Por Humberto Juárez. Rocha*

Hace apenas unos días los televisores en bares y restaurantes de Boston sintonizaban los aguerridos juegos de la Serie Mundial, en la que los Cachorros de Chicago y los Indios de Cleveland pelearon hasta el final por el gallardete. Ahora, los mimos aparatos transmitían una gran final, la lucha por la Casa Blanca. En una semana, dos finales de fotografía.

En el edificio Sever en la Universidad de Harvard tiene aulas donde los estudiantes hablan de varios temas, desde conceptos económicos hasta clases de idiomas como el swahili. Un grupo de estudiantes latinos organizó un evento para seguir las incidencias de las elecciones presidenciales, sin duda, las más controvertidas y competidas en la historia de Estados Unidos.

“Espero poder ver a la primera presidenta de Estados Unidos”, comenta Yesenia Jiménez, quien nació en Alabama, pero de familia oriunda de Guanajuato. Está nerviosa y no lo puede evitar. No encuentra una posición cómoda. Mientras está sentada, columpia el pie y anuda los dedos de sus manos. Se le nota tensa. Reconoce que aunque gane Clinton, hay mucha gente que apoya a Donald Trump. “Estos seguidores no se van a esfumar aún con una victoria de Clinton, van a seguir siendo un sector de la sociedad estadounidense”, reconoce.

Para resistir la larga jornada electoral, algunos de los estudiantes convocados llegan cargando cajas de pizza, pero lo que atrae la atención con las jarras llenas de agua de horchata. Se escucha el español y el inglés en esta aula del primer piso, convertida en centro de observación electoral. Hay risas y conversación, convivencia animada entre casi todos ellos, aunque algunos prefieren permanecer aislados, como asimilando cada uno de los resultados que se transmiten por la televisión. Clinton arriba, Trump abajo, Clinton abajo, Trump arriba, como si ambos aspirantes a la presidencia estuvieran montados en un carrito de feria sobre una vertiginosa montaña rusa.

“Voté la semana pasada, pero igual estoy bien nervioso”, cuenta Arturo Nava, un estudiante ya graduado desde el 2015. Arturo sueña con un futuro en el sector público y mucho de ello depende ahora de los resultados electorales. “Esta elección me ha mostrado que no puedo dudar de mí mismo, me ha motivado para considerar un carrera en el servicio público y quizá ser candidato un día”. Tras su comentario, suelta una risa sonora.

Aunque la mayoría de los estudiantes aquí son de descendencia mexicana, también los hay otros de otras naciones latinoamericanas.

Rebecca Stout, una estudiante en su segundo año en la universidad, vino porque es buena amiga con muchos estudiantes en asociaciones latinas. Se le nota muy nerviosa, pero cree en una victoria para los demócratas. “Si Clinton gana, representa que el país no va a hacer un tropiezo hacia el pasado”.

Rubén Reyes, de ascendencia salvadoreña, pero criado en San Antonio, estudia historia y literatura en Harvard. Es un miembro activo de la Asociación de los Demócratas de Harvard. “Siempre he estado con Clinton”, afirma, “tiene fallas, obvio, pero en cuanto a experiencia, nadie le gana.”

Cuando sale la noticia a las 8:41 pm en CNN que Florida, uno de los estados más importantes, puede ser de los demócratas o los republicanos, la tensión en el salón aumenta. Los estudiantes se ven pensativos pero el silencio delata el nerviosismo.

Hay un originario del pequeño pueblo de Manuel Villalongín, Michoacán. Es Fernando Moreno. Creció en Los Ángeles y recuerda la historia de su familia. Su abuelo vino durante el programa bracero y su padre obtuvo la ciudadanía bajo la amnistía de Ronald Reagan. “Le dieron una identificación uno de los dos días que fue a la preparatoria y con eso fue suficiente para obtener su ciudadanía”, recuerda.

Fernando, aunque ya es ciudadano estadounidense, siente temor por sus compañeros que no gozan la misma situación. “Hay gente en Harvard que no entiende la vida de otros alumnos, particularmente de los latinos. Hay mucho en juego para ellos hoy y esta elección los va afectar de manera muy directa, especialmente después de los comentarios de Trump”.

La noche de ayer, la del 8 de noviembre también estuvo llena de emoción, de zozobra, de tensión. Ahora no estaba en juego el título de la Serie Mundial, el que obtuvo con garra el equipo de Chicago, tras siete juegos. Ahora lo que se jugó fue el futuro del país, de la potencia mundial.

*Humberto Juárez Rocha, es Editor de Harvard Political Review

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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