Los organismos multilaterales trabajan para dar soluciones a los retos más urgentes de poblaciones con altos índices de pobreza, y a la vez representan importantes oportunidades de negocios para las empresas que sepan establecer con ellos relaciones de largo plazo.

 

Hoy, las empresas se han convertido en un actor clave en la agenda internacional de desarrollo. El sector privado promueve la innovación y la transferencia tecnológica, mejora la productividad y la competitividad, incide en la cualificación del capital humano y crea empleo en todo el mundo.

Por su parte, los organismos multilaterales trabajan para dar soluciones a los retos más urgentes de poblaciones con altos índices de pobreza. Estos organismos, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, son de los actores principales como centro de intercambio de aprendizaje y conocimiento, como auténticos hubs de tendencias y conexiones, y como movilizadores de recursos propios o de terceros. Es decir, son más que instituciones puramente financieras. Y, a la vez, representan importantes oportunidades de negocios para las empresas que sepan establecer con ellos relaciones de largo plazo.

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El 2015 es decisivo para el desarrollo internacional, tal y como demuestran los importantes eventos y cumbres que se celebran a lo largo de este año. Entre los más destacados, el pasado julio se adoptó la Agenda de Acción de Addis Abeba sobre la Financiación al Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en septiembre los focos están sobre Nueva York, donde la Asamblea General de la ONU debate los nuevos Objetivos del Milenio, necesarios para dar continuidad a un trabajo que está lejos de haberse cumplido. Este año está en juego el rediseño de la agenda global que guiará los esfuerzos futuros de la comunidad internacional dedicada al desarrollo: ONU, instituciones financieras internacionales, oeneges, universidades y empresas. Sí, empresas. El desarrollo hace tiempo que dejó de ser algo lejano para las empresas; las empresas, hoy, son un actor clave en esta agenda internacional. ¿Por qué?

El sector privado promueve la innovación y la transferencia tecnológica, mejora la productividad y la competitividad, incide en la cualificación del capital humano y crea empleo. El World Development Report 2005 del Banco Mundial calculaba que el 90% de los puestos de trabajo en los países en desarrollo los genera el sector privado. Según un informe de McKinsey & Company, la demanda de recursos generada por la clase media global incrementará entre un 30 y un 80% para el año 2030. Para conseguir responder a estos niveles de demanda, los incrementos en productividad son fundamentales y, por tanto, el papel que el sector privado tiene que jugar resulta esencial. Su importancia no se limita a la economía productiva. El sector público, con menores recursos fiscales para responder a retos sociales más numerosos y complejos, necesita colaborar con el sector privado para la provisión de bienes y servicios públicos.

Esta importancia del sector privado ya se nota en los flujos financieros internacionales. En las últimas décadas, la proporción de inversión extranjera directa (IED) ha crecido respecto de la ayuda oficial al desarrollo, convirtiéndose, así, en la primera fuente de financiación externa de los países en desarrollo y emergentes.

Después de una bajada en el 2012 en el crecimiento de la IED, en el 2013 los flujos incrementaron un 9% (hasta 1.45 billones de dólares), y se espera una tendencia de crecimiento positiva también en los próximos años.

Esta tendencia demuestra el gran potencial de la IED, para, junto con otros recursos, lograr la consecución de los objetivos de la futura agenda para el desarrollo. El crecimiento de la economía mundial y este aumento de los flujos de recursos privados han desbancando a las instituciones financieras multilaterales (IFI) como principales financiadores del desarrollo.

A pesar de esta pérdida de peso en el conjunto de los flujos financieros en países en desarrollo, las IFI siguen siendo uno de los actores principales como centro de intercambio de aprendizaje y conocimiento –pensamiento, análisis y asesoramiento en políticas–, como auténticos hubs de tendencias y conexiones –conexión con actores gubernamentales, empresariales y sociales–, y como movilizadores de recursos propios o de terceros. Es decir, las IFI son más que instituciones puramente financieras, y precisamente por ello existe una oportunidad clave para que las empresas repiensen su manera de relacionarse con ellas. Una aproximación más estratégica a estos foros y sus actores principales puede redundar en beneficios a mediano y largo plazo para las empresas, pero también para su impacto en el desarrollo.

El siguiente informe, que se ha desarrollado junto con Idoia Ortiz de Artiñano, asesora principal del secretario del Banco Interamericano de Desarrollo, y Fernando Fernández-Monge, especialista en gobernanza en el Banco Mundial, defiende la existencia de esos retos clave e invita a las empresas a que repiensen su manera de relacionarse con los organismos multilaterales. Una aproximación más estratégica a estos foros y sus actores principales puede redundar en beneficios para las empresas, pero también para su impacto en el desarrollo.


Presentación del informe “Invertir en Desarrollo: Repensando la estrategia internacional de las empresas con los organismos multilaterales”, elaborado por Idoia Ortiz de Artiñano, asesora principal del secretario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); Fernando Fernández-Monge, especialista en gobernanza en el Banco Mundial; Joan Navarro, socio y vicepresidente de Asuntos Públicos de LLORENTE & CUENCA; Pablo Abiad, socio y director general de la oficina de Argentina de LLORENTE & CUENCA. Puedes leer el informe completo aquí.

 

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