La joven actriz nos habla sobre Nosotros los nobles,  su nueva película, el esfuerzo y lo infravalorado del género de la comedia.

 

Pocas películas en México se convierten en taquillazos, Nosotros los nobles (2013) es una de ellas. La ópera prima del director Gaz Alazraki recaudó en su fin de semana de estreno 25 millones de pesos, convirtiéndose en el quinto mejor estreno de una cinta mexicana, sólo por debajo de El crimen del padre Amaro (2002), Don Gato y su pandilla (2012), Una película de huevos (2006) y Otra película de huevos y un pollo (2009). En total, desde su fecha de pre-estreno, ha juntado más de 50 millones de pesos y ha sido vista por más de un millón de espectadores.

El largometraje es una comedia sin más pretensiones que hacer pasar al público un buen rato. Cuenta la historia de Germán Noble (Gonzalo Vega) un apesadumbrado padre de familia preocupado por el futuro de sus hijos. Han pasado algunos años desde que quedó viudo y no encuentra la manera de corregir el comportamiento de sus chiquillos: un trío de niños ricos buenos para nada.

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Mediante una treta intentará que Javi (Luis Gerardo Méndez), Bárbara (Karla Souza) y Cha (Juan Pablo Gil) tomen conciencia de la importancia de trabajar y el valor del dinero. Hará cualquier cosa con tal de salvar a sus chamacos, incluso hacerse pasar por pobre.

Karla Souza, actriz encargada de darle vida a Barbie, pasó varios años en la Central School of Speech Drama de Londres y ha dedicado la mayor parte de su incipiente carrera al cine. Tuvimos oportunidad de platicar con ella sobre las razones para trabajar en comedias, sus proyectos a futuro, el debut como director de Gaz Alazraki y algunos temas más. Chequen la entrevista a continuación:

 

Rafael Paz (RP): ¿Cómo describirías Nosotros los nobles?

Karla Souza (KS): Es ligera, es divertida. Ahora que tuvimos la premier fue impresionante ver las carcajadas de la gente en el Teatro Metropolitan. No es pretenciosa, no es una película independiente. No, te estamos vendiendo una comedia. Si vas al súper y pides un pan, te van a dar un pan, no te van a dar un pastel. Eso es la película: una comedia porque te vas a venir a reír. Los que estén buscando una comedia y algo más, pues no. Es como cuando vas a ver cine independiente, sabes que la primera toma va a durar 20 minutos, no va a tener la estructura y no te va a entretener como otras películas.

 

RP: ¿A la industria mexicana le falta equilibrio entre cine comercial y cine de arte?

KS: Creo que pueden ser muchos factores. Antes en la Época de Oro era al revés: eran películas que hablaban de amor y del glamour, luego salió Amores Perros, Somos lo que hay, Después de Lucía, Daniel y Ana, las películas festivaleras. Yo siento que es el prestigio que da un festival. Sí, es arte, es prestigio, es increíble. A veces, ves películas y te dan ganas de llorar por lo hermoso, por la brillante historia que estás viendo, siento que tienen el mismo mérito esas personas que hacen que alguien pueda entrar al cine a reírse, divertirse, olvidarse de sus problemas a pasársela bien con sus hijos.

Estamos en un mundo en que el amarillismo, las drogas, el sexo y el narco pueden llamar más la atención que un mundo más rosa, donde vamos a pasárnosla bien. La moral está decayendo y si cae, eso se ve automáticamente reflejado en el cine. Antes un beso en la pantalla era un quico, lo que hoy día tienen que hacer las actrices para causar impacto es casi pornografía. Es pornografía, en mi opinión. Si es lo que quieres hacer vas, pero dilo, para mí eso no es actuación.

Creo que es un balance. Si hubiera un festival de comedias, creo que se harían más. La comedia no pasa en festivales, no hay felicitaciones al señor director.

Cuando se pasa una película más dark, “tú has de conocer, de saber, haber vivido.” Es la necesidad de que la gente apruebe tus demonios interiores cuando haces algo, cuando hacen una comedia es no validarse como artistas.

Hoy día, los artistas necesitan validarse como intelectuales y por eso están saliendo puras películas de festivales. Y yo estoy igual, añorando hacer una película así. Ya hice una festivalera, El efecto tequila, fui a cinco festivales pero no fue lo que yo esperaba. Estaba muy verde. El día de mañana llegará esa película que quiero hacer sin tener que hacer pornografía.

Es lo que cada artista añora. Los que están en las novelas quieren hacer cine. Los que están en el cine quieren hacer cosas divertidas. Los que ya están en las cosas divertidas quieren hacer arte. Los que están en el arte quieren cobrar como los que hacen novelas. Todo mundo quiere lo que no tiene.

 

RP: Llevas tres comedias en fila —Suave Patria, Me late chocolate, Nosotros los nobles—, como actriz ¿prefieres hacer más comedias que dramas?

KS: No. Fue porque estaba en un momento de aceptar lo que llegara. No me llaman para hacer 5 de Mayo, para Colosio, para ser el Cochiloco. Me llaman para ser la niña bien que te haga reir, que se vea bonita. Ese es el reto que tengo es demostrarles mi otro lado, pero hay que ser inteligentes. Si te ofrecen algo, te hago a la niña bonita que quieres. Ahora que puedo tener un poco más de posición de escoger lo que hago, pasa lo que te decía: la película blockbuster, mucho dinero, producción enorme, es la niña bien, ya es lo mismo. Es muy repetitivo.

Los personajes que he hecho tienen carnita. El de Suave Patria no tanto, fue mi culpa, el personaje lo tenía pero yo estaba verde. Ahora me gusta la carnita de los personajes, me está costando trabajo decirle que no al billete. No me chuté ocho años estudiando actuación en Londres para llegar a hacer puras que nada más quieren vestidas y calladitas.

Ya establecí cómo me ven. Ahora quiero hacer lo que hice en, por ejemplo, El Jesuita de Alfonso Pineda, que tiene a Tim Roth, Brian Cox, Tommy Flanagan, Chema Yazpik. Peleaba por un casting y no me lo querían dar.

Hay un personaje de una texana, adicta a la piedra, con un esposo como Tommy Flanagan, que es dueña de un putero. En el casting no me quedé, dijeron “Karla no porque es bonita”. Yo conseguí la escena del casting, llamé a mis amigos maquillistas y me caracterice que te daba miedo. Me encanta hacer el ridículo, eso es lo que más me llama la atención en un personaje. No soy actriz para verme bonita, hubiera sido modelo. Cuando recibieron mi casting me dieron el papel.

Es mi chamba, si no me ven como eso, denme chance. Uno ruega que los directores se salgan de lo común. Soñamos con que un director llegue, como pasa en Estados Unidos, que lleguen y te digan ahora vas a hacer esto, como Natalie Portman en el Cisne Negro de Darren Aronofsky.

Es mi labor como actriz romper con eso. Me encanta ensuciarme. Será un reto más, ahora tengo la posición de negarne a los proyectos que no me brindan ningún reto actoral.

 

RP:  ¿Cómo fue trabajar con Gaz Alazraki en su opera prima?

KS: Ni una vez sentí que fuera su ópera prima. Dijo “yo soy novato, pero quiero que todos los que me rodean sean picudísimos en el cine”. Tú entrabas al set y veías a todos trabajando. Si cometió un error yo nunca lo noté porque se supo rodear de la gente adecuada.

Gaz te permitía ir a ver el monitor, directores que se creen los mejores del mundo te dicen no porque creen que los actores son muy vanidosos. Gaz no, él permitía que Luis Gerardo y yo llegáramos y le dijéramos “esta escena está mal”. Tenía la autoridad y la seguridad de saber qué quería, también la humildad de decir, creemos colectivamente. Ésa es la magia del cine, que todos pueden aportar. Es un equipo y no pasa eso muchas veces.

 

RP: ¿Te identificaste con tu personaje, Bárbara?

KS: Sí, no en el sentido de tener una mala relación con su papá, yo siempre tuve una muy buena con el mío. Me identifiqué en que mi papá me hacía trabajar por mis cosas, sin embargo fui a las mejores escuelas, fui a buenos viajes, tuve la mejor infancia del mundo, no sabía cuánto costaban las cosas hasta que empecé a trabajar.

Creo que le pasa a cualquier adolescente entrando a la madurez. El golpe, no sabemos lo que cuestan las cosas. Le pasa a cualquiera. Cuando estábamos haciendo la película un electricista dijo “mis hijos son iguales, yo trabajo todo el día y se andan ahí.” En todas las clases de México pasa que los hijos son unos ingratos, no saben lo que vale el dinero. Pasa en las familias ricas y pobres.

 

RP: ¿Crees que la vida acomodada de Bárbara la vuelve insensible?

KS: Creo que a primera vista es el dinero. Nunca tienen alguien que les diga no, no tienen que pelear por nada. No tienen una motivación de vida. Su motivación es nada. Cuando le pasa eso a un niño tiene carencias de afecto muy fuertes, crisis de identidad, sienten que nunca van a tener la aceptación de los papás o de la sociedad, que sólo valen por su dinero. Tienen esos traumas, por eso te embarran tanto que tienen dinero. Porque no tienen nada más que enseñar. Si yo tuviera algo más increíble que enseñarte diría: no tengo dinero pero conóceme a mí.

 

Contacto:
@pazespa
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