Hay una tendencia que marca un incremento en los desastres naturales en los años recientes. ¿Las amenazas están ocurriendo más frecuentemente?, ¿estamos más expuestos?, ¿somos más vulnerables?

 

Cada que se aborda el tema de los desastres naturales en nuestro país las preguntas más frecuentes que se presentan en la conversación son: ¿han sido los desastres de este año los más dañinos en la historia?, ¿por qué pasa esto tan frecuentemente en nuestro país? y ¿qué se está haciendo para evitar tantas pérdidas? Hoy trataré de responder a la primera pregunta, respondiendo sólo brevemente a la segunda y dejando como tema principal de este espacio en el futuro la tercera.

Para responder adecuadamente es necesario precisar varios conceptos en relación al lenguaje que se usa al referirse a los desastres naturales. Así, se asocia un evento natural con un desastre sólo cuando, a consecuencia de éste, se observan alteraciones muy severas en el funcionamiento de una sociedad, acompañadas de pérdidas humanas y materiales importantes. En ese sentido, un desastre natural puede ocurrir cuando simultáneamente están presentes: a) una amenaza natural, por ejemplo un terremoto o un huracán, b) la exposición, por ejemplo una comunidad ubicada donde frecuentemente se presenta un huracán y c) la vulnerabilidad o falta de capacidad ésta comunidad para resistir, responder o reponerse adecuadamente a la ocurrencia de la amenaza. En consecuencia, la probabilidad de que un desastre se materialice se conoce como riesgo, por ejemplo, hay una alta probabilidad (riesgo) de que haya un desastre si existe una población vulnerable, expuesta a una amenaza tal y como lo sería una población de bajos recursos económicos que habita en una ladera deforestada donde golpean las lluvias muy intensas causadas por huracanes.

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Entonces, debido a su localización geográfica, México está muy expuesto a diversas amenazas que se originan a partir de fenómenos naturales extremos tanto de origen geológico como hidrometeorológico. Los movimientos telúricos de gran magnitud son frecuentes debido a que la mayor parte de nuestro territorio se encuentra en el denominado cinturón de fuego que es la zona, tectónicamente hablando, más activa del mundo. De acuerdo a la magnífica publicación sobre las experiencias en la administración de riesgos naturales en diferentes países del mundo que coeditaron el gobierno de México junto con el Banco Mundial con motivo de la reunión del G20 en Los Cabos en el 2012 (G20 – 2012), en el territorio nacional ocurren cada año más de noventa temblores con magnitud superior a cuatro grados Richter generando muchos de ellos daños catastróficos con niveles de hasta 12 mil millones de dólares (actuales) como en el caso del terremoto de 1985.

Por su parte, México es muy susceptible a las catástrofes causadas por fenómenos hidrometeorológicos. Es el único país que sufre el embate de huracanes originados en océanos diferentes.  De hecho estos fenómenos son los que han causado las peores pérdidas económicas en los últimos años. Así, en promedio, en nuestro país ocurren dos tormentas por año con consecuencias catastróficas.  Cifras de la base de datos internacional sobre catástrofes EM – DAT permiten hacer un recuento de los eventos más importantes en cuanto a daños económicos (en millones de dólares actuales), asociándolos con su año de ocurrencia y nombre asignado al meteoro que los ocasionó.

Entonces, en relación a la pregunta ¿es este año el de mayores pérdidas económicas debido a desastres naturales? La respuesta es no, ya que en el año 2005 con las tormentas Wilma, Stan y Emily se produjeron en conjunto las mayores pérdidas históricas (10,000 millones de dólares aproximadamente). También, hace muy poco, en el año 2010 con Karl y Alex se tuvieron pérdidas muy importantes que se aproximan a los 6,447 millones de dólares. Aquí es importante señalar que la cifra de daños para “Ingrid y Manuel” de 5,700 millones de dólares (75,000 millones de pesos) son estimaciones preliminares de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS).

¿Por qué pasa esto tan frecuentemente en nuestro país? Los datos de la tabla arriba muestran que efectivamente hay una tendencia a presentarse más desastres en los años recientes y con ello surgen tres preguntas ¿las amenazas están ocurriendo más frecuentemente?, ¿estamos más expuestos?, ¿somos más vulnerables?

La respuesta a la segunda pregunta la podemos encontrar en la publicación del G20-2012 donde se indica que, en décadas recientes, la población ha tendido a establecerse en las costas preferentemente. De hecho, se señala, que el 60 por ciento de la población y una proporción similar del producto interno bruto del país se encuentra ahora en estas áreas. Por ello se puede decir que, de hecho, estamos más expuestos  y aunque la frecuencia de ocurrencia de las amenazas sea la misma, hay un mayor riesgo. Por lo tanto, la estrategia se concentra generar todas aquellas capacidades para ser menos vulnerables y con ello mantener el riesgo en niveles manejables. Un componente importante para lograr esto es la adecuada administración financiera de las consecuencias de las catástrofes de la cual hablaré próximamente.

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