Saerbeck, Alemania.– México no es el único país que se ha visto en la necesidad de aplicar cambios en el sector energético, sea para el objetivo que sea. La diferencia está en cómo se hacen estas modificaciones y cuáles son los instrumentos que usa para realizarlas.

Las ideas centrales, se supone, sin importar el país que sea, son descentralizar la producción, aumentar la capacidad de almacenamiento, transitar hacia energías renovables y reducir las emisiones contaminantes.

Uno de los países más adelantados y pioneros en la aplicación de una transición de su mercado energético es Alemania, que desde 2010 empezó con su concepto Energiewende, que se ha convertido en una referencia mundial sobre cómo será la energía del futuro.

Los objetivos de esta propuesta son básicamente una reducción de 40% de las emisiones de CO2 en el 2020 y de entre 80 y 95% en el 2050.

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La producción de electricidad es una de las que genera un mayor volumen de gases de efecto invernadero (GEI). Es por eso que la iniciativa no sólo contempla la sustitución paulatina del uso de combustibles fósiles por energías verdes, sino también una reducción del consumo de electricidad hasta de 25% para el año 2050.

Uno de los pilares de esta transición es la generación de energía eólica, ésa que en México ha dado grandes dolores de cabeza, principalmente en Oaxaca, por la manera en la que comunidades indígenas han sido desplazadas para poder consolidar estos proyectos.

 

Proyectos operados por productores

En materia de energía eólica, Alemania da una lección a México, pues en algunos casos ni siquiera ha sido necesario que entren las grandes empresas a desalojar comunidades o a querer comprar la tierra a precios que no compensan el desplazamiento y el abandono de las costumbres ancestrales.

Un ejemplo es la población de Saerbeck, en la que a través de cooperativas, en algunos casos, la población se organizó con autoridades e inversionistas para hacer la transición hacia energías renovables y para el año 2030 esta comunidad de 7,200 habitantes tiene contemplado hacer el cambio completo hacia energías más limpias.

Parte importante de este cambio es el llamado Parque Bioenergético, en el que combina la energía eólica, la fotovoltaica y la producción de biomasa. Este proyecto, que arrancó en 2013, no sólo es resultado de una consulta pública entre autoridades, empresas y habitantes, sino que también utiliza antiguos almacenes del ejército donde se colocaron paneles solares que ahora alimentan de electricidad a la población, así como tierras agrícolas donde los proyectos son operados por los productores.

Este parque es también un ejemplo de cómo se pueden “reciclar” edificios, ya que se ubica en un terreno de 90 hectáreas que anteriormente era usado como un almacén del ejército, que por su construcción –con techos de los llamados de dos aguas– permitió que en lugar de demolerlos se mantuvieran con un atractivo turístico y un soporte para paneles solares.

Además de imponentes turbinas de 199.5 metros de alto y una interminable fila de paneles solares, en este lugar operan una planta que genera electricidad a través de biomasa y otra con biodesechos, cada una con capacidad de producción de 1 megavatio.

La experiencia de Saerbeck deja dos grandes lecciones para México:

  1. La producción energética no solamente puede estar en manos de las grandes empresas.
  2. Para transitar hacia energías renovables no es necesario un pleito judicial con las comunidades afectadas. La clave está en no dañar a las poblaciones, es decir, en lugar de tratar de aprovecharse de sus pobladores, integrarlos como una parte importante de la transición.

No digo que todo sea color de rosa en la transición energética alemana; también se han registrado casos de desalojos de poblaciones enteras, pero previo a ello se respeta el derecho a la consulta, la gente confía en los resultados y cuando existen controversias se recurre a los mecanismos que definen la compensación adecuada que deberán recibir los afectados.

Ahora que el combate a la corrupción está de moda, garantizar que la reforma energética sea “limpia” es una oportunidad más para el gobierno mexicano, pues cuando las cosas dejan de hacerse bajo la mesa se dejan de inventar consultas públicas o de alterar sus resultados, y seguramente habrá menos gente protestando en la calle y más ciudadanos en sus hogares recibiendo los beneficios.

 

Contacto:

Twitter: @julianafregoso

 

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