*Este texto fue publicado originalmente el 11 de agosto de 2016.

 

“Hola, soy Erin Brockovich, no Julia Roberts”, así se presenta la peleadora social estadounidense a la que le hicieron una película, y las risas estallan en la sala donde nos encontramos en la Ciudad de México. “Es como mi comentario de entrada de siem­pre, o mi chiste, si quieres”.

La actriz Julia Roberts se hizo más famosa interpretando a Erin, incluso ganó un Oscar asumiendo en la pantalla grande la vida de esta madre soltera sin entre­namiento legal que le ganó una demanda millonaria a una corporación gigante llamada Pacific Gas and Electric Company que contaminaba el agua potable del sur de California.

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El caso le costó una multa de 333 millones de dólares (mdd) a la empresa, mientras que Brockovich ganó 2.5 mdd de bono por el caso. Desde entonces, 1996, esta mujer se dedicó a ser una ambien­talista radical. Y llegó a la fama en 2000, cuando el director Steven Soderbergh la hizo película.

A simple vista, parece una estadou­nidense de vacaciones por la Ciudad de México, con su pelo rubio y su actitud de querer conocer todo. Mientras camina­mos, la gente le pide autógrafos, fotos y tiempo para platicar y demostrarle ad­miración. Es una especie de heroína para algunas mujeres que le piden les platique qué es lo que hace actualmente.

“¡Oh my God!, todo lo que hacemos está rodeado por agua, ni siquiera la ciudad más atemorizante se salva de la conta­minación, es significativa y no sólo en Estados Unidos, sino mundialmente.

“Creo que es la única cosa que mun­dialmente todos necesitamos encontrar, un común denominador y trabajar en él, porque el agua es un sostén de la vida y es más valiosa que el petróleo”, expone Brockovich cuando le preguntamos a qué se dedica. “¡Oh my God!, en qué no estoy trabajando ahora. Para mí, la mayor preocupación que estamos enfrentando en Estados Unidos, y estoy consciente que también a escala mundial, son los proble­mas de agua. Todos están buscando más sobre el cambio climático y los hundimientos, la cosa más atemorizante sobre el agua para mí claramente es si observamos su contaminación”.

 

―En México, cuando vemos imágenes sobre Flint, en Michigan, y la gente quejándose contra los gobiernos y las compañías que contaminan el agua, y vemos esas imágenes del agua amarilla o de otro color, en los países de desa­rrollo decimos: No está tan mal porque hemos tenido peor agua en México que en Flint. ¿Qué piensas cuando la gente se acostumbra a tener agua de pésima calidad? No puedes tomar agua de la llave en México, por ejemplo.

―Bueno, deberíamos ser capaces de hacer algo. Una cosa que tenemos que observar es que ignorar o hacer caso omiso del agua que una población está tomando… no tiene que ser así. Todos entienden… En Flint tenemos una enorme contaminación por plomo, pero en Hinkley, California, teníamos un grandísimo problema de contaminación por cromo VI y esto no existe sólo en una localidad.

Es un gran problema, y en ciertas ocasiones no sabemos ni siquiera qué hay en nuestra agua; estamos acostumbrados a que sistemas y organismos regulatorios la limpien por nosotros, y cuando ésta sale por nuestra tubería nos sentimos seguros. Pero en realidad tenemos muchos problemas.

Entonces, tenemos pesticidas y plomo en el agua, desperdicios, ciertos niveles de drogas farmacéuticas y gluten.

El agua de los cultivos presenta pro­blemas, hay pesticidas en el agua. Y el problema es que nuestra salud estará de por medio en el futuro; creo que estamos empezando a ver justo ahora las conse­cuencias en Estados Unidos, y te puedo contar que también estamos empezando a verlas en otros sec­tores de la población alrededor del mundo.

Cuando tú tomas niveles bajos de todo lo que te mencioné an­tes –pesticidas, farma­céuticos y gluten– en el agua, puede pasar mucho tiempo antes de que veas cómo te afecta.

Estamos viendo más poblaciones alrededor de campos, más niños con asma o con problemas de aprendizaje.

Mucha más gente me ha estado repor­tando que hay más niños en su cuadra que están desarrollando cáncer a edades tempranas. Por eso necesitamos ver que el agua es un elemento necesario para sostener toda la vida.

Y aunque no veas (la contaminación en el agua) diariamente y en grandes cantida­des, hay pequeñas dosis en cierto periodo que harán que estemos en serios pro­blemas. Especialmente teniendo de por medio la salud de poblaciones, la sociedad estando enferma, cuando la solución pudo haber sido: mirar el agua.

“Y también en algunos casos decir­les que no podemos filtrar el agua, no podemos reciclar el agua, tenemos que cambiar nuestro proceso de pensamiento y no dar por hecho que el agua es algo que siempre estará aquí y tomar eso como una certidumbre, porque no es cierto.

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―¿Por qué estás peleando? ¿Por qué estás haciendo esto?

―¿Por qué estoy haciendo esto? Nací y crecí en el Medio Oeste (Estados Unidos). Mi papá fue un ingeniero…

 

―Y tu mamá era periodista…

―Mi mamá era periodista y ellos me hicieron apreciar el valor de los grandes regalos que tenemos, como tu salud y el derecho de un ambiente limpio. Y si pien­sas en eso, es un común denominador para todos nosotros.

Y no siempre entendí o escuché lo que me decían, pero subliminalmente se quedó en mi cabeza, hasta que tuve hijos y empecé a trabajar en el medio ambiente y vi de primera mano, y lo sigo viendo hasta ahora de primera mano, las consecuen­cias sobre la salud y bienestar del agua contaminada.

Y en California, no en California, en Estados Unidos, justo ahora tenemos un problema con el tratamiento de las aguas, en la manera en cómo cloramos y limpia­mos el agua.

Y ahora estamos viendo altos niveles de virus y bacterias que hay en el agua, de enfermedades del agua como la legionela, amibas.

Así que esta asociación que tenemos como humanos y nuestra salud, y ningu­na asociación con nuestro suministro de agua, no está necesariamente probando ser una muy buena práctica.

Y creo que una cosa que nos mantiene todos los días, es 20% de culpa si quieres… podemos estar enojados con nuestros gobiernos, podemos culpar a la industria, podemos involucrarnos en demandas.

Pero esto que estoy diciendo es que un del agua), que nos afecta a cada uno de nosotros –industria, gobierno y sociedad–.

Debemos encontrar una forma de em­pezar a trabajar juntos para proveer agua limpia y segura para todos.

 

―Quisiera preguntarte quién es su pa­trocinador para este tipo de proyectos: gobiernos, industrias, porque como te decía, aquí en países como México na­die se responsabiliza por el agua; el go­bierno dice: “Hago mi mejor esfuerzo por darnos agua, quizás si no trabajara no tendrías agua, no importa si es agua amarilla, es agua, puedes usarla”.

―Creo que eso es un problema. El error es buscar a alguien a quien culpar, y creo que no hay culpables, creo que es la humani­dad, si quieres.

Y debemos parar esta pelea y esta lucha de poder sobre el agua, que es un derecho divino de todas las personas.

Estamos viendo la privatización del agua en Estados Unidos, no es garantía de que el agua sea segura para nada.

Estamos viendo la contaminación del agua en Estados Unidos y lo que está pasando es que… están elevando el costo y creo que algo que tenemos que obser­var es al gobierno, su política y nuestras decisiones en cómo vamos a proteger y preservar nuestra agua para nues­tros países, nación por nación, para las sociedades.

Y la privatización del agua es algo que estamos viendo, que está sucediendo, y creo que es un gran error porque vamos a crear una división entre lo que la gente puede y no hacer sobre el agua.

Es un derecho humano tener agua, así que planteaste una muy buena pregunta.

Una cosa es que yo quiero hacer, si es posible, es que todos necesitan bajar… su espada, ya seas republicano o demócrata, rico o pobre, no importa el color de tu piel, gobierno, todo el mundo.

Vamos a experimentar la misma muer­te si no somos cuidadosos sobre la única cosa que sostiene toda la vida, la vida de todos, y eso es el suministro de agua.

 

―¿Qué recomiendas a las personas que pelean, luchadores como tú, que tienen un ideal y pelean por ella? ¿Cómo tomar fuerza? A ti te crucificaron los medios en algún momento.

―Bueno, los medios y yo solíamos llevarnos muy bien. Usualmente no venían tras de mí, pero también usualmente hay alguna industria que quería que parara y esa es su percepción.

No podemos continuar usando nuestra agua como nuestro vertedero, de elimina­ción de residuos, y lo que a mí me gustaría de la industria es que entendieran que también es su agua y también son sus hijos bebiéndola.

Y serán tus hijos bebiéndola también, qué legado les dejarás.

Como verás, yo no tengo ningún asunto con las industrias, pero un problema que sí tengo con ellos es el mismo que tengo con mis propios hijos, limpia tu desastre.

No tiene que convertirse en estos alegatos tan prologados ni en una batalla. Puede volverse un asunto moral, desta­cándose y haciendo lo correcto, no sólo para ti y tu familia, sino para todos los que trabajan contigo y tus empleados, y para la comunidad. Usualmente hay miembros de las comunidades que están trabajando contigo.

Me gustaría ver que las industrias sobresalen y son buenos cuidadores del ambiente y ayudan a convertirse en una fábrica sostenible avanzando hacia adelante y teniendo la habilidad y las intenciones de hacer algo.

Lo que yo quiero de las industrias es brindarles mi mano, y que trabajemos juntos en este problema, para que todos puedan tener agua segura.

Sé que todos quieren cerrarme el paso y meterme en una pelea, y soy una lucha­dora, pero también tienes que aprender a hacer negociaciones.

Está bien decir que cometimos un error, y eso es lo que la gente espera de las compañías, no son estúpidos, la verdad siempre te liberará.

Y esto es algo que creo muy importan­te. Las industrias a veces se enojan con nosotros porque ellos dicen que estamos dañando sus ganancias, o que sus políticas no afectan la economía, y existe una corre­lación directa entre el ambiente y nuestra economía.

Y en el fondo las industrias, su objetivo debería ser la salud y la seguridad prime­ro, las ganancias después. Pero su objetivo es todo sobre las ganancias, y pueden ponerlas en riesgo, por el continuo asalto al ambiente.

 

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