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Mark y Britnee Johnston se pusieron una meta y trabajaron dos años por ella: 26 países, 78 ciudades, 48,000 dólares y un año más tarde tienen cientos de experiencias que contar.

Este texto se publicó originalmente el 31 de agosto. 

 

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Por Lauren Gensler

En 2011, Mark y Britnee Johnston hicieron su primer gran viaje como pareja, volando al otro lado del mundo, hasta Vietnam. Habían juntado sus días de vacaciones de un año para hacer el viaje, algo común entre los estadounidenses, que sumaba dos semanas.

Mientras viajaban de Hanoi a Ho Chi Minh City, se encontraron con compañeros de viaje que acababan de comenzar sus aventuras y hablaban de sus planes para pasar meses o incluso años recorriendo el mundo. De pronto, dos semanas no parecían suficientes, sobre todo cuando se dieron cuenta de que tendrían que esperar todo un año para viajar de nuevo. “Cuando llegamos a casa nos quedamos un poco insatisfechos, nos quedamos con ganas de mucho más”, dice Mark.

No pasó mucho tiempo para que Britnee tuviera una idea loca: ¿Por qué no dejarlo todo y ver el mundo?

En ese entonces, la pareja vivía en Utah, donde Britnee trabajaba como directora de Comunicaciones en una ONG, y Mark era fotógrafo en un periódico local. Todavía eran relativamente libres, no tenían hijos ni una casa que pagar. También estaban en busca de un cambio.

“Siempre he estado enfocada en mi carrera y había estado trabajando mucho”, dice Britnee, de 27 años, quien agrega que nunca estudió en el extranjero durante la universidad. “Empecé a sentir que me estaba perdiendo de algo.”

Saltando de alegría en el Salar de Uyuni, Bolivia. (Foto: Mark Johnston,)

Mark, de 35 años, había llegado a la conclusión de que estaba en un puesto sin salida y sin perspectiva de un ascenso o un aumento. Armado con un título en comunicación, comenzaba a hacer una transición desde el periodismo a las relaciones públicas, lo que requeriría que dejara su trabajo de todos modos.

Sin embargo, él tenía dudas sobre si ese dinero sería mejor invertido en el enganche de una casa o en un fondo de ahorro para el retiro, o si iba encontraría su empleos cuando volviera. También se preguntó si estaba demasiado viejo y si había perdido su oportunidad, y si en vez de viajar debía enfocarse en el avance de su carrera y en echar raíces. Se arrepintió de pasar 20 años corriendo de una cosa a otra, de inscribirse a la universidad justo después de pasar seis años en la Infantería de Marina y luego saltar a un trabajo de tiempo completo.

Mientras lidiaba con estas preguntas, Mark leyó The New American Road Trip Mixtape, en el que Brendan Leonard, de 32 años, emprende un viaje en busca de sentido después de una ruptura. Estas palabras resonaron en él: “El tiempo para hacer un Grand Tour es ahora, cuando has cometido algunos errores, conseguido algunas cicatrices en la batalla de la vida, y puedes pensar en todas esas cosas allá afuera.”

Decidió que era mejor tarde que nunca, y que su edad de hecho le permitiría sacar más provecho de un viaje, Mark estaba determinado. Con calma, la pareja empezó de deshacerse de la deuda y a ahorrar dinero. Su objetivo: Ahorrar el dinero suficiente para renunciar a sus empleos y viajar por el mundo durante un año.

Esnorqueleando cerca de Maya Bay en Tailandia. (Foto: Britnee Johnston.)

“Conocimos a personas que hablaban de cosas grandes que nosotros no habíamos hecho nunca. No queríamos que eso nos sucediera a nosotros, así que empezamos a planear”, dice Mark.

Se deshicieron de los saldos existentes en sus tarjetas de crédito y los préstamos de automóviles con los ahorros que tenían desde que se casaron, en 2012. Eso los dejó con un saldo que rondaba el cero.

Ninguno de los dos tenía que pagar préstamos estudiantiles, ya que Britnee había recibido becas para cubrir sus colegiaturas, y Mark es un ex miembro de Infantería de Marina patrocinado por el Ejército.

Su siguiente objetivo fue ahorrar agresivamente. Según sus cálculos, necesitaban alrededor de 40,000 dólares para hacer un viaje de un año.

Para llegar a esa cifra, Britnee había estudiado minuciosamente una gran cantidad de blogs de viajes que habían publicado presupuestos detallados. También había cotizado todos los gastos importante, incluyendo el costo de los boletos de avión y hoteles en las fechas que esperaban hacer los viajes y el costo de las visas para cada país país. (Rusia cobra 410 dólares por una visa.) Ellos estimaron el costo de comer en todos los lugares, desde Francia hasta Mongolia y lo mucho que había que pagar por atracciones caras.

Halong Bay, Vietnam. (Foto: Mark Johnston.)

“Quizá me excedí un poco en la planificación”, dice un poco tímidamente Britnee, quien tomó las riendas en la planeación. “Ella es un poco obsesiva”, dice Mark, quien resume su participación a sentarse a ver lo que le ocurría y asentir en signo de aprobación.

A diferencia de muchas parejas casadas, decidieron empezar a manejar su dinero por separado en la preparación del viaje. Cada uno se fijó una meta de ahorro de 20,000 dólares, la cual provino de ahorrar casi 1,000 dólares por mes durante casi dos años. “Cada uno se hizo responsable del cumplimiento de esa meta, era un esfuerzo en equipo y no queríamos decepcionar al otro”, dice Mark, que describe un sistema de ahorro que era al mismo tiempo competitivo y cooperativo.

Junta, la pareja ganaba aproximadamente 80,000 dólares anuales. Decidieron ahorrar la mitad de sus cheques de inmediato, para no tener la tentación de gastar el dinero. Cada mes dividían su renta de 1,000 dólares, servicios, despensa y otras cuentas.

Luego trabajaron juntos para mantener a raya los gastos. Durante dos años salieron menos, se resistieron a actualizar sus teléfonos, comieron latas y más latas de atún. Mark comenzó a sus frecuentes visitas a su tienda de campismo favorita, y Britnee reprimió su pasión por los viajes y enfocó su energía en hacer planes y contar los días.

Sin embargo, no todo el tiempo hubo sacrificios. La pareja se dice agradecida de que le encante el aire libre y de poder dar largas caminatas, escalar y hacer ciclismo de montaña a sólo 10 minutos de su casa. También tomaron la decisión de mantener sus membresías del gimnasio y la suscripción a Netflix, pensando que era importante continuar con el ejercicio y que ver películas era un buen sustituto barato para una noche en la ciudad.

“Nos dimos cuenta que no teníamos que ir a extremos para esto”, dice Mark. “Al principio nos sentimos intimidados por el recorte de gastos y vivir una vida frugal, pero no fue tan malo.”

Además de ver vigilar sus gastos, ambos tomaron empleos freelance: Mark tomaba asignaciones fotográficas y Britnee a veces se quedaba dos o tres horas más después del trabajo redactando contenidos y manejando redes sociales para sus clientes.

Esto les ayudó no sólo a ahorrar lo suficiente para su viaje, sino que les permitió continuar invirtiendo a largo plazo para su retiro y sus seguros de gastos médicos. También querían un colchón para cuando regresaran y ahorraron cerca de 10,000 dólares en un fondo de “vuelta a casa”.

Con un wallaby en el Featherdale Wildlife Park, a las afueras de Sydney, Australia. (Foto: Mark Johnston.)

“Durante el par de años que estuvimos ahorrando, nos dimos cuenta de lo fácil que era”, dice Britnee. “Cuando llegamos a casa, podríamos empezar de nuevo.”

La pareja había planeado originalmente partir en agosto de 2014, cuando terminara su contrato de arrendamiento, pero debido a problemas de visado tuvo que acelerar su salida a mayo. Por desgracia eso significaba enfrentar un cargo de 2,000 dólares por la cancelación anticipada de su contrato de arrendamiento. Su solución estratégica: Pagar el cargo, dejar el departamento antes y compensar los 2,000 dólares mudándose con los padres de Mark durante marzo y abril. Su estancia de dos meses en el sótano de la casa de sus padres les ahorró exactamente lo suficiente para compensar el costo de terminar su contrato de arrendamiento antes de tiempo.

Cuando dejaron su departamento decidieron quedarse sólo un coche, vender el otro y guardar todos sus muebles importantes en una unidad de almacenamiento (“como tetris”, dice Mark), para poder reiniciar sus vidas con relativa facilidad. Entonces, un día, entraron en las oficinas de sus jefes y les informaron que renunciaban.

Poco después, con sus pertenencias metidas en una mochila y los pasaportes en la mano, abordaron un avión a Tokio y arrancaron una aventura de un año.

La pareja pasó sus primeros dos meses en Japón y China. Luego tomaron el tren Transiberiano, atravesando Mongolia y Rusia antes de hacer una extensa gira por Europa y regresar al sudeste de Asia y terminar su viaje en América del Sur. Ellos detallaron sus aventuras en su blog, OneWorldOneYear.com.

En uno de los últimos tours en el viaje a lago Titicaca en Perú.

Al principio eran bastante rígidos en su intención de gastar lo menos posible para asegurarse de que sus ahorros alcanzaran a cubrir todo el año, e incluso compensaron un costoso viaje inicial comiendo menos. Mark, que mide 1.83 m, 9 cm más que su esposa, tuvo un momento particularmente difícil con esa táctica y comenzó a perder rápidamente peso.

“Decidí ser mucho más indulgente”, dice Britnee sobre su decisión de olvidarse de sus hojas de cálculo. “Me di cuenta que no era tan divertido hacer un seguimiento de nuestras finanzas en tiempo real.”

Sobre todo en vacaciones. Eso no quiere decir que derrocharan. A menudo se quedaron en hostales de menos de 30 dólares por noche, donde lavaban su ropa a mano y usaban la cocina del hostal para preparar sus comidas. También visitaron a amigos y familiares (Mark es de Escocia y tiene familia en Finlandia) cada vez que tenían la oportunidad. La pareja también cazó opciones de transporte más económicas, que en un momento los llevaron a abordar un Megabus por 1.50 dólares desde París a Barcelona. Sin embargo, a veces compran agua embotellada, toman vuelos en líneas ligeramente más caras (pero más confiables) y, ocasionalmente, compran recuerdos y postales.

Los Johnston tenían la ventaja de ser flexibles y capaces de planear el futuro; a veces ajustaron su itinerario basándose en el precio. Por ejemplo, se quedaron en Noruega, donde la sopa de pescado cuesta 16 dólares, por sólo cuatro días. Sin embargo, acabaron quedándose en la región de Annapurna de Nepal por un mes, donde gastaron apenas 36 dólares en todo el mes quedándose en casas de té.

Al final todo parecía equilibrarse.

“Cuando visitamos países que son caros, como Noruega, sabíamos que podríamos compensarlo con los lugares más baratos, como el sudeste de Asia y Finlandia, donde nos alojamos con la familia de Mark”, dice Britnee.

Las cifras finales: 26 países, 78 ciudades, un año. El costo final: 48,000 dólares, 8,000 más que su presupuesto original.

Parte del costo añadido se debió a la decisión de ir a Bolivia y Turquía, que no estaban planeados originalmente. También descubrieron a la mitad de sus viajes que podían esperar un reembolso de impuestos de tamaño considerable. Así que entre la restitución del Tío Sam y un poco de ayuda de su fondo “vuelta casa”, fueron capaces de volver a casa con cero deuda y algo de dinero de reserva.

Su regreso a casa ha sido un éxito aplastante. Ambos consiguieron empleo: Britnee fue contratada en la primera semana de regreso a casa, en mayo, y Mark comenzó a tiempo completo en relaciones públicas a principios de agosto.

También se mudaron de Orem a Salt Lake City, y optaron por un departamento más lindo que el que tenían anteriormente, sucumbiendo a su deseo de tener un lugar cómodo para vivir después de un año en la carretera.

“Estamos mejor ahora que cuando nos fuimos, en términos de ingresos y de nivel de vida”, dice Mark.

Ahora que los dos tienen trabajos a tiempo completo, comienzan a poner sus finanzas en orden y a urdir un plan para volver al mismo régimen de ahorro que tenían antes del viaje. Calculan que si pudieron ahorrar la mitad de sus ingresos antes, cuando ganaban menos, pueden hacerlo ahora.

No harán otro gran viaje, al menos en el corto plazo. Para sus próximas vacaciones imaginan una escapada a la playa en algún momento durante las fiestas de invierno.

“No tienes que ser millonario para viajar, ésa es una idea falsa que se ha vuelto popular”, dice Britnee.

 

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