Cuando pienso sobre los lamentables casos que involucran sistemas de transporte compartido como han sucedido por relación o hecho en las aplicaciones Cabify o Uber sin duda me duele, me preocupa, pero además me lleva a un problema que siento mayor. Una de las principales razones por las que estas aplicaciones tuvieron adopción es porque las otras opciones son menos seguras. Si lo analizamos este tema viene con dos lados: la maldita costumbre y el oportunismo.

No hay peor mezcla que una sociedad acostumbrada de a poquitos momentos de impunidad, a pequeñas corrupciones, a segundas filas, a no respetar al peatón o al espacio de personas con capacidad de movimiento limitado. Estamos en un México enfermo de “se me hizo fácil”, buscando el oportunismo y sintiéndose respaldado de que si te “cachan” puedes acudir a la corrupción y por ende a un exceso de impunidad, y a que no hay castigo por pasar sobre los demás.

No levantamos la voz por los demás, ni por respetar a los demás. Los conductores sentados sobre sus armas de 200 kilos le dicen de palabras a los peatones cubiertos por sus blandas telas. Los policías, con sueldos cuestionables, no se dan a basto cubriendo temas de complejos a sencillos, se apoyan de aplicaciones y tecnología, pero los que podemos ayudarles, los ciudadanos, no siempre somos de mucha utilidad. Leo y releo los candados de seguridad de las aplicaciones de viajes compartidos, y sólo me pregunto ¿cómo mejoramos?, todos.

Me comentan en Uber que los filtros de calidad y seguridad están divididos en tres bloques:

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  • Presentación y validación de varios documentos oficiales.
  • Filtros de confianza y comprobación de antecedentes no penales.
  • Aprobar de manera presencial un examen de conducta en la plataforma.

En México, solo el 12% de quienes inician el proceso logra activarse como conductor al cumplir de manera adecuada con todos los requisitos. Esta cifra incluye aspirantes que no finalizan sus procesos de registro y alta, que no presentan documentos válidos o los presentan incompletos; y otros que directamente no son aceptados por la plataforma.

Tengo entendido que han desactivado a cerca de nueve mil conductores por no cumplir con los términos y condiciones del servicio en todo México. Los estándares de calidad, con cero tolerancia a faltas de respeto o profesionalismo. Pero tenemos que comparar este lamentable tema con la realidad del día a día en otros transportes para ver lo grave de la situación. Empezando por cómo denuncio al transporte público: comparten la denuncia entre las plataformas de viajes compartidos y el transporte público:

Además de que claramente de entrada no tenemos el nombre del operador, sus placas, los datos de la unidad, etc. La probabilidad de que nos roben el celular al sacar la cámara para tener “evidencia digital” es altísima: En el mes de enero de 2017 Más de 4 mil 500 infracciones al transporte público por no cumplir con el reglamento de tránsito. Sólo en Neza (población de 1 millón de personas) de mayo 2016 a mayo 2017 mil 455 asaltos a transporte público y transporte de carga en los últimos 12 meses. Quince personas han muerto en manos de delincuentes.

Uber va a aumentar la cantidad de veces que se hacen exámenes toxicológicos a los operadores, pero ese dinero extra que se paga para estar más seguro no es para que Uber, Cabify o similares sean agencias de seguridad privada con transporte. El tema es mayor, más grave y tenemos que aceptarlo y buscar la forma de empezar a curar al enfermo entre todos. La medicina la tenemos todos, pero justo lo que no tenemos es tiempo que perder para denunciar para encarar la impunidad, así que debemos de buscar las mejores soluciones que nos ofrezca la tecnología para salir de la unidad de cuidados intensivos pronto.

 

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