Es irónico que México (y la megalópolis) le deba su estabilidad territorial a las tan mal vistas y malentendidas organizaciones populares.

 

 

Uno de los grandes misterios de México es cómo puede el país mantenerse estable. Al momento que se entiende la estabilidad de México también se podría imaginar si realmente es posible, como ha sugerido el presidente Enrique Peña Nieto, que haya intentos de desestabilizarlo o que se encamine hacia ese proceso. Y también al entenderlo se podrían plantear escenarios de cómo se vería la megalópolis del Valle de México en un país en crisis.

En general, la visión no alarmista sobre la estabilidad territorial de México es que las cosas no están tan mal como parece. Ésta es la óptica optimista detrás del “Mexican Moment” publicado en The New York Times, el “Saving Mexico” de Time Magazine, el “Tigre Azteca” del Financial Times. Éste fue también el discurso entero del gobierno de Felipe Calderón. Sin embargo, hablando como periodista uno sabe que en general la realidad en México está mucho peor de lo que uno imagina. ¿Piensa que hay algo malo pasando en algún aspecto de la vida mexicana y no lo ha investigado? Al momento que empieza a hacerlo se va a dar cuenta que es mucho peor: ¿43 estudiantes desaparecidos? Búsquelos y encuentra seis fosas clandestinas con cuerpos de otras personas. ¿Investiga las fosas? Y encuentra un panteón clandestino. Ésta es la dinámica.

Cuando la gente usa el argumento que las cosas no son tan malas como aparentan en México, normalmente es porque no conocen o no quieren reconocer la realidad. Descartamos esta ficticia cómoda para buscar un trasfondo real de la estabilidad mexicana.

El mayor aprendizaje que tuve de la investigación de la periferia de la megalópolis es que gran parte del territorio está en manos de organizaciones populares. Generalmente, estas organizaciones, como el Frente Popular Francisco Villa XXI, Antorcha Campesina, las comunidades de los pueblos rurales o todos las organizaciones de tianguistas, colonos y transportistas están vistos como algo pre-moderno, ligeramente mafioso, “informal” y un freno al desarrollo del país. Sin embargo, el verdadero control territorial a nivel local recae en sus manos. El eminente historiador Charles Gibson escribió que el proceso de la conquista española era uno en que se eliminaban las elites de la sociedad indígena dejando intactas las estructuras de administración locales. Y México todavía tiene algo así –aunque la sociedad ha perdido su cabeza a nivel local, los órganos siguen funcionando.

Hace un par de meses iba a Puebla sobre la carretera de cuota cuando se paró el camión. Salí, y al investigar me di cuenta que los choferes de micros en San Martín Texmelucan habían cerrado la carretera para protestar por un cambio en sus rutas. Igualmente, los pobladores de Tres Marías recién cerraron el paso de la carretera hacia Cuernavaca para recuperar a un compatriota secuestrado. El verdadero indicador de la inestabilidad en México no es el número de manifestantes en el Zócalo; más bien es el número de retenes sobre las carreteras. Esos, finalmente, son la expresión del control territorial, y como en una forma mucho más sutil, lo son los topes que tanto encantan al mexicano.

Tomemos a Antorcha Campesina como ejemplo de una organización popular con fuerte presencia en el Valle de México. Un militante me comentó que esta organización tiene 1.5 millones de miembros a nivel nacional. Controlan la presidencia municipal de Ixtapaluca, que tiene una población de 467,000 personas. Y lograron, sin problemas, llenar el Estadio Azteca con 150,000 personas por su 40 aniversario. Se supone que no tuvieron que hacer un gran esfuerzo para meter a estas 150,000 personas sobre la carretera a Puebla. Es claro que esta organización podría causar mucha inestabilidad. Pero no lo ha hecho.

En contraste con las manifestaciones en contra del actual gobierno en Facebook y el Zócalo, las organizaciones populares locales sí tienen exigencias muy concretas y realistas. Por lo mismo es posible negociar con ellos como gobierno. La dinámica de la inconformidad de las organizaciones populares consiste en la formulación de demandas concretas, una muestra de fuerza de parte de la organización, la negociación y luego el retiro de la fuerza popular al cumplirse un resultado satisfactorio. A veces las organizaciones se suman a movimientos sociales más difusos para mejorar su posición de negociación. Por esta razón, muchas marchas políticas se inflan tanto. Y la misma dinámica se ve con las manifestaciones actuales sobre el caso Ayotzinapa.

Los intereses de las organizaciones son muy particulares. Por lo mismo, difícilmente caen en una dinámica de desestabilización porque el gobierno puede negociar acuerdos muy puntuales. Al mismo tiempo es más difícil para otras fuerzas, como los cárteles del narco, controlar territorios en manos de estas organizaciones.

La verdadera inestabilidad para la Ciudad de México no tiene nada que ver con marchas que llenan Reforma y el Zócalo, ni con bombas molotov arrojadas en contra de edificios simbólicos. La inestabilidad para la megalópolis del Valle de México significa cierre de las cinco carreteras sobre las cuales llegan todos los consumibles e insumos de la megalópolis por las comunidades aledañas. El aumento de la inestabilidad no se vería en un sitio de la ciudad; más bien en la frecuencia y duración de los cierres. Mientras el gobierno está en una posición para negociar las demandas locales inmediatas, realmente es difícil pensar que la ciudad en sí podría sufrir desestabilización territorial.

Es irónico que gracias a estas organizaciones populares, tan mal vistas, México deba la estabilidad territorial que tiene. En general, los políticos son frívolos y corruptos, los empresarios rapaces, los consultores expertos incompetentes, las clases medieras comodinas, el sistema de justicia inexistente y los aliados internacionales, pues, son de otro planeta –todo lo que se asuma como pilar de la estabilidad es, en realidad, lo contrario–. La razón de que México es tan estable (y conservador) es que está reclinado en las espaldas de sus malentendidas organizaciones populares.

 

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Facebook: Feike De Jong

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

La cafetería tapatía que quiere conquistar la Ciudad de México
Por

Aun cuando sus rivales afirman que ya no hay locales disponibles, la Borra del Café es una marca de cafeterías que plane...