Aunque extraño, quienes sufren pobreza extrema son menos (con una pequeña reducción de 100,000 personas), pero hay más pobres (cuyo número aumentó en unos 2 millones).

 

Por Marcelo Delajara

Finalmente, el Coneval publicó su estimación de la evolución de la pobreza entre 2012 y 2014, periodo que corresponde a los dos primeros años de la actual administración federal. Tal como se esperaba, la estimación arrojó un resultado mixto, aunque tirando a malo. De acuerdo con el Coneval, la población total en pobreza aumentó, pero aquella que la sufre en grados más extremos se redujo. En otras palabras, hay más pobres, pero quienes sufren pobreza extrema son menos. Aunque extraño, se trata del resultado de que entre 2012 y 2014, por un lado, el ingreso de los hogares se redujera (resultado negativo), y por otro, que los hogares sufran menos carencias sociales (resultado positivo). Sin embargo, lo anterior es más malo que bueno: la reducción en la pobreza extrema fue pequeña, apenas 100,000 personas, mientras que el aumento de pobres, en total, fue de unos 2 millones.

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Ya en este espacio de opinión habíamos adelantado que esperábamos un resultado de este tipo. Sin embargo, hay sorpresas en lo que respecta a la pobreza alimentaria. En su momento dijimos que debido al bajo crecimiento del PIB per cápita con relación al crecimiento del precio relativo de los alimentos se esperaba un aumento en la pobreza alimentaria entre 2012 y 2014. Aquí la sorpresa es que Coneval ya no publicará más este indicador, y lo reemplazará por uno similar en definición y comportamiento. El nuevo indicador es la población con ingreso inferior a la línea de bienestar mínimo; esta línea no es otra que el valor de una canasta alimentaria más actualizada. El resultado, no obstante, se ajusta a nuestra previsión: la población con ingreso insuficiente para comprar la canasta alimentaria aumentó de 20.0% a 20.6% en ese periodo.

Otro resultado inesperado fue la evolución de la población con la carencia denominada “acceso a la alimentación”, que mide la inseguridad alimentaria entre los más pobres. Aquí la expectativa era que el porcentaje de la población en esta condición se redujera por efecto de los programas sociales, principalmente por la Cruzada contra el Hambre. Coneval reporta, por el contrario, que dicho porcentaje aumentó ligeramente para la población en general, con una pequeña mejoría entre los hogares más pobres. La Secretaría de Desarrollo Social comentó en los medios que la evaluación como tal de dicho programa se presentará en agosto; habrá que esperar hasta entonces para saber si la Cruzada funciona o no.

Como ya se ha insistido desde que se conocieron los datos de la ENIGH 2014 y las estimaciones del Coneval, el principal factor detrás de estos resultados es la caída en el ingreso de los hogares. En general y ante esta evidencia, la mayoría de los analistas señala como culpable al bajo crecimiento económico de los últimos dos años (el PIB per cápita habría crecido en promedio sólo 0.5% por año). Si bien un crecimiento económico sostenido y elevado es requisito necesario para disminuir significativamente la pobreza, no es una condición suficiente. Más aún, hay factores que afectan negativamente tanto la pobreza como al crecimiento económico. La desigualdad, la movilidad social baja, la falta de acceso efectivo a la salud, a la educación y a la seguridad social, así como la informalidad en los mercados laborales, son algunos de ellos. Hasta ahora, las políticas de desarrollo social, fiscal y laboral han hecho muy poco, cada una por separado y menos en forma coordinada, para eliminar de raíz estos problemas.

Por último, ante estos resultados y la perspectiva de que la pobreza se vuelva un problema muy persistente, se corre el riesgo de que surja la tentación de limitar la labor del Coneval. Actualmente en el Senado de la República hay un proyecto de decreto, ya aprobado en la Cámara de Diputados, que expide la ley reglamentaria del Coneval. El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) presentó hace unos días su posicionamiento respecto a dicho proyecto, y alertó de manera muy enfática que éste dista de estar a la altura del espíritu de la reforma constitucional de 2014, que exige que el Coneval se transforme en un organismo constitucional autónomo. La Comisión de Desarrollo Social de la Cámara de Senadores tiene ahora la oportunidad de salvaguardar la autonomía y la solidez técnica del organismo para las futuras generaciones, y el documento de posicionamiento del CEEY aporta algunas buenas ideas que se discuten en la sociedad civil sobre cómo lograrlo. Ojalá lo aprovechen.

 

Marcelo Delajara (@MarceloDelajara) se doctoró en Economía en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, 1999). Fue profesor, investigador y consultor en diversas instituciones (UDLA-P, CIDE, BID, PNUD, Banco Mundial y Banco de México, entre otras). Actualmente es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Las opiniones de Marcelo Delajara son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

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