Algo muy serio está pasando con la educación que reciben los líderes de este país, sobre todo los político-gubernamentales. Javier Duarte, uno de los personajes más corruptos de la nación, hoy detenido en Guatemala y con decenas de juicios pendientes en México, cuenta con una larga trayectoria educativa en las universidades más prestigiadas de México y de Europa: licenciatura en la Ibero, diplomado en el IPADE, maestría en el Tec de Monterrey y doctorado en la Complutense de Madrid.

¡Wow! Cualquiera podría pensar que una persona con esa educación debería de ser un profesionista altamente capacitado. Pero resulta que no fue así; si acaso, estaba medianamente preparado en lo técnico, pero es muy claro que lo estaba pésimamente en lo humano.

Parece que el sistema educativo se ha enfocado prioritariamente en la preparación técnica y profesional, pero está en gran deuda con la ética, la moral y lo humano. De nada nos sirve tener políticos muy buenos, técnicamente hablando, si carecen de una visión espiritual y humana de la realidad, así como de su responsabilidad al frente de instituciones de gran impacto en la vida de millones de personas.

Pero veamos una reseña universitaria de otros personajes señalados como corruptos por instancias sociales y legales: Humberto Moreira, Ibero e INAP; Rodrigo Medina, Universidad Regiomontana de Monterrey y Universidad de Miami; Tomás Yarrington, Tec de Monterrey y UANL; César Duarte, UVM; Andrés Granier, UNAM; Arturo Montiel, UNAM; Roberto Borge, Tec de Monterrey; Guillermo Padrés, Universidad Humanitas e ITAM; Luis Armando Reynoso, Tec de Monterrey; Pablo Salazar Mendiguchía, BUAP; Mario Villanueva, Universidad Autónoma de Chihuahua; y la lista es larga.

Esta muestra es sólo de políticos de alto nivel porque, si bajamos a lo local o nos vamos a diputaciones, senadurías y sindicatos, casi ninguna universidad o escuela del país se salvaría; y como todo político tiene socios, amigos empresarios, contadores o abogados con quienes arman la estructura de saqueo y desvío de recursos, pues… resulta que las manchas salpican a todo el sistema educativo.

Éste es un llamado a los líderes educativos del país, de instituciones públicas y privadas, para reforzar la educación con ética y con valores de nuestros líderes. Algunos podrían decir que éstos representan unos cuantos casos ante los miles de egresados de estas universidades, pero lo cierto es que con éstos tenemos suficientes para tomar acciones.

Tal vez esta metáfora ayude: ¿Estarías de acuerdo en que una empresa automotriz hiciera un re-call de todos los vehículos de cierta edición, al descubrirse que algunos resultaron con frenos defectuosos y que 10 autos ya se han accidentado en la carretera, generando varias pérdidas humanas? Claro que sí.

Muchas universidades ondean sus banderas estampadas con bonitas frases alrededor de “servicio a la comunidad”, “sentido humano”, “vivir moralmente”, pero cuando analizas sus planes de estudio y sus prácticas, estas intenciones se reflejan poco. Rodrigo Medina, por ejemplo, estudió una licenciatura llamada “Ciencias Jurídicas y Corrupción”, en la Universidad Regiomontana, lo cual resulta totalmente paradójico ante los resultados de su gestión como gobernador de Nuevo León.

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Es hora de que se haga un frente común en el sistema educativo nacional para educar realmente con ética y moral a los futuros líderes de gobiernos y de empresas por igual.

Organizaciones como la ANUIES o la FIMPES tienen que reforzar los planes y prácticas de estudios con contenido ético y moral que realmente se integren en la mente y la vida de los estudiantes.

Las mismas asociaciones de egresados, como ExATec, Ex UNAM, ExItam, ExIbero y cientos más deberían fomentar que sus comunidades de exalumnos sean vigilantes constantes de actividades ilícitas de sus miembros, para emitir recomendaciones y, en el caso extremo, sanciones, que tiendan a contribuir a detener, en etapas tempranas, casos de corrupción.

En la actualidad, toda la sociedad es responsable de los casos de corrupción extrema, porque, pudiendo hacer algo previo, “sobre todo en casa”, en las escuelas, en las universidades, en las cámaras empresariales, en las asociaciones, en los partidos… poco se hace.

 

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