Por Pressia Arifín-Cabo*

A seis meses de los terremotos de septiembre de 2017, la respuesta humanitaria de emergencia ha dado paso al proceso de reconstrucción. Estamos frente a una oportunidad para responder a las necesidades especiales de la niñez y demostrar nuestra visión como país por el desarrollo y bienestar de niñas, niños y adolescentes, una visión necesariamente intersectorial en la que el sector privado tiene un rol fundamental.

El proceso de reconstrucción puede tomar tiempo, pues la reparación de la infraestructura dañada por los terremotos está sujeta a decisiones presupuestarias y procesos administrativos; sin embargo, la niñez no puede esperar.  Como sociedad no podemos esperar para que niños, niñas y adolescentes regresen a su escuela, puedan continuar con su desarrollo, vivan protegidos y cuenten con cuidados para su salud.  También debemos actuar ahora para estar mejor preparados y prevenidos ante una emergencia futura.

México debe considerar a la niñez como tema prioritario en la reconstrucción porque no atender las necesidades especiales de niños, niñas y adolescentes los hacen más vulnerables a explotación, abuso, violencia, marginación y enfermedades. En edades más tempranas les es difícil comunicarse o adaptarse a circunstancias diferentes y son menos resistentes a problemas de salud que pueden poner en riesgo sus vidas.  Además, niños y adolescentes pueden tener secuelas emocionales que, de no ser atendidas a tiempo, podrían acarrear consecuencias durante el resto de sus vidas. Lo anterior puede representar un mayor costo social a futuro, ya que responder a las consecuencias significa un gasto mayor que prevenir las causas.

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También tenemos que pensar cómo los efectos de la emergencia sobre la educación pueden tener un impacto en el desarrollo social del país a mediano plazo, porque la evidencia nos muestra que los adolescentes que dejan de estudiar por seis meses probablemente nunca retomen sus estudios, lo que significa menor capacidad para el mercado laboral, perpetuar el ciclo de la pobreza, una alta probabilidad de embarazo adolescente y estar más expuestos a la delincuencia y crimen organizado.

El proceso de reconstrucción tiene el potencial de ser una coyuntura para mejorar las condiciones de vida de la niñez y la adolescencia.  No podemos olvidar que, aún antes de los terremotos, muchos de estos niños ya vivían en condiciones vulnerables. Es por eso que la reconstrucción debe enfocarse más allá de las necesidades urgentes y tener una visión de desarrollo a largo plazo.  Ésta es una oportunidad para establecer las bases para ayudar a que niños y adolescentes alcancen su máximo potencial para que puedan fortalecer sus comunidades, ahora y en generaciones futuras.

También es una oportunidad para lograr que este proceso sea incluyente y logre empoderar y fortalecer la resiliencia de niños, niñas y adolescentes, además su participación puede resultar en ideas sencillas, pero de alto impacto para la seguridad.  Por ejemplo, en el trabajo de UNICEF en las zonas afectadas reconocimos el importante aporte de los niños con sugerencias como: poner picaportes más bajos que ellos puedan alcanzar o adecuar ventanas como rutas de escape en caso de emergencia.

Durante la reconstrucción, la participación de las empresas va más allá del apoyo económico a tareas de reparación; el sector empresarial juega un papel estratégico en cuanto a visibilizar y fortalecer los programas a favor de la niñez.  La fortaleza de su voz como sector es una plataforma única para la abogacía por la infancia y la adolescencia, por ejemplo, a través de canales propios que alcanzan a clientes, empleados y proveedores.

Durante la respuesta inmediata a los terremotos, la acción de las empresas fue fundamental. Con su apoyo, UNICEF pudo instalar 38 Espacios Amigables de la Infancia en cinco estados afectados (Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Oaxaca y Puebla) donde más de 2,000 niños y niñas podían estar seguros y recibir ayuda de personas capacitadas en materia de apoyo psicosocial. UNICEF también montó 514 Espacios Temporales de Aprendizaje para asegurar un pronto regreso a la educación de más de 20,500 niños y niñas, además entregó 810 paquetes Escuela en una Caja, con material para maestros y útiles escolares para apoyar el aprendizaje de más de 32,400 estudiantes, y ayudó a proteger la salud de niños y niñas con acceso a agua potable, baños secos y estaciones de lavado de manos.

Las empresas valoran la eficiencia de las acciones y los procesos; el mismo valor debemos aplicar a la situación de la niñez antes, durante y después de una emergencia. No podemos esperar más; la niñez debe ser un tema prioritario durante la reconstrucción, pues sólo así podremos tener una base sólida para el mejor desarrollo de niños, niñas y adolescentes.

*Representante Adjunta de UNICEF México con experiencia internacional en coordinar ayuda humanitaria y procesos en reducción de riesgos de desastres con enfoque a la infancia.

 

 

Contacto:

Página web: unicef.org.mx

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