“Madre de tres, voluntaria y promotora de arte popular”, así se define Juana Cuevas en su cuenta de Twitter, red social en la que su imagen de perfil es una foto de ella besando en la mejilla a José Antonio Meade, su esposo por 23 años y virtual candidato presidencial por el PRI.

La licenciada en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), en donde conoció al ex secretario de Hacienda, saltó a la escena pública cuando Meade anunció su precandidatura por la coalición todos por México, integrada por el PRI, el Partido Verde y Nueva Alianza.

Desde entonces, asiste a cada una de los eventos del candidato, interactúa con los simpatizantes priistas, responde cuestionamientos de la prensa y sus fotos aparecen con frecuencia en las redes sociales de Meade.

Esta sobreexposición de la imagen de Cuevas no es fortuita, advierte Andrés Elías, consultor político en Comunicación Digital.

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“El uso de la imagen de Juana Cuevas en la campaña de Meade tiene que ver directamente con una imagen que quieren posicionar: un hombre de familia y con el objetivo de mimetizarse con un ciudadano común y corriente, porque es lo que se busca en esta campaña: menos PRI y más Meade”, apunta el también creador de Datametrix, un sistema digital de análisis y predicción de intención de voto.

La integración de las esposas a las campañas electorales, generalmente, también busca formar una imagen “suave” y más social de los políticos que buscan la silla presidencial o algún puesto de elección popular.

En ese sentido, Cuevas representa una de las cartas fuertes de la campaña de Meade, sin embargo, desde la perspectiva del asesor de marketing, está siendo utilizada en un momento muy temprano de la contienda, además de no estar generando el impacto que se busca.

“Se trata de una imagen empática, cercana a la gente, tiene una historia muy interesante, pero este no era el momento para exponerla a la atención mediática, es una carta muy agresiva. Al revisar los números de Juana Cuevas, por lo menos en redes sociales, creo que ella no causa demasiado impacto todavía y se refleja en el número de seguidores”, detalla el especialista en entrevista con Forbes.

Pero Cuevas no es la única bajo los reflectores de la campaña política. Beatriz Gutiérrez Müller, escritora de 49 años y esposa de Andrés Manuel López Obrador, apareció en noviembre del año pasado en un video que se propagó con velocidad en el que interpreta “El Necio”, canción de Silvio Rodríguez, mismo que forma parte del documental sobre la vida del candidato de Morena.

La presencia de Gutiérrez Müller es menos constante y está más en sintonía con el rol tradicional que se les asigna a las esposas de los candidatos en elecciones pasadas e incluso a las Primeras Damas de los países de América Latina.

Por su parte, de Carolina Martínez, licenciada en administración y esposa de Ricardo Anaya candidato a la presidencia por la coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, se sabe poco y existen pocos registros de su acompañamiento en actos públicos a su cónyuge, con quien tiene tres hijos.

“Generalmente en los países de Latinoamérica el papel de la Primera Dama ocupa un rol muy secundario. En contraste, en Estados Unidos tienen un perfil menos allegado a la política, pero más enfocado en temas sociales, por ejemplo, Michelle Obama, quien encabezó muchas iniciativas como la de la campaña para erradicar el sobre peso y la comida chatarra en las escuelas”.

La esposa de Barack Obama es una muestra del éxito que puede tener la integración de una esposa a la campaña, así como en algunas actividades de gestión de una administración. Después de todo, no sólo era la abanderada de la campaña pública para reducir la obesidad infantil en Estados Unidos, Let’s Move, sino que apareció en más de una decena de portadas de revistas de moda o política, participó en programas de televisión, pronunció discursos a favor de su esposo en las contiendas electorales e incluso, la imagen del abrazo entre ella y el ex presidente estadounidense, fue el mensaje con más retuits en la historia hasta 2012.

La imagen de Michelle Obama, así como la de la familia presidencial se cuidó hasta el último detalle, pero sobre todo fue llevada con congruencia entre lo que expresaba el presidente y las acciones de la familia entera.

“Era una familia que reflejaba cercanía y una vida en la media de lo posible, muy similar a las familias promedio de ese país, cosa que no ocurre en México. Parece más como un grupo de privilegiados que están en el balcón presidencial”, apunta Elías.

En algunos casos, más que integrar a sus parejas a una campaña por un puesto de elección popular, los equipos de los candidatos prefieren mantenerlas con mucho celo lejos de los reflectores. Tal es el caso de Melania Trump, cuya presencia en actos públicos, ya sea por su forma de vestir o cuando fue acusada de plagiar un discurso de Michelle, ha generado efecto negativo.

 

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