Hay algo de justicia poética en la captura de José Antonio Urriticoechea “Josu Ternera” el último de los líderes de la banda terrorista ETA, ya que ocurrió siete días después del fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba (10 de mayo), a quien mucho le debe España por su empeño en demostrar que la democracia siempre es más fuerte que los delirios radicales violentos.

En efecto, Pérez Rubalcaba, como ministro del interior y vicepresidente en el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero logró terminar con la operatividad de los etarras.

Lo hizo, sobre todo, rompiendo el mito de que la banda era invencible y estableciendo con claridad que no habría espacio para sus fechorías y que ellas no quedarían impunes.

Fue un esfuerzo arduo, sujeto a no pocas incomprensiones, pero indispensable para mantener la calidad de la democracia española.

A “Josu Ternera” lo atraparon en Los Alpes franceses, donde vivía haciendo pasar por escritor venezolano en búsqueda de inspiración. Buscó un lugar asilado y que le permitiera anticipar cualquier acción en su contra, pero la operación “Infancia Robada” fue elaborada con precisión y cuidado por la Guardia Civil.

El nombre del proyecto, además, catapulta muchos de los sentimientos policiales, porque es un homenaje a las víctimas del atentado ocurrido en Zaragoza, en la casa cuartel donde murieron 11 personas, siete de ellas menores de edad en 1997.

La agente encubierta que atrapó al general de la ETA confirmó la identidad, lo comunicó por radio y se soltó a llorar y no era para para menos, si se tiene en cuenta la importancia del objetivo y el impacto público que habría de tener.

La ETA asesinó a cuando menos 829 personas desde 1975 (luego de la muerte del dictador Francisco Franco), en su mayoría civiles y miembros de las fuerzas policiales.

No hay que perder de vista que la saga más sangrienta de ETA ocurrió cuando España ya era una democracia en la que imperaban las libertades y el Estado de derecho.

Nunca tuvieron escrúpulos y no les importó colocar bombas en supermercados, en viviendas o en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas en Madrid.

En noviembre de 2011, cuando se anunció la disolución de la banda, Pérez Rubalcaba señaló: “Para la gente ha acabado el terrorismo, pero para las víctimas, no. Para ellas sigue estando presente cada mañana, cada tarde y cada noche porque tienen a sus seres queridos enterrados. Por tanto, no hay que olvidarles nunca y por ellas hay que construir un relato de verdad de lo que pasó. Y lo que ocurrió es que la democracia ganó y ETA perdió”.

Pérez Rubalcaba, el político socialista, es ejemplo de que el tesón y las convicciones son indispensables en las tareas de seguridad, porque la justicia llega tarde o temprano, inclusive en los territorios nevados y boscosos de Los Alpes.

 

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