Durante los primeros meses de su administración, Enrique Peña Nieto aseguró que la economía mexicana crecería a un ritmo de entre 5 y 6% toda vez que las aprobaciones de reformas estructurales darían el impulso necesario al desarrollo del país.

Pero cinco años más, esta previsión optimista se diluye, e incluso se considera al sexenio de Peña Nieto como un periodo perdido para economía mexicana.

“El crecimiento aún con un PIB revisado en su base -lo cual ha generado un sesgo al alza comparado con otros sexenios- no va a ser mayor a 2%. Quiere decir que seguimos con crecimiento de productividad cero en el país. Se supone que las reformas se hicieron para desatar un boom de productividad que pudiera cambiar la tasa permanente de crecimiento en el país y no se logró”, apuntó Raúl Feliz, maestro en economía del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

De acuerdo con el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo 2013-2018 (Pronafide) entregado por el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso,  las reformas estructurales incrementarían “el crecimiento potencial de la economía mexicana de cerca de 3.5% en su nivel inercial a 5.3% hacia el 2018”.

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Pero las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto para 2018 fueron ubicadas entre 2.0 y 2.6%, de acuerdo con el último informe trimestral del Banco de México (Banxico) en tanto que para 2019 el pronóstico de crecimiento es de entre 1.8 y 2.8%.

Los últimos meses de la administración de Peña Nieto se perfilan para romper con la tendencia de sus antecesores, en la que el último año el crecimiento económico se calculaba por encima del 4%.

En 2010, durante el sexenio de Felipe Calderón, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) alcanzo 5%; en tanto que el mejor año en la administración de Vicente Fox fue el 2006, cuando se registró crecimiento económico de 5%; y con Ernesto Zedillo en el año 2000 el PIB alcanzó 5.30%.

Aunque durante los primeros cinco meses de 2018 la inflación general mostró una disminución, en junio se materializaron algunos de los riesgos al alza lo que condujo aumentos importantes en la inflación no subyacente por lo que, en su más reciente medición, la inflación se registró en niveles de 4.81%, alejado del objetivo meta de 3.0% previsto por el Banxico.

La poca eficiencia en el uso de los mecanismos fiscales, en el que se procuró el crecimiento del gasto corriente y no el de la inversión; y el poco impulso a la inversión privada como producto de las reformas estructurales fueron los factores principales que evitar el crecimiento económico del país, en opinión de Feliz.

“Reformas como la energética a la larga van a ayudar a la economía mexicana, en el corto plazo no fueron capaces de contrarrestar el choque negativo que recibe el sector, otras reformas como las del sector financieros podemos acreditar que tuvieron efectos positivos pero marginales y la reforma en telecomunicaciones tuvieron efectos sobre el bienestar de la población, porque disminuyeron los costos, hubo aumento en la calidad de servicios, pero no se reflejó en un boom de inversiones y esa es la realidad”, apuntó el especialista.

Para apuntalar el crecimiento económico del país es necesario que la próxima administración debe poner énfasis en cambiar la asignación de recursos y enfocarla en más inversión pública con el objetivo de crecer en productividad, dijo Feliz.

 

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