Por Javier Arreola y Humberto Robles*

A partir de esta semana, México despertó con un nuevo e irreconocible vecino que amenaza poner en riesgo nuestra estabilidad y porvenir económicos. La primera reacción: una depreciación intradía del tipo de cambio de 13%, la más alta desde la crisis del Tequila de 1994-1995.

Entre las querellas repartidas por el nuevo inquilino de la Casa Blanca estadounidense están las relacionadas con renegociar o eliminar el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, la posibilidad de cobrar entre cinco y diez mil millones de dólares para construir una muralla o muro con segmentos de valla, la imposición de aranceles a productos mexicanos y la deportación inicial de entre 2 a 3 millones de personas con estatus irregular.

Estas amenazas podrían cristalizarse pronto en golpes fuertes al modelo económico exportador sustentado en México durante las últimas tres décadas, pero también representan oportunidades para reinventar la economía de nuestro país. Ante ello vale la pena preguntarse, ¿qué cambios económicos profundos podría acelerar Trump?  ¿Qué acciones inmediatas puede implementar nuestro país para florecer en esta nueva época?

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Llegada de Trump, ¿cambio de era?

La elección fue, como se decía en el periodo electoral, la más trascendental para Estados Unidos en décadas. Pero no lo fue por el perfil xenófobo, misógino, racista y clasista de Trump, sino por su victoria que abona a las tendencias en los resultados de los grandes referendos de este año: triunfó el Brexit en Gran Bretaña y el ‘No’ al Acuerdo de Paz en Colombia -aunque finalmente se haya alcanzado un nuevo Acuerdo.

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En el caso estadounidense, Donald John Trump, se alzó con la victoria para apuntalar el populismo nacionalista, “la globalización de la antiglobalización”, en el país con la economía más grande del mundo.  Esto implica que por primera vez en casi un siglo de doctrina neoliberal, la población que venció en las elecciones norteamericanas es la que piensa que el gobierno y la política deben estar por encima del mercado, y no al revés.  Estos votantes están rechazando la élite, el poder, la influencia y las instituciones.

Los resultados del Reino Unido, Colombia y Estados Unidos “tienen en común la convicción popular -aunque no necesariamente mayoritaria- de que el comercio, la inmigración y otros aspectos de la integración global han sido mal administrados por los gobiernos y los líderes corporativos, y se suponía que estas actividades iban a abrir el camino para una prosperidad ampliamente compartida.”

La globalización está en el centro de la polémica.  Por un lado, el libre movimiento de bienes, servicios, capital, personas y hasta ideas ha permitido sacar a mil millones de personas de la pobreza extrema e interconectado a los países como nunca antes. Por el otro, ha sobre-especializado a los países en ciertas actividades económicas sin llegar a funcionar para todos: así como ha beneficiado a la clase media asiática y al 1% más rico del mundo, ha perjudicado a las clases medias de regiones con bajo nivel educativo, principalmente.  Este problema de inequidad ha sido reconocido por el mismo Fondo Monetario Internacional.

Mientras este año el mundo conoció las posturas de Nigel Farage que fueron claves para el Brexit, las cruciales elecciones europeas del próximo año probablemente colocarán a alguno(s) de los cada vez más atractivos candidatos neonacionalistas -Marine Le Pen (Francia), Norbert Hofer (Austria), Beppe Grillo (Italia), Geert Wilers (Países Bajos)- en las más altas magistraturas de su país, y por ende, consolidarán el movimiento a cierto nivel mundial.

Con esta ola de triunfos, es previsible que se vayan a restaurar algunas formas de proteccionismo pre-globalización, tales como mayor atención en el ingreso básico, establecimiento de ciertos aranceles de comercio e incremento en la meticulosidad en los procesos migratorios.

Es por ello que México, uno de los países que ha seguido las políticas neoliberales con mayor apego al dogma, tiene que replantearse cambios económicos que permitan tener una posición de fortaleza interna que le permita prosperar en un mundo más cerrado que hace un año.  A continuación presentamos cinco áreas en las que México tiene la oportunidad de configurar un mejor espacio económico.

1) Turismo

Según la Organización Mundial del Turismo, para el año 2015 México se posicionó como el segundo país en el continente Americano y noveno en el mundo que recibe más visitantes del exterior. La importancia económica que tiene el turismo para el país queda manifiesta en su contribución en el Producto Interno Bruto (PIB), que fue de 8.6% en 2014.

En dicho año, el turismo generó 2.3 millones de puestos de trabajo, es decir, el 5.8% del total nacional. De cada 10 empleos aportados por esta actividad, 4 fueron creados por restaurantes, bares y centros nocturnos, 2 por transporte de pasajeros, 2 por comercio turístico, uno por alojamiento y otro más por artesanías.

La depreciación histórica acaecida del tipo de cambio, de poco más del 40% desde principios de 2015, ofrece una ventana de oportunidades para incrementar la llegada de visitantes extranjeros a México, al abaratar en términos relativos la oferta de bienes y servicios turísticos del país. El potencial es muy grande si consideramos que de cada 100 pesos gastados en actividades turísticas en 2014, 87.9 fueron aportados por turistas residentes en México.

El país requiere promover una estrategia integral que oriente coordinadamente los esfuerzos para atraer más turistas de China, Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, que fueron los países que generaron más turistas internacionales en la primera mitad del 2016, y que siguen incrementando el gasto en turismo internacional. Asimismo, hay que voltear al resto de Latinoamérica, donde es bien conocida y apreciada nuestra cultura.

2) Estrategia de repatriados

En la primera entrevista televisada del presidente electo Trump, quedó de manifiesto su disposición por repatriar entre dos y tres millones de personas en estatus irregular y que él está convencido que tienen antecedentes penales, como un esfuerzo inicial de su política antimigratoria. De lo anterior se desprenden oportunidades en materia de estrategia de repatriados, tanto desalentados como voluntarios, de forma que la sociedad pueda aprovechar sus conocimientos y habilidades en la actividad productiva del país.

El gobierno mexicano ha señalado que más del 50% de los mexicanos que han sido repatriados de Estados Unidos dominan el idioma inglés, además de que poseen técnicas y habilidades en industrias de la construcción, alimentos, jardinería, agricultura y ganadería, entre otras; destacando la alta adaptabilidad a los esquemas laborales. Además, muchos de ellos participaron montando o atendiendo pequeñas y medianas empresas.

La estrategia “Somos Mexicanos” del Instituto Nacional de Migración (INM) es la principal iniciativa promovida por el Estado Mexicano para reincorporar a la economía a los mexicanos repatriados. Se trata de un modelo interinstitucional y coordinado que contribuye en el corto plazo a la integración social de los migrantes en retorno. Entre los servicios prestados se encuentra la provisión de servicios básicos de alimentación y salud, documentos de identidad, comunicación con familiares, traslado local y apoyo para transporte foráneo, albergue en caso de requerirse, programas de autoempleo y bolsa de trabajo.

Por otro lado, recientemente el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Secretaría de Gobernación anunciaron la firma de dos convenios donde se pretende que las empresas agremiadas al CCE vinculen a los repatriados con ofertas laborales en su lugar de origen, y acepten como identificación social la constancia de repatriación expedida por el INM.

A pesar de estos esfuerzos, y sabiendo que muchos mexicanos regresarían voluntaria o involuntariamente al país, se requiere una estrategia de mayores dimensiones para insertar con dignidad y máximo impacto a estas personas que traerán experiencias, conocimientos, habilidades y recursos con los que no contábamos anteriormente.

3) Acuerdos de comercio internacional

México posee una red de 12 Tratados de Libre Comercio con 46 países (TLCs), 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 33 países y 9 acuerdos de alcance limitado (Acuerdos de Complementación Económica y Acuerdos de Alcance Parcial) en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Este conjunto de tratados nos convierte en el país con más acuerdos comerciales del mundo, con acceso a un mercado de más de mil millones de personas y al 60% del PIB mundial.

A pesar de la diversidad de instrumentos comerciales con los que contamos, poco más del 70% de nuestras exportaciones tienen como destino EE.UU. Lo anterior refleja la necesidad de:

  • Prevenir el divorcio con el Ejecutivo comandado por Trump, especialmente dialogando con los contrapesos en Washington, así como con regiones, ciudades y actores con más afinidad hacia México
  • Seguir instrumentando la diplomacia ante líderes proteccionistas y abrir el diálogo con gobernantes anti-Trump
  • Aprovechar nuestros activos de libre comercio como ProMéxico
  • Abrir las velas a mercados como el de Canadá, que actualmente se configura como nuestro segundo aliado comercial
  • Intensificar con más tacto la relación con China, donde según estimaciones, la clase media ascenderá a más del 75% de su población para 2022.

4) Zonas Económicas Especiales

El pasado 1 de junio se publicó la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales (LFZEE) que plantea impulsar el crecimiento económico sostenible en las regiones del país que tengan mayores rezagos en desarrollo social. Actualmente, son ZEE el Puerto Lázaro Cárdenas, que incluye municipios de Michoacán y Guerrero; el corredor del Istmo de Tehuantepec, que incluye Coatzacoalcos, Veracruz y Salina Cruz, Oaxaca; así como Puerto Chiapas, en Chiapas y el corredor energético Tabasco-Campeche.

Este nuevo enfoque, permitirá que las personas físicas o morales que participen como desarrolladores, operadores o inversionistas de la Zona, reciban beneficios fiscales, aduaneros y financieros, así como facilidades administrativas e infraestructura competitiva. Lo anterior, siempre y cuando fomenten la generación de empleos permanentes, el ascenso industrial, el crecimiento de la productividad del trabajo e inversiones que impulsen el desarrollo económico de la Zona y su área de influencia.

5) Construcción de Infraestructura

El Programa Nacional de Infraestructura (PNI) 2014-2018 incluye 742 proyectos y una inversión cercana a los 590 mil millones de dólares; el 37% del financiamiento vendría de los privados y el resto de las arcas públicas.  Por primera vez, el Programa consideró obras cuya culminación iría más allá de la administración actual.  Sin embargo, los continuos y sustanciales recortes presupuestales lo han dejado tocado; el último fue por 13 mil millones de pesos de inversión, una reducción de 40% a lo presupuestado en el rubro para este año.

En el periodo 2008-2013, México tuvo el nivel más bajo de inversión en infraestructura entre 16 países de América Latina y el Caribe, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo.  Las inversiones apenas llegan al 1.5% del PIB, muy lejos del 2.8% del promedio regional.  Ya a finales del año pasado, “JPMorgan consideró que el principal riesgo para la economía mexicana en 2016 es el menor gasto en construcción e infraestructura.”  Esto aunado a que México es el país 64 en calidad de infraestructura, de acuerdo con el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial y uno de los cinco menos competitivos de Latinoamérica en el rubro.

Gracias a la nueva Ley de Asociaciones Público Privadas, México tiene una amplia cartera de mecanismos para el financiamiento de infraestructura: Asociaciones Público-Privadas, Fibras (Fideicomiso de Infraestructura y Bienes Raíces), Fibra E (Fideicomiso de Inversión en Energía e Infraestructura), créditos bursátiles, así como créditos bancarios de origen nacional e internacional.

De acuerdo con Deloitte, el PNI “no busca que México cuente con una infraestructura sobrada para poder ampliar la llegada de nuevas inversiones privadas”, por lo que urge resolver obstáculos para la adecuada oferta de transporte y logística, plagadas de saturaciones en aduanas, puertos y carreteras, así como baja velocidad del ferrocarril.

Con infraestructura rezagada o insuficiente, el país arriesga la atracción de capitales y el impulso del desarrollo nacional.  Existe retraso en proyectos preparados para salir a licitación y recibir inversión, aún a pesar de que el sector privado ha realizado propuestas.  Pero lo más importante de apostar por la infraestructura es que ésta produce empleos de buena calidad para ingenieros, técnicos, operadores, diseñadores, constructores, entre otros.

 

Conclusión: ¿Elegiremos el miedo o la oportunidad?

En este texto hemos dado cuenta que la elección de Donald Trump levanta banderas amarillas y rojas para la economía mexicana, pero sobretodo, queda claro que la interpretación de los hechos dependerá de nosotros. Es evidente que México tiene alternativas de rápida implementación para convertir esta aparente debilidad en una gran oportunidad.

Para transformar una economía obsesionada con las exportaciones a Estados Unidos, pero también transitar de sólo hacer (hecho en México) a una economía de pensar y hacer (diseñado y hecho en México), tendremos que superar uno de nuestros más grandes frenos: hacer valer que las transformaciones propias son más poderosas que las validaciones de terceros.

La coyuntura internacional no es sencilla, pues no sólo México podría tener una crisis de confianza: el mundo ya la está teniendo. El gran reto es que nuestras instituciones y líderes empresariales eviten contagiarse del escepticismo sobre el mercado y logren recuperar parte de la confianza perdida, generando a su vez mayores instrumentos de desarrollo económico incluyente.

*Humberto Robles es licenciado en Biociencias y Economía del ITESM. Consultor Económico y de Analytics en Talous Consulting, Emprendedor social y Profesor de Innovación.

 

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