La más reciente de las encuestas situó el apoyo de la independencia en un 43%, frente a un 57% que prefiere permanecer en el Reino Unido. 

 

Reuters

LONDRES  – Las encuestas de opinión, los mercados financieros y los corredores de apuestas son unánimes: Escocia rechazará la independencia en un referéndum histórico que se celebrará el mes que viene y el Reino Unido prevalecerá.

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Pero ¿qué pasaría si, como creen los nacionalistas escoceses, las encuestas se equivocan? Los expertos dicen que es una posibilidad.

La votación del 18 de septiembre, la primera de su estilo en la historia británica, está rodeada de circunstancias únicas que hacen que prever el resultado sea inusualmente difícil. Las encuestas coinciden en la tendencia pero difieren en la diferencia entre las dos campañas.

Pocos están dispuestos a excluir una sorpresa.

“Los encuestadores están particularmente nerviosos dado la disparidad entre ellos”, dijo a Reuters John Curtice, profesor de la Universidad de Strathclyde y experto en encuestas.

“Alguna de las encuestas están definitivamente equivocadas porque no coinciden. Lo que no sabemos es cuales son. Es difícil de interpretar para la industria de las encuestas”.

Los encuestadores escoceses recuerdan 2011, cuando el Partido Nacionalista Escocés contradijo los pronósticos y ganó su primera mayoría absoluta en el Parlamento escocés.

Esa elección se realizó con un sistema electoral diferente del que se utilizará en el referéndum, pero persiste el recuerdo de lo que fue una conmoción política.

A los encuestadores también les persigue las dos ocasiones en que se equivocaron espectacularmente a la hora de predecir el ganador de las elecciones en Reino Unido; en 1970 y 1992, ganadas por Edward Heath y John Major, respectivamente.

“Esas fechas están marcadas en el corazón de los encuestadores”, dijo Curtice.

Aún así la imagen actual, si se calcula el promedio, parece ambigua.

La más reciente “encuesta de encuestas” del 15 de agosto, basada en una media de las últimas seis encuestas y excluyendo a los indecisos, situó el apoyo de la independencia en el 43% frente a un 57% que prefiere permanecer en el Reino Unido, un colchón de 14 puntos.

Y sólo una encuesta el año pasado, en agosto, dio a los proindependentistas una ventaja (un pequeño 1%). La validez de ese sondeo, considerado distante, fue cuestionado por algunos expertos.

No obstante, existen matices. Los seis encuestadores del referéndum han concluido estimaciones muy diferentes de la distancia que separa ambos campos, desde un 3 a un 32% en el último año. También difieren ampliamente en el número de indecisos: entre un 7 y un 33%.

Tales variaciones plantean incómoda preguntas sobre quién tiene razón.

Si los que dicen que la distancia es menor y el número de indecisos mayor tienen razón, hay más margen de volatilidad. Un modesto viraje hacia el “Sí” en un electorado de cuatro millones de votantes podría ser significativo.

Pero de momento, prevalece la ecuanimidad.

Aparte de pequeñas turbulencias en los mercados de divisas, hay escasas evidencias de que los mercados financieros esperen una conmoción.

Muchos aún consideran que la independencia es una remota posibilidad de la que preocuparse. Otros dicen que la volatilidad causada por un “Sí” no sería suficiente para justificar el coste y la complejidad de asegurar sus posiciones contra la misma.

 

 

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