La naturaleza humana ha sido alterada o confundida por distintos incentivos modernos que tienen que ver con la cultura capitalista, las tradiciones y costumbres de las distintas sociedades y la integración de tecnologías y nuevos patrones de conducta. Sin embargo, a lo largo de la historia ha sido comprobado que el ser humano para llegar a un sentimiento de plenitud requiere:

1) Definir un propósito

¿Qué es el propósito? Regularmente cuando hablamos de propósito, lo utilizamos como una especie de meta a corto o mediano plazo, enfocada en algo sumamente específico:  bajar de peso, dejar de fumar, etc. Sin embargo, cuando hablamos de propósito de vida nos referimos a un concepto mayor, que englobe no solo nuestras metas, sino que también incluya nuestras ambiciones, curiosidades y expectativas, por ejemplo:

Crecer personalmente de forma saludable, intelectual y emocionalmente, para lograr crear un bienestar que me permita elevar mi nivel de felicidad, tener una vida plena e impactar de forma positiva y medible a la mayor cantidad de personas que sea posible.

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2) Ser relevante, impactar

Una vez que definimos un propósito no solo se trata de pensar que por arte de magia vamos a cumplirlo; es necesario definir cómo y cuándo nos vamos a dirigir a ese propósito y el nivel de prioridad que requiere.

El compromiso es con el propósito por ello, las prioridades deben de alinearse. No hablamos de un plan sumamente detallado, porque al final la vida es impredecible y no tenemos control sobre las condiciones externas, sin embargo, lo que nos permite mantener el rumbo son las prioridades que rigen nuestra toma de decisiones y nuestra forma de resolver problemas o situaciones que se nos presentan, por ejemplo:

Cualquier proceso de decisión o solución de problemas debería pasar por esta lógica:

  • ¿Cuál es la mejor opción para lograr crecer?
  • ¿Cómo impacta mi felicidad a corto, mediano y largo plazo?
  • ¿Alguna de las opciones me crea menor o mayor bienestar?
  • ¿De que forma logro impactar de forma medible y positiva la vida de más personas?

Independientemente de la problemática si tenemos un proceso de flujo, nos aseguraremos de mantenernos en el rumbo correcto.

3) Crecer para trascender

Por último, necesitamos avanzar, necesitamos estar consientes en todo momento de tres factores: de dónde venimos, en donde estamos y a donde vamos. Esto nos permite enfocarnos en un trayecto y no en soluciones o decisiones de corto plazo que obedecen a otros incentivos como lo pueden ser el económico, la zona de confort o la gratificación instantánea.

En general nuestras decisiones reflejan un proceso que la mayoría de nosotros no hemos construido, por lo que terminan siendo reacciones emocionales o de supervivencia (entendiendo supervivencia como el resultado menos malo posible en el menor tiempo posible).

En la medida que atendemos el pasado, conectándolo con el presente y construyendo el futuro logramos tener un crecimiento evidente que nos hará llegar a un sentido de trascendencia, si ayer estábamos en el primer piso, hoy estamos en el segundo es fácil definir que pronto debemos ir al tercero.

Conclusión

Construir un propósito no es un proceso de un día, un mes o una semana, es un proceso que, dependiendo de la persona, su situación y su realidad puede tomar entre dos y seis meses en promedio.

Este proceso se vuelve más complejo aun cuando se trata de personas que forman parte de una empresa familiar donde existe aún menos flexibilidad para definirlo.

Si tienes más dudas sobre el tema no dudes en escribirme y con gusto puedo compartir más información sobre el tema, el proceso y su acompañamiento.

 

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