El racionamiento de energía eléctrica está moviendo a los países de Centroamérica hacia la eficiencia energética. El reto, aterrizar sus ambiciosos proyectos de generación, aprovechar al máximo sus recursos y mantenerse en el camino de las energías renovables.

 

Por Felipe López R.

 

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En la actualidad, el mercado de generación y suministro de energía juega un papel importante en el avance económico de Centroamérica. Hoy más que nunca, las estrategias y los esfuerzos deben formar parte de un proceso de integración regional.

No obstante aún se requieren estrategias viables por parte del sector público de cada país, así como una participación de mayor impacto por parte de la iniciativa privada, además de un esquema que cree las facilidades para que el uso de energías sustentables se incremente, lo que daría como resultado una menor dependencia de los combustibles fósiles.

El suministro de energía eléctrica en Centroamérica sufre afectaciones que provocan los conocidos apagones o racionamiento de energía, los cuales han llegado a causar afectaciones importantes en la cadena productiva del café, en el caso de Honduras.

En el caso de Costa Rica, el aumento en las tarifas ha generado el descontento del sector industrial. En Panamá, debido a los bajos caudales de lluvia durante los primeros cinco meses del año, el gobierno tuvo que adquirir 19 veces más energía que toda la que pagó durante 2012. Asimismo, el Estado ya proyecta la compra de 200 megavatios (MW) al exterior para 2015.

Por otra parte, en Guatemala los grupos denominados “antiproyectos”, que se oponen a la operación de plantas de energía en distintos puntos del país, en fecha reciente paralizaron 12 proyectos en las regiones de Huehuetenango, Alta Verapaz y Zacapa, los cuales tienen una capacidad de generación total de energía de 355 megavatios.

Éstos son tan sólo algunos de los muchos casos que ejemplifican una de las aristas de la situación que prevalece en la región, además de la dependencia de los combustibles fósiles (hidrocarburos y carbón), que siguen cubriendo por lo menos un tercio de la demanda de la energía y la producción hidroeléctrica, que representa 40% de la capacidad instalada.

Por otro lado están las energías renovables, como la eólica, solar, biomasa (los desechos de la caña y el biogás) y biocombustibles (etanol y el biodiesel), fuentes que están limitadas para su explotación debido a restricciones legales, ambientales y cambios en la disponibilidad de los recursos.

 

En busca del potencial

En Centroamérica la inclusión energética no termina de concretarse. Existen esfuerzos encaminados a cambiar sus matrices para impulsar la región, como ha sucedido con los programas de colaboración entre la industria privada y el gobierno, o bien distintas iniciativas entre naciones, como en el caso de El Salvador, en donde el Consejo Nacional de Energía (CNE), junto con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), crearon un programa para los próximos 15 años, a fin de desarrollar tecnologías que utilizan recursos renovables.

El documento detalla el potencial para implementar diferentes tecnologías de generación renovable (eólica, biomasa, fotovoltaica y otras), además de análisis de factibilidad financiera y recomendaciones técnicas; sin embargo, los esfuerzos parecen no tener un fin común.

Con todo ello, los beneficios derivados de un buen aprovechamiento del sector energético, como son la ampliación de los mercados, optimización y complementariedad en el uso de los recursos naturales, las economías a escala, la explotación de recursos compartidos y el mejoramiento de los niveles de seguridad de abastecimiento son altamente redituables.

Para que los procesos de integración funcionen, deben producir beneficios económicos identificables y equitativos para todos los participantes, que compensen costos o pérdidas que asuman tanto los Estados como los participantes privados.

En este contexto, la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA) fue creada para divulgar experiencias y buenas prácticas, como el programa Energías Renovables y Eficiencia Energética en Centroamérica, el cual se estableció por encargo del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), cuya implementación, será de 2014 a 2016, proyecto que corre a cargo de la Agencia alemana para la cooperación internacional (GIZ).

Otro esfuerzo relevante es la iniciativa Acelerando las Inversiones en Energía Renovable en Centroamérica y Panamá (areca), que brinda apoyos financieros a pequeños proyectos de energía renovable (< 10 MW).  Este proyecto lo desarrolla el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el cual tiene en su estrategia de operación la priorización del área estratégica de Energía y Medio Ambiente.

La parte del financiamiento depende del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), con aportes del Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia, y es supervisada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un organismo que centra sus esfuerzos en alcanzar los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, en el tema de Energía y Medio Ambiente.

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Contexto actual

Aun cuando los apagones continúan y la demanda energética pareciera superar a la oferta existente, la producción de electricidad en los seis países centroamericanos ascendió a 45.735 GWH, 3.3% más a la registrada en 2012, según datos del informe Centroamérica: estadísticas de producción del subsector eléctrico 2013, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La energía eléctrica inyectada a las redes de alta y media tensión del servicio público fue producida en 63.7% por fuentes renovables, considerando que 47.4% de ésta provino de la generación hidráulica, 8.3% por geotermia, 5% del bagazo de caña y en menor medida de otros productos de origen vegetal (como la palma y la jatropha), mientras que el 3% fue del viento. No obstante, los combustibles fósiles todavía conservan una participación significativa, con un 36.3% de la generación de energía eléctrica de la región.

Por otra parte, llama la atención que aun con el crecimiento en la capacidad instalada en centrales, tanto para las energías renovables como de combustibles fósiles, no hubo variación en las cifras de generación; inclusive, la producción de energías renovables decreció 1%, resultado de menores aportes hidrológicos, fenómeno que afectó principalmente a Costa Rica, Panamá, El Salvador y Honduras.

En este sentido, el reporte indica que la capacidad instalada a diciembre de 2013 totalizó en 12.798 MW, cifra que representa un incremento de 3.3% con respecto al mismo periodo del año anterior. Esto constituye un incremento neto de la capacidad instalada de alrededor de 404 MW, correspondiendo las principales adiciones a generación termoeléctrica de ACP (116 MW) y las hidroeléctricas Las Perlas (20 MW) en Panamá; cogeneración en ingenios (121 MW) y varias pequeñas hidroeléctricas (11 MW) en Guatemala; Termopuerto (71 MW) en El Salvador; las hidroeléctricas Pantasma (14 MW) en Nicaragua, Chamelecón (11 MW) en Honduras y Cubujuqui (22.4 MW) en Costa Rica.

 

Evaluar para decidir

Centroamérica se distingue como un líder global en generar energía a partir de fuentes renovables; como se mencionó, cerca del 64% de la electricidad en la región proviene de fuentes renovables. No obstante, la situación está cambiando con rapidez y la producción de combustibles fósiles ha ido en aumento desde finales de la década de 1990; inclusive, existe un aumento en las importaciones de recursos provenientes del gas y el petróleo.

En este contexto vale resaltar que la energía hidroeléctrica es la fuente de electricidad más grande del mundo y representa cerca de una quinta parte de la generación total mundial, con un estimado de 3,400 teravatios-hora (TWH). Sin embargo, en Centroamérica este sistema de generación de energía está perdiendo su dominio en la mezcla conforme la región hace la transición a otros recursos renovables, así como a los combustibles fósiles.

En la región hasta 2012 había una capacidad instalada menor a los 5,000 megavatios de energía hidroeléctrica, lo que representa 42% de la capacidad instalada de electricidad.

La región genera una cifra estimada en 20,000 gigavatios-hora de energía hidroeléctrica al año, lo que representa menos de 49% de la generación total de electricidad.

De los 660 megavatios de nueva capacidad de generación en la región, el 63% provino de tres grandes plantas generadoras de energía hidroeléctrica: las plantas de Changuinola y Bajo de Minas en Panamá (222 megavatios y 57 megavatios, respectivamente) y la planta de Pirrís en Costa Rica (140 megavatios), principalmente. El resto lo generaron algunas pequeñas plantas de los demás países de la región.

El istmo tiene un potencial estimado de energía de 22,000 megavatios, lo que significa que quedan por explotar unos 17,000 megavatios.

Pero también hay buenas noticias, en términos de capacidad instalada, las fuentes renovables de energía han crecido con más rapidez que los combustibles fósiles en la mezcla de electricidad de la región en los últimos tres años.

 

Medidas para el progreso

En los países centroamericanos donde existen políticas de apoyo para energía renovable, los prolongados y complejos procesos administrativos terminan con los proyectos o bien hacen que su puesta en marcha se aplace por muchos años. Muestra de ello, son las declaraciones de la empresa nicaragüense Eolo, en las que señala que Nicaragua es un país ideal no sólo para generar energía eólica para satisfacer la demanda nacional, que va de 500 megavatios durante el día a 300 megavatios por las noche; pero para ello es necesario un marco jurídico regional que permita hacer contratos a largo plazo no sólo entre países, sino también entre plantas generadoras ubicadas en otro país para vender energía.

Los procesos de concesión de permisos son complicados y poco transparentes; además, las nuevas instalaciones de energía renovable consumen mucho tiempo y son costosas, lo que da como resultado que los inversionistas y desarrolladores de proyectos terminen por migrar a otras regiones.

Es por ello que la simplificación de los procedimientos burocráticos para reducir las etapas a una “ventanilla única” sería una herramienta útil para hacer que la aprobación de los proyectos lleve menos tiempo y sea menos costosa.

En el caso de Costa Rica, por ejemplo, la meta es suministrar 100% de su electricidad a partir de fuentes renovables para el año 2021, y la de Nicaragua de un 94% de generación renovable para 2017, lo que pone a estos países como los principales líderes de desarrollo sostenible.

Sin embargo, los marcos legales y financieros existentes todavía no son los adecuados para lograr estas metas. El desafío para la región está en evitar quedarse estancada en propuestas y buenos propósitos y continuar su dependencia por los combustibles fósiles, que son costosos desde la perspectiva económica, social y ambiental.

Para ello, se necesitan hojas de ruta de energía detalladas para evaluar los desafíos técnicos, socioeconómicos, financieros y políticos que enfrenta cada país y, con ello, identificar las mejores prácticas que promuevan el desarrollo de energías sostenibles para acelerar la transición hacia la generación de energías más eficientes en Centroamérica.

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