioné, pues a la persona que había contratado como vendedora no llegó y yo estaba en mi casa cociendo los elotes. Habíamos pensado abrir la venta a las 7:00 am, por lo que desde las 6:00 am estaba con el carrito en el parque y la vendedora no apareció. Cuando vi que era tarde me regresé a mi casa a buscar a la doméstica para ponerla a vender”.

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Agrega que “desde ese primer día yo tengo una bendición, pues me quedé sin elotes, llevaba 500 y todos lo vendí. La gente hacía fila y se agotaron”.

Después de un año de la aceptación de los Elotes Locos en Estelí, este joven emprendedor decidió conquistar Managua, la capital del país donde ha instalado tres sucursales.

También abrió una sucursal en León, Masaya y Granada, pero su meta es estar presente en los 16 departamentos del país.

 

El crecimiento y las siguientes metas

“La venta en Walmart es fija, no se mueve. Si me dieran la posibilidad de venderlos, podríamos vender más porque una bandeja de elotes crudos sirve para la sopa, bastimento, ensaladas, acompañamiento de carnes y es sano y saludable”, dice Eduardo.

En julio de este año el emprendedor inauguró un cuarto frío en la planta de proceso de Estelí y pasaron de sembrar dos a 15 manzanas a través de la renta de tierras. Además, ha servido de motivación a otros agricultores que ahora se han convertido en sus proveedores.

“Este cultivo me ha dado la posibilidad de emplear a un ingeniero que fue mi profesor en el Zamorano, quien cuenta con una maestría en Arkansas”, revela Báez.

El emprendedor afirma que Elotes Locos no se queda aquí. “Va a cruzar fronteras. Por ahora mi visión es posicionarme en todo el país, luego pensamos en introducir nuevos productos para darle otras propuestas a la gente”.

 

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