La crítica al gobierno por líderes empresariales y cívicos es una señal positiva de que México está dispuesto a pasar página. El reto es canalizar las energías de los ciudadanos en acciones positivas.

 

Por Aubrey Fox

En los últimos meses, los líderes empresariales y cívicos en México han intensificado sus críticas a lo que ven como fallas del gobierno mexicano en materia de delincuencia y seguridad, sacando anuncios de periódico a página completa para expresar su consternación.

Hay una base sólida para sus críticas: el Índice de Paz de México, un informe publicado hoy por nuestra organización, el Instituto para la Economía y la Paz, que encuentra que el impacto económico de la violencia en México fue de 3 billones de pesos o 17.3% del PIB de México en 2014.

Para poner ese número en perspectiva, se traduce en cerca de 25,000 pesos por cada ciudadano mexicano, tres veces la cantidad que el gobierno gasta en atención a la salud.

Esto lleva un impacto directo a los negocios. Según las encuestas producidas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, las empresas gastan un promedio de 4% de sus costos de operación en medidas de seguridad, como la contratación de guardias de seguridad, la aplicación de los sistemas de seguridad y la instalación de cerraduras y barras y ventanas. Casi una quinta parte de las empresas que han sido víctimas de la delincuencia han cancelado los planes para crecer o invertir. Muchos se han visto obligados a cambiar de lugar o incluso a detener sus operaciones.

Claramente, el crimen es un problema social y económico para México. La pregunta entonces es: ¿qué se puede hacer?

Un buen lugar para comenzar es mediante el reconocimiento de que desde una perspectiva global, México está preparado de forma única para mejorar en paz. Su potencial de paz, medido por la fortaleza de sus instituciones en comparación con los promedios mundiales, es mucho mayor de lo que sugieren sus niveles de paz actuales.

Y, de hecho, a pesar del toque de tambor de malas noticias, hay algunos signos alentadores que México está pasando página: el Índice de Paz de México muestra una mejora modesta en paz desde 2011, con descensos notables en el homicidio y los delitos violentos en general.

Para que México siga mejorando, ¿en qué debe centra sus energías? Control de la corrupción encabeza la lista. Nuestra investigación muestra que a nivel estatal en 2014 la corrupción es el factor que se correlaciona más fuertemente con los niveles de paz, que se define como la ausencia de violencia o miedo a la violencia. Este hallazgo ofrece una potente validación empírica de la creencia generalizada de que la corrupción es un recurso muy corrosivo en la sociedad mexicana.

La corrupción y la efectividad gubernamental en general son claramente temas prioritarios para México. Sin embargo, también hay otro factor importante en el trabajo: la voluntad de los ciudadanos mexicanos para arremangarse y participar en los esfuerzos para resolver problemas locales. Curiosamente, el Índice de Paz de México muestra que el nivel de participación de los ciudadanos y el capital social total de un Estado es casi tan fuerte predictor de la paz, como son las medidas más tradicionales de la actuación del gobierno.

Echando un vistazo más de cerca a los datos, a nivel estatal produce algunos resultados sorprendentes. Por ejemplo, lejos de haber sido golpeado por los acontecimientos trágicos como la reciente desaparición de 43 estudiantes, los ciudadanos de los dos estados con más bajo desempeño en el Índice de Paz de México (Guerrero y Morelos) indican sorprendente disposición a contribuir con su tiempo a soluciones pacíficas.

El reto para México en el futuro será aprovechar este deseo de cambio. En conversaciones con activistas de la paz locales, representantes de los grupos de trabajo y demás, hemos notado una gran hambre entre los ciudadanos mexicanos a participar en los esfuerzos de consolidación de la paz.

La buena noticia es que hay un montón de inspiración para aprovechar, ya sea en el Grupo de Trabajo de Seguridad y Justicia, una asociación voluntaria de los líderes cívicos que ha contribuido a mejorar la situación de seguridad en Ciudad Juárez, o ejemplos menos conocidos, como la iniciativa de Parques Felices en Culiacán, que da a los ciudadanos las herramientas que necesitan para mejorar los espacios públicos locales. Miles de flores de participación de los ciudadanos están floreciendo en México.

Desde esta perspectiva, la crítica vocal nivelada al gobierno mexicano por líderes empresariales y cívicos es una señal positiva de que México está dispuesto a pasar página. El reto es canalizar las energías de la ciudadanía de México en acciones positivas.

 

Aubrey Fox es director ejecutivo de la oficina de Estados Unidos del Instituto para la Economía y la Paz (Institute for Economics and Peace). Por 15 años fue miembro de la mesa directiva del Centro de Innovación para la Corte, organización dedicada a mejorar el sistema de justicia para auxiliar a las víctimas y aumentar la confianza en el sistema, reducir el crimen y fortalecer comunidades. Es coautor de Prueba y error en la reforma de justicia: Aprendiendo del fracaso. Tiene una maestría en política pública de la Universidad de California en Berkeley.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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