Reuters.- Pasada la euforia inicial, algunos líderes empresariales de México se mostraron afligidos y resignados a aceptar un remozado acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, del que todavía no conoce ningún detalle, pero que podría dar paso a una aplicación más estricta e intrusiva de las normas laborales.

Moisés Kalach, miembro del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y representante del sector privado de México en las negociaciones del T-MEC, dijo que las empresas se sintieron marginadas en la última etapa de las conversaciones.

“Nos hubiera gustado haber estado más tiempo (en las negociaciones), poder opinar más. Esta es la realidad, participamos, pero no todo lo que hubiéramos querido”, dijo Kalach en una entrevista radiofónica.

La versión inicial del T-MEC se firmó hace más de un año para reemplazar al viejo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994, sin embargo, los demócratas, que dominan la Cámara de Representantes de Estados Unidos, insistieron en realizar cambios en materia laboral y ambiental antes de votarlo.

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En una exhibición inusual de cooperación bipartidista y transfronteriza en la era de los conflictos comerciales globales del presidente Donald Trump, altos funcionarios de Canadá, México y Estados Unidos firmaron ayer martes una nueva revisión del pacto comercial.

Carlos Salazar, presidente del mayor gremio empresarial CCE, aseguró que el domingo pasado se reunió todo el Cuarto de Junto (órgano consultor) para opinar sobre las modificaciones en el T-MEC original.

Al ser cuestionado respecto a denuncias de algunos industriales que sostienen que solo tuvieron un día para analizar los impactos de los cambios, Salazar respondió a periodistas que “dio el tiempo que daba los momentos del acuerdo”.

Algunos grupos empresariales mexicanos lamentaron la falta de claridad e información contradictoria sobre cómo se harían cumplir las reglas según el acuerdo, cuyo texto todavía no se ha hecho público.

Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex y duro crítico del presidente Andrés Manuel López Obrador, dijo que “hasta este momento prácticamente nadie conoce, más que los funcionarios, la letra chiquita del tratado”. Además, llamó al gobierno un “mal negociador”.

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Otros fueron más positivos.

“Había muchas cosas que nos hubiera gustado que estuvieran, pero en general podemos decir que este tratado es muy benéfico para México que va a traer inversiones al país, que va a ser a la región de Norteamérica la más competitiva”, dijo Antonio del Valle, un prominente empresario.

Funcionarios mexicanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) no respondieron a preguntas sobre cuándo podrían consultarse los textos del tratado, aunque aseguraron que tienen carácter público.

 

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