La respuesta de la ciudadanía mexicana frente a los efectos devastadores del terremoto del 19 de septiembre de 2017 ha sido, cuando menos, ejemplar y conmovedora. De todas partes leemos o escuchamos testimonios, ya sea de nacionales o visitantes, sobre la generosidad de la sociedad mexicana ante la emergencia.

Testimoniosde franceses, españoles, argentinos, canadienses o estadounidenses, entre muchos otros que quedan maravillados por ese gran corazón de los mexicanos.

Las donaciones que van desde las monetarias hasta aquellas tan curiosas, como de table dance locales que ponen sus ganancias para atender la emergencia de los connacionales; o las de empresas globales como Uber que ofrecen viajes para la emergencia. Qué decir de los periódicos que han puesto sus sitios de internet en modo libre acceso, las compañías telefónicas que han abierto sus redes para el uso público o las facultades de ingeniería y arquitectura que se han sumado a la evaluación gratuita de la revisión de edificaciones para evaluar su estado.  Y qué decir de la capacidad de reacción, las brigadas para remover escombros, la creación de centros de acopio, la cantidad de víveres disponibles no hacen más que sorprender a propios y extraños.

El surgimiento de un liderazgo ciudadano tan espontáneo y efectivo ha hecho una profunda diferencia para ayudar y apoyar tanto los esfuerzos de rescate, como de atención a damnificados. Ese famoso dicho muy mexicano de que “mi casa es tu casa” ha pasado de ser un cumplido nacional o “buenas maneras” a convertirse en una realidad llena de verdad y ayuda en momentos en los que no puede ser más agradecido por muchos.

PUBLICIDAD

Esa sensación extraordinaria en estos momentos de ser mexicano y haber nacido en este cuerno de la abundancia y excepción que sólo los mexicanos conocemos.

Los mexicanos somos extraordinarios para ser solidarios frente a la emergencia. Esto no es nuevo y eventos en el pasado como lo son el temblor de 1985 o los efectos de los ciclones y/o huracanes nos han dado la oportunidad de mostrar al mundo y, sobre todo, mostrarnos a nosotros mismos, nuestra capacidad de convertir una reacción en una impresionante respuesta.

Y lo hemos sido también en eventos devastadores en otros países en los que nos distinguimos por nuestras donaciones y apoyos. Nuestros topos presentes siempre que se requiere y nuestro apoyo disponible todas las veces, no importa qué.

Y sí, la reacción ha sido impresionante en los días posteriores. Próximamente necesitaremos un nuevo nivel de ayuda que va de la emergencia pura, a algo más cotidiano. Cuando los damnificados que no tienen casa tengan que empezar las labores de reconstrucción de sus viviendas.

Se requiere un nuevo nivel de conciencia y de pensar con una visión de más largo plazo. Así, se requerirá en una primera instancia pasar de la emergencia al apoyo de los albergues con damnificados para apoyarles en la reconstrucción. Ese apoyo en el día a día será crucial y será también el primer paso para pasar de la emergencia inmediata a un horizonte que toma más tiempo y requiere mucho apoyo cuando la emergencia inmediata ha pasado. Un verdadero reto.

Pero quizá el verdadero reto y siguiente nivel para la sociedad mexicana será mostrar algo que falta y que estamos frente a la oportunidad de transformar: ser solidarios para el progreso, la creación de riqueza y el bienestar, no sólo en la tragedia ni en la emergencia real. Tratarnos entre nosotros como si estuviéramos en un contexto de emergencia o fuésemos damnificados haría una profunda diferencia. Esta forma de ser en la que nos comportamos frente a los demás sabiendo que cualquiera de los mexicanos con los que hablamos estará dispuesto a dar la vida por nosotros.

Un nuevo ecosistema social en el que nos apoyamos a muerte y desde la más profunda generosidad. Confiar en nosotros, ser generosos, entregarnos al máximo, dar nuestra casa, darlo todo para el crecimiento de los planes, las empresas, los sueños, las carreras y los proyectos de los demás.

Ofrecerkilos de a kilo, litros de a litro, pagar a tiempo, apoyarnos en el día a día, abrirnos puertas, negociar para ganar-ganar, compartir las oportunidades, ente otras. Justo como en la emergencia hoy ya lo sabemos hacer.

El liderazgo en México ha surgido y está despierto, falta causarlo y tener otros líderes que estén comprometidos a impulsar y empoderar el liderazgo de estos líderes que ya han surgido. Como se ha dicho en estos días en redes sociales, saber que cada vez que nos subimos al autobús, al metro o en la calle estamos junto a alguien que no dudaría en salir con un pico y una pala para rescatarte de entre los escombros.

Esta es la grandeza y el verdadero espíritu de los mexicanos. Un espacio lleno de amor y solidaridad, de transformación y de en un profundo aprecio por nosotros mismos y el ser humano. ¿Qué será posible para un México desde #Solidaridadenlasbuenas y #Solidaridadparaelprogreso? El México con el que sueñas.

 

Siguientes artículos

La reconstrucción del país y nosotros mismos sí es posible
Por

Quiero hablar de algo que me han enseñado los mexicanos a través de miles de ejemplos estos últimos días: que la reconst...