Escocia votó y decidió quedarse en el Reino Unido. Sin embargo, el referéndum que mostró a una sociedad dividida, habrá de cambiar el panorama político no sólo de la región de los Scots, sino también de toda Europa.

 

Por Irene Savio/ Enviada especial Forbes México

 

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EDIMBURGO. —Scotland stays. Después de meses de campaña electoral y el haber azuzado el pavor del contagio independentista en media Europa —véase Cataluña—, Escocia ha votado por el ‘no’ a la independencia. Aunque el registro en las listas electorales fue de récord (97%) y la participación del 87% —fruto de la pasión que desataron los independentistas en las últimas semanas— , los unionistas ganaron el referéndum con un holgado 55%, según los datos definitivos difundidos por la comisión electoral escocesa. El resultado significa que Escocia permanecerá dentro del Reino Unido, así como ha hecho en los últimos tres siglos.

La primera víctima de la consulta electoral ha sido el primer ministro escocés y líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP) desde 1990. A media tarde, Alex Salmond se presentó por segunda vez ante la prensa y, esta vez, anunció su dimisión de todos los cargos que ha ocupado hasta ahora. “Servir a Escocia como ministro principal ha sido el privilegio de mi vida. Pero como dije a menudo durante la campaña, este proceso no es sobre mí, es mucho más importante que eso”, afirmó, en una rueda de prensa en su residencia oficial. “Como líder, mi tiempo está casi acabado, pero para Escocia la campaña continúa y el sueño nunca debería de morir”, agregó.

Dicho esto —el combatiente no se convierte en monje de la noche a la mañana— horas antes ya había advertido que se espera una “rápida” puesta en marcha del proceso de descentralización del estado británico –bautizado como ‘devo-max’ (por devolution max)–, que le dará más poderes autonómicos a Escocia. Pues, recordó, los partidos unionistas de Westminster se lo han prometido en campaña electoral. “Toda Escocia espera que se honre con rapidez las promesas de los partidos unionistas de transferir más poder a Escocia”, subrayó, dejando claro que esa es una aspiración de todo el país.

“Cumpliremos con lo que prometimos”, le replicó entonces David Cameron, el primer ministro británico. Eso sí, Cameron no avisó ni de cuándo ni cómo ni cuáles poderes autonómicos serán otorgados a Escocia.

Capítulo aparte fueron los mercados. Ya el jueves, el índice principal de la bolsa de Londres, el FTSE 100, había cerrado la jornada con una subida del 0.52%. Una tendencia que continuó el viernes, día en el que la bolsa británica clausuró con una alza del 0.27%. Todo lo cual ocurrió mientras la patronal y directivos de varios bancos aparecían en los principales canales de televisión del país, entre ellos la BBC, manifestando su satisfacción por el resultado electoral.

Además de las finanzas, los responsables europeos tampoco escondieron su alivio. Si Escocia desarrolla ahora una mayor autonomía cultural y económica bajo el paraguas del Reino Unido, podría convertirse en “un modelo” para el resto de países con movimientos independentistas, opinó el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. La independencia habría conllevado “graves consecuencias”, dijo el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy.

En este mismo tono, pero haciendo hincapié en el malestar que ha llevado al referéndum, el presidente de turno de la Unión Europea (UE), el italiano Matteo Renzi, argumentó que la consulta supone “el fortalecimiento de nuestras acciones comunes para dar respuestas concretas a las peticiones de nuestros ciudadanos”. “El número de ciudadanos que expresaron su aspiración de independencia no puede ser ignorado”, coincidió el presidente del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber.

Eso sí, casi no hubo festejos ni en Edimburgo ni en Glasgow ni en las otras ciudades escocesas. “¿Qué deberíamos festejar? Nada ha cambiado, nada cambiará”, decía Jim Simes, un desilusionado edimburgués que había votado a favor de la independencia. “Lo que me da miedo es que temo que ahora nos recortarán las pensiones, la salud pública, la educación… Eso es lo que quiere Londres”, argumentó Jim, antes que un compañero de tragos lo interrumpiese. “No, no, no. Mucho mejor así. Había demasiadas incógnitas, demasiados riesgos. ¿Me habría gustado un Escocia independiente? Sí. Pero no a cualquier costo”, explicaba Craig, un jubilado de 73 años.

En esta línea, un dato interesante fue que el ‘sí’ a la independencia ganó tanto en Glasgow como en Dundee, dos feudos de la clase trabajadora y con grandes áreas deprimidas. Los unionistas, en cambio, ganaron holgadamente en Aberdeenshire (60%), la capital del petróleo de Escocia.

En los últimos días, las voces de los poderes económicos y políticos se habían inclinado por el ‘no’. La patronal británica y los directivos de varios bancos, como el propio Royal Bank of Scotland y Lloyd’s, se pronunciaron contra la independencia. Algunos incluso amenazaron con irse a Londres —otro centenar de empresarios, en cambio, se dijo a favor del sí—. La reina, Isabel II, que mantuvo el silencio hasta último minuto, finalmente dijo que los “escoceses tenían que pensárselo muy bien”; lo que, en una región del mundo donde la monarquía se mantiene una institución respetada e incluso admirada, fue interpretado un guiño para la campaña del ‘no’.

Otros organismos, como el broker de Internet, Zoopla, dijeron que la independencia podría provocar un desplome del precio de los inmuebles escoceses de más de 30.000 libras, un 17,5% para la vivienda promedio. El diario The Times habló de fuga de capitales. “Los temores a lo que pueda pasar con el histórico plebiscito han llevado a la mayor liquidación de inversiones británicas desde el colapso de Lehman Brothers en 2008. Cerca del 17,000 millones de libras en acciones del Reino Unido, bonos y otros activos financieros han sido retirados durante el mes pasado”, escribió el rotativo británico.

 

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