Sin duda alguna, uno de los sucesos que sacudió el 2016 fue el ascenso del populismo, racismo y la xenofobia en países desarrollados. Las razones se deben a la falta de oportunidades de la clase trabajadora, ya sea por el uso de mano de obra más barata de países como México y aquellos en Asia, así como por la automatización y el hecho de que la tecnología está sustituyendo a esta misma mano de obra pero otorgando un rendimiento mayor. El resultado: la votación por la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el llamado Brexit)y la elección de Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos.

Pero, ¿qué podemos aprender como mexicanos de esta situación que hizo temblar al mundo? México obtendrá una invaluable lección si logramos dejar atrás la ilusión de meritocracia que tenemos instaurada en el país, sobre todo en el tema de educación. Si somos conscientes de nuestras fallas en educación entonces quizás algún día podremos considerarnos, con orgullo, una sociedad donde impera la meritocracia.

Trump y Farage (éste último el líder del movimiento Brexit) argumentaban que los problemas de la clase trabajadora de sus respectivos países se solucionarían si se expatriaban los empleos y se privilegiaba la producción nacional. Por otro lado se encuentra la postura de la transformación del mercado laboral y la pérdida de millones de “empleos tradicionales” a manos de la tecnología.

Pero ambas razones nacen en el abandono de la población poco calificada y de la clase trabajadora. Estos países, a pesar de contar con sociedades más igualitarias que la nuestra, son también sociedades transaccionales, donde a quién conoces y dónde estudiaste determinarán hacia dónde irás. La elite del Reino Unido estudió en “Oxbridge” (como se le conoce a las universidades de Oxford y Cambridge), la de Estados Unidos estudió en el Ivy League y unas cuantas universidades más. Será difícil tener movilidad profesional y social a lo largo de la vida si no se cuenta con un cierto “pedigree”, un cierto currículo.

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Pero aún así lejos están estos países de llegar a los niveles en los que se encuentra México, donde la poca preparación importa poco ante una buena recomendación. He vivido, trabajado y estudiado en tres continentes; he visto las diferencias en el ámbito personal y profesional que tiene México respecto a Europa Occidental, Estados Unidos y Asia. La forma en la que los mexicanos nos movemos en este tema es notable y triste.

México hace un gran trabajo al invertir en la educación de posgrado, mandando a mexicanos a las mejores universidades del mundo. Pero es difícil que alguien que no haya estudiado en una escuela primaria, secundaria o preparatoria en ciertas zonas del país, tenga la oportunidad de competir de manera justa para ganar alguna de estas becas. Las historias de éxito, aunque conmovedoras, son lastimosamente pocas.

Pero las diferencias van más allá de oportunidades económicas y se adentran en nuestras creencias. En Singapur, una buena parte de la educación se centra en fomentar una “mentalidad de crecimiento”, donde el esfuerzo y no los talentos innatos son lo que determinará el futuro de los alumnos. En México es ubicua la creencia de que todas las mujeres y muchos hombres simplemente no nacieron para ser buenos en matemáticas; aquí el esfuerzo y la dedicación poco importan. La diferencia es abismal.

Famosa es la historia -verídica- sobre cómo Corea y México, a pesar de que en la década de 1960 tenían un crecimiento económico similar del 6% anual, ahora son economías totalmente distintas, una de ellas quien vio nacer, y se beneficia de, empresas como Samsung, LG y Hyundai. A pesar de que este impresionante avance económico se debió en gran parte al plan de industrialización ejecutado por el gobierno de Corea, que apoyaban a los famosos chaebol (conglomerados empresariales), invertir en educación fue clave en esta historia.

A lo largo del año continuaré escribiendo más sobre modelos educativos en el mundo y su relación con la mentalidad de innovación y el crecimiento económico de los países que los han implementado. En este nuevo año pensemos en la mejor inversión a largo plazo que podemos hacer como mexicanos la educación.

 

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