Por Ana Peñalosa*

Según la ONU, en Latinoamérica son asesinadas más de nueve mujeres al día víctimas de la violencia machista. Además, fuera de un contexto de guerra, la región es la zona más peligrosa del mundo para ellas. Desde la ciudadanía han surgido varios movimientos de lucha contra la violencia como es el caso de Ni Una Menos, en Argentina, y la Primavera Violeta, en México, los cuales han comenzado a generar eco en la sociedad sobre esta problemática.

Sin embargo, aún son necesarios profundos cambios sociales, culturales y políticos que desnaturalicen el acoso hacia la mujer que se constituye como el primer paso hacia otros tipos de violencia y promuevan la equidad de género. La igualdad es fundamental porque, al brindar mejores oportunidades para todos, hace más fuertes a las sociedades. Es, también, un componente clave para generar comunidades cohesionadas y abiertas a la participación ciudadana, además de dispuestas a cuestionar sus ideas discriminatorias. Capaces de convertirse, por ende, en lugares más seguros para las mujeres y mejor preparados ante la adversidad, lo cual abona a la resiliencia.

Es necesario resaltar algunos avances en la región: el despertar de la conciencia ante esta problemática, el surgimiento de nuevas voces, la tipificación del feminicidio como delito, el crecimiento del emprendimiento femenino. Ahora bien, es tiempo de ir más allá y no sólo reconocer sus derechos, sino procurar verdaderamente condiciones de equidad. Es urgente crear políticas que abran espacios donde las mujeres compartan experiencias que ayuden a velar por su seguridad y donde se capaciten y se provean de herramientas que les permitan forjarse un mejor futuro.

Éste es el ejemplo de Buenos Aires. Allí se encontró que, si bien las mujeres tienen mayor presencia en el ciclo de enseñanza obligatoria, en el mercado laboral desempeñan menos roles de liderazgo que los hombres. Se emplean principalmente en tareas domésticas, educación, salud y comercio, y dedican dos horas más por día a tareas de cuidado. La ciudad comenzó entonces a generar información estadística con perspectiva de género. Esto a través de un sistema de indicadores que desagrega los datos por sexo para implementar y evaluar intervenciones que permitan reducir las brechas entre hombres y mujeres.

Es importante mencionar que la autonomía de las mujeres tiene dimensiones físicas, económicas y de toma de decisiones. Al tener sus propios ingresos, son menos vulnerables frente a situaciones de violencia. Por otro lado, el compartir el trabajo no remunerado en casa les da mayores posibilidades de participar en el espacio público.

Respecto a la maternidad, se encontró que, en hogares con niños, las mujeres tienen hasta 20 veces mayor probabilidad de transitar a la inactividad que los hombres. La evidencia demuestra que la discriminación a la mujer existe y provoca efectos negativos en su contratación, remuneración y promoción de su carrera profesional. Buenos Aires anunció cambios en la legislación para implementar un nuevo régimen de licencias familiares para los empleados públicos.

La ONU, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, señala que la igualdad no es sólo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Cuestiones como la creación de entornos más seguros para que las mujeres se desenvuelvan, el establecimiento de condiciones de igualdad, el acceso a trabajos dignos y su representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas fomentan las economías sostenibles. Así, las sociedades y la humanidad en su conjunto resultan beneficiadas. Las tareas pendientes en América Latina hacia la mujer son muchas todavía. Saldar la deuda que la sociedad tiene con ellas llevará mucho tiempo. Sin embargo, moverse en esta dirección es esencial para garantizar un futuro próspero y resiliente.

*Directora de Comunicación para 100 Ciudades Resilientes en América Latina, especializada en temas urbanos y ambientales.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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