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*Este texto fue publicado originalmente el 23 de agosto de 2016.

 

Por Paul Savage*

¿Cuál ha sido la mayor innovación de Elon Musk? ¿Comercializar los vuelos espaciales? No. ¿Popularizar los vehículos eléctricos? No, aunque en ese departamento tiene mucha competencia. ¿Revolucionar el transporte público? Eso ciertamente ha llamado la atención.

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No es ninguna de éstas. El mayor avance emprendido por Musk, el que no va a detenerse y se encuentra al nivel de sus muy publicitadas empresas públicas, es tan grande que la mayoría de la gente no puede verlo. No obstante, sus consecuencias serán tan grandes que tocarán las vidas de casi toda la población del planeta durante la próxima generación.

Musk ha roto una barrera que ha frenado la innovación y evitado una reducción de precios y lo ha logrado abordando dos mercados con un frente común: Estamos viendo cómo comparte componentes clave entre sistemas de energía estacionarios (como los encontrados en un edificio de oficinas o departamentos) y los sistemas electrónicos que vemos cada vez más en los vehículos, uno de los cambios más radicales que hemos visto desde la invención de los semiconductores. Esto hace que la adquisición de SolarCity parezca brillante en términos de alineación para el crecimiento a largo plazo.

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¿Cuál es la parte que hace historia en este caso? Es una pequeña batería cilíndrica que luce mucho como aquellas que compras en Walgreens, pero con un alma de iones de litio que alimenta a las computadoras portátiles de hoy. Musk ha basado astutamente la sexy flota de Tesla, y su Power Wall (que es en realidad una gran batería para el hogar) en este diseño probado bajo costo. Él y Panasonic se ha propuesto fabricar miles de millones de ellas en una gigafactory en Nevada, y tienen dos grandes mercados a los cuales entrar.

El principal componente en los autos y los bancos de energía caseros es una batería, que no sólo almacenan carga eléctrica, sino que también administran el flujo a los sistemas a capricho de los usuarios de los aparatos que alimentan. Aún más importante, la batería es un dispositivo de corriente directa (DC por sus siglas en inglés).

La DC es la sangre de nuestra era digital, y la moneda común de todos los dispositivos electrónicos.

La evidencia de un progreso real que hizo posible este gran avance, sin embargo, no llegaría hasta que Tesla lanzó su Power Wall en 2015, que contiene el mismo componente de almacenamiento que se encuentra en sus autos. Esta integración de la cadena de suministro de piezas entre el mundo automotriz y el de estaciones de energía desencadenará una nueva interoperabilidad entre estos sistemas que tendrá efectos profundos en ambos mercados.

Las microrredes DC escalables resultantes ayudarán a dar acceso de forma más rápida a la energía eléctrica a los 1,500 millones de personas que no lo tienen, darán una mayor eficiencia y flexibilidad a los que están en la parte superior de la pirámide económica, y ofrecerán buenos elementos nuevos a cada una de las personas en medio.

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La cadena de suministro de fabricación y logística de estos sectores también cambiará para mejor: los edificios se beneficiarán del enfoque de los ingenieros automotrices sobre eficiencia y confiabilidad, y los mercados de vehículos eléctricos e híbridos se beneficiarán de un repunte te 300% en la demanda de sus componentes para los sistemas de generación estacionaria, lo que ayudará a bajar los precios en el mediano y largo plazo.

Desde mi punto de vista, el pescado más grande de Musk está bien atrapado en el anzuelo y es un catalizador que permitirá algo similar a una revolución industrial, pero para la infraestructura de la economía digital. Éste es el tipo de innovación disruptiva que mueve mercados y cambia vidas.

 

*Paul Savage es CEO de Nextek Power Systems y presidente de la EMerge Alliance.

 

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