Si los resultados del engranaje eléctrico-económico no cristalizan en las inversiones prometidas que ayuden a mejorar la productividad industrial, se habrá perdido la oportunidad de aprovechar la inercia que mantiene el sector energético pese a la volatilidad en el entorno internacional.

 

(Artículo elaborado con la colaboración de Gabriel España)

Ahora que han pasado los veredictos de la primera y segunda licitación de la Ronda 1, además de que empieza a tomar forma la implementación de la reforma al sector eléctrico, vale la pena hacerse las siguientes preguntas: ¿Cuál es el papel de la reforma energética en el nuevo modelo de crecimiento de México? ¿A qué otros sectores de la economía les es relevante la reforma energética? Y, ¿qué retos inherentes a la reforma ven las empresas para obtener financiamiento de inversión?

La implementación de la reforma energética nos ha dejado claro que la Secretaría de Energía, así como los órganos reguladores del sector energético, probablemente sean las ramas del gobierno más receptivas a la retroalimentación. Esta interlocución sostenida por varios meses ha sido sana para navegar la turbulencia económica internacional, lo cual ha permitido la atracción de inversión con grado de éxito mixto, pues el resultado de la primera licitación fue decepcionante, mientras que la segunda fue más satisfactoria.

Hasta el momento, el gobierno ha realizado cambios sobre la marcha a partir de recomendaciones del sector y los mercados. Los cambios —incluyendo la aclaración de las partes controvertidas de los contratos, la disminución de los requisitos de participación y el anuncio por adelantado de las expectativas del gobierno por bloque— son positivos. Esta apertura sugiere que los funcionarios están jugando las últimas cartas que les quedan a las autoridades para implementar en menos de tres años un “nuevo modelo de crecimiento para México”, el cual debería ser resultado de las reformas instrumentadas por el gobierno federal encaminadas a aumentar la competitividad.

 

¿Se logrará un nuevo modelo de crecimiento?

Uno de los objetivos prioritarios es que el país no siga dependiendo principalmente de la economía de Estados Unidos. De acuerdo con el Banco Mundial, el 33.8% del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano es generado por la industria, en que destaca el sector manufacturero. (Banco Mundial, 2010-2014)  En las últimas décadas, la competitividad industrial de México ha sido fundamentada por el bajo costo de mano de obra y salarios complementarios, los bajos aranceles para la importación de insumos industriales, además de costos fijos y variables inferiores a los de otras economías en desarrollo, lo cual ha permitido ofrecer bienes y productos en condiciones de competitividad global. Al final del día, desde los puntos de vista fiscal y logístico, esto ha generado que sea el mismo trabajador el que cubre las deficiencias competitivas del país.

Se sabe que China se ha alzado en las últimas décadas como un productor eficiente de bajo costo. Sin embargo, México empieza a tener atractivos que deberían permitir que el país se convierta en uno de los productores más eficientes a nivel global. De acuerdo con el Boston Consulting Group, el costo de la electricidad en México es 4% más bajo que en China, el gas natural es 63% más barato y los costos de mano de obra son 19% más bajos. Todos estos factores hacen que México sea actualmente un mejor destino para la manufactura que China, principalmente para los productores estadounidenses.

Ya que 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio con México, y dada la integración en la cadena productiva con proveedores mexicanos —especialmente de la industria manufacturera—, el reto es lograr que las ventajas competitivas sean de largo plazo.  Hay que tomar en cuenta que el contexto actual de la industria manufacturera global toma ventaja de las eficiencias de los diferentes ecosistemas manufactureros.

 

¿A quién más derramaría beneficios la reforma energética?

La arista de contenido local de la reforma energética puede traer oportunidades a los habitantes mexicanos. De acuerdo con la legislación, buena parte de los contratos requiere una porción obligatoria de contenido local que debe ser satisfecha por proveedores o empresas subcontratadas. El contenido local será de 13% para la fase de exploración, y de 25% para la etapa de desarrollo, e irá aumentando hasta 35% conforme pase el tiempo.  (Regoli, Polley, & Torres-Barrón, 2014)

En la práctica, el contenido local podría ser aplicado por empresas de manufactura avanzada, proveedores de la cadena de valor de la industria energética o constructoras, pero también otras empresas de mucha menor sofisticación comercial. Aquí, las empresas mexicanas tienen que asociarse con empresas extranjeras, no sólo para hacer negocio, sino idealmente para realizar transferencia tecnológica, ampliar su infraestructura y volverse expertas en procesos de la cadena de valor de la industria energética.

En este contexto, más allá de los bajos costos de mano de obra, el sector eléctrico es uno de los pilares para mantener al país competitivo y aprovechar su posición geográfica.  Este sector ha sido reformado según las recién estrenadas Bases del Mercado Eléctrico, publicadas apenas en septiembre pasado. Éstas son un cuerpo normativo integrado por disposiciones administrativas que contienen los principios de diseño y operación del mercado eléctrico mayorista.  Se espera que la implementación de estas normas brinde una visión de más largo plazo, que podría beneficiar, entre otras, a las empresas manufactureras.

El sector siderúrgico será de gran importancia para la reforma energética.  Con 2.2% del PIB nacional, pero el 6.4% del PIB industrial, las empresas acereras requieren mayor demanda interna y regional. (Esquivel, 2015)  La tendencia en los últimos años ha sido decreciente, con cientos o miles de despidos en las principales empresas del sector.  El sector siderúrgico puede aprovechar los menores costos del gas y de la energía, pero en caso de no contar con la demanda, no podrá revertir su tendencia decadente.

Dado que la industria automotriz ha duplicado su producción en la última década, también debe recibir especial atención.  Sin embargo, la balanza comercial en materia acerera está desequilibrada: en 2013, la importación de material forjado fue 250% mayor que la producción local.  Además de los costos del acero hay que poner atención en la reputación de las marcas.  Se anticipa que el escándalo de Volkswagen derive en despidos cuantiosos en sus plantas alrededor del mundo.  También el valor de la industria caerá en las próximas semanas.

Asimismo, habrá que revisar la actividad manufacturera en general, la cual disminuyó en la primera parte del año, como producto de la actividad comercial de Estados Unidos: “Se puede esperar que la producción de manufacturas en México manifieste una mayor debilidad, atenuando en el crecimiento económico del país.” (Muciño, 2015)

 

La productividad, reto de la economía

En estas semanas, las principales instituciones económicas han vuelto a bajar la expectativa de crecimiento del país.  Inclusive, los números de 2016 también se esperan menores al 3%. (Campos, 2015)  De acuerdo con el INEGI, el país crece por debajo de su potencial, puesto que la productividad cayó 7.6% entre 1990 y 2014. Por tanto, México es un país emergente con menor productividad y ritmo de crecimiento que el resto de los países emergentes. (Luna, 2015)

Se tiene que aprovechar la inercia actual para encaminar las inversiones en el sector eléctrico por el camino correcto, pues en caso de que la productividad o la demanda en la industria no aumenten el consumo de energía eléctrica en las actividades productivas, se disminuirá el apetito y la urgencia de invertir en el sector eléctrico, creando corrientes diferentes a la del desarrollo y competitividad del país.  Las próximas semanas serán decisivas para poder aprovechar esta coyuntura positiva que tiene el país, para de una vez por todas brindar todas las oportunidades de empleo y bienestar que sus habitantes merecen.

En conclusión, los mexicanos con empresas proveedoras pueden beneficiarse de la reforma energética aprovechando la regulación en materia de contenido nacional.  Más importante aún, es necesario hacer llegar al gobierno las propuestas de cambio que sean necesarias para la mejora económica, entre éstas, buscar formas de incrementar la productividad nacional.

Se debe siempre tener en mente que para tener un impacto positivo en la economía de las familias, incrementando el ingreso individual, es correcta la apuesta de mejorar la eficiencia y productividad de la industria privada en su conjunto vía la inversión en el sector energético. Todo esto, a fin de no seguir erróneamente focalizando el esfuerzo al bajo costo de la mano de obra. Por este motivo, en ningún momento se puede perder de vista que cada incentivo, cada lucha que se gana en términos de productividad nacional, repercutirá de manera positiva en el bienestar del mercado interno, el mercado de las familias mexicanas “de a pie”.

La Secretaría de Energía y los órganos reguladores energéticos han sido de los departamentos más receptivos a escuchar recomendaciones en lo que va del sexenio. Sin embargo, su tarea se verá opacada si los resultados de todo el engranaje eléctrico-económico no cristalizan en las inversiones prometidas que ayuden a mejorar la productividad industrial.  El peligro de esto es que se perderá una oportunidad importante para aprovechar la inercia que el sector energético ha logrado mantener pese a la volatilidad en el entorno internacional.


Trabajos citados
— Banco Mundial. (2010-2014). Industria, valor agregado (% del PIB). Recuperado el octubre de 2015, de Banco Mundial.
— Campos, E. (04 de octubre de 2015). Pronósticos para el 2016, a la baja. Obtenido de El Economista.
— Esquivel, E. (10 de julio de 2015). Disyuntiva del gobierno mexicano: proteger a la siderúrgica nacional o a la industria automotriz. Obtenido de SDPnoticias.
— Luna, C. (06 de julio de 2015). Productividad, necesaria para reactivar la economía: Videgaray. Obtenido de CNN Expansión.
— Muciño, F. (07 de julio de 2015). El (último) motor de la economía pierde potencia. Obtenido de Forbes México.
— Regoli, N., Polley, B., & Torres-Barrón, B. (12 de diciembre de 2014). Uncertainty lingers about local content rules as Mexico prepares for competitive bid round. Obtenido de Oil & Gas Journal.


Gabriel España obtuvo la Medalla Gabino Barreda de la UNAM en Ingeniería Civil y el MBA del IPADE. Es banquero de Inversión Global y Mercados Emergentes por la IFC del Banco Mundial. Trabaja en Washington, DC, para que México tenga mayor Impacto de Desarrollo.
Gabriel España es responsable de esta opinión, y ésta no refleja la posición oficial del Banco Mundial.

 

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