Hablar de paz es mucho más complejo que sólo hablar de reducir la violencia. Sin embargo, en el país podemos encontrar personas que, desde sus trincheras, han empezado proyectos que ya están cambiando nuestra realidad.

 

Por Patricia de Obeso

El 21 de septiembre se celebró el Día Internacional de la Paz, un término que parece ajeno y distante en un país como México, sacudido por la violencia y la corrupción.

La más reciente publicación del Instituto para la Economía y la Paz, “Realismo radical: La construcción de la paz positiva en México“, busca dar voz a destacados profesionales y tomadores de decisiones que día con día trabajan por un país un poco más justo para todos. Consiste de 12 entrevistas que sirven como una pequeña muestra de las muchas personas que persiguen este objetivo.

Como reflejo de la complejidad de este tema, los perfiles de los entrevistados varían ampliamente, desde integrantes de la sociedad civil hasta funcionarios de gobierno, académicos y representantes de los medios de comunicación.

Las entrevistas se enfocan en la “paz positiva”, un concepto radical porque sugiere una comprensión distinta de las condiciones que conducen a la paz de las que generalmente se proponen, estrategias que vayan más allá de promover y priorizar una agenda de seguridad de mente cerrada y poco innovadora.

Tristemente, esto ha sido algo común en México, donde la principal estrategia de la última década (la búsqueda, captura y detención de los líderes de los principales cárteles del narcotráfico) ha dado, en el mejor de los casos, resultados mediocres. “Cuando empecé a trabajar por primera vez en el tema de la seguridad se hablaba de armas, chalecos y patrullas”, comentó Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana. “Entonces nos dimos cuenta de la necesidad de desarrollar estrategias de prevención. Hay muchas cosas que se pueden hacer que no tienen nada que ver con el crimen y la violencia pero que generan entornos seguros.”

No todo es desesperanza. Los entrevistados se mostraron sorprendentemente optimistas. “Nos estamos acercando a niveles de discusión pública y de exigencia ciudadana muy articulados a través de redes sociales”, dijo Adrián López, director de Grupo Editorial Noroeste.

Uno de los retos que enfrenta México es la desconfianza en el gobierno, motivada, en gran parte, por los grandes escándalos de corrupción a nivel estatal y federal. En respuesta, algunas personas creen que la energía y el impulso para el cambio en México sólo pueden llegar desde afuera del gobierno. Sin embargo, como el documento muestra, ése no es el caso. Tres de los 12 entrevistados destacan en el trabajo que realiza el sector público.

Si bien los funcionarios del gobierno entrevistados se muestran entusiasmados por los avances en sus esfuerzos, también son conscientes del trabajo que hay por hacer. “Para que lo escrito en el papel se convierta en realidad, necesitamos más capacitación para los gobiernos”, dijo Perla Castro, titular de la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos del Estado de Campeche.

“No creo que exista un problema en el país que no sea tocado, afectado o aumentado por la corrupción”, dijo Juan E. Pardinas, director del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco). “No podemos hablar de paz si no tenemos justicia”, dijo Consuelo Bañuelos, directora de Promoción de Paz, organización que trabaja en colonias vulnerables y prisiones en Nuevo León.

Queda claro que hablar de paz es mucho más complejo que sólo hablar de reducir la violencia. Sin embargo, a lo largo y ancho del país podemos encontrar personas que, desde sus trincheras, han empezado proyectos que ya están cambiando nuestra realidad. Vale la pena conocerlos y apoyarlos.


Patricia de Obeso es representante del Instituto para la Economía y la Paz en México. Durante el último año ha recorrido el país presentando datos duros sobre la paz en México.

 

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