SAN FRANCISCO, California.- La percepción que tienen los Latinoamericanos sobre el estilo de vida del ciudadano corriente de Estados Unidos dista de la realidad en casi todas las lecturas. Esto se debe a que economía, sociedad y cultura en el país del norte se han construido sistemáticamente, a partir de la ambigüedad entre una cara para mostrar y otra, que prefieren dejar lejos de la vista del mundo, que aún cree en el sueño americano y aspira con tener al menos un pedazo de la experiencia “gringa”.

En California, los coches Uber y Google sin conductor atraviesan las calles mientras que en los pueblos cercanos los coches están carcomidos por el óxido. El número de indigentes aumenta mientras llegan más empresarios del mundo de la tecnología, la distancia que marca la inequidad se hace cada vez más evidente.

El mundo del consumo abre sus brechas día a día, logrando que los productos más naturales y vanguardistas sean parte del estilo de vida de los más adinerados, mientras el problema de la obesidad se termina de ubicar en los niveles socioeconómicos bajos a partir de un cambio en el nivel de precios y acceso de los alimentos procesados. Grandes edificios versus grandes estacionamientos de personas que viven en casas rodantes.

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Así las cosas, la situación de una parte importante de los ciudadanos de Estados Unidos, más allá de su ascendencia es similar: los bolsillos más vacíos que llenos, las cuentas pendientes aumentando y las posibilidades de crecer cada vez empeoran por muchos factores que van, desde la disminución de la producción local, hasta el aumento considerable de inmigrantes legales e ilegales que han llegado a este país.

Acá estará una de las principales “amenazas” que siente el hombre blanco norteamericano que, de acuerdo con Michael Moore, siente que pierde espacio entre una suerte de personas -más allá de los afroamericanos- que alteran sus costumbres y disminuyen las posibilidades de obtener empleo.

La realidad muestra que más allá de nuevos productos en el mercado, para los cuales siempre han sido expertos, la calidad de vida del norteamericano promedio se ha quedado estancada durante las últimas dos generaciones, hechos como el aumento de la deuda por educación superior, gasto en deuda por crédito y otros indicadores demuestran que son cada vez más pocos lo que logran cumplir el sueño.

Este es el escenario de la que es quizá la elección más importante que los Estados Unidos han tenido en su historia contemporánea, con dos protagonistas que se han adueñado de diferentes parte de las necesidades para crear uno de los discursos más polarizados que se hayan visto.

Será la polarización lo único en común entre percepción y realidad, el patrón de comportamiento de Estados Unidos y el mundo, porque el enfrenamiento de posiciones extremas es el común denominador de los fenómenos políticos, sociales y culturales que vive Europa, Asia y América Latina. Es el día a día de todas las personas y todos los niveles socioeconómicos, con un final que se ve distante y relacionado con el cambio en los cimientos mismos del capitalismo y su rol en el futuro de la humanidad.

De acuerdo con un estudio desarrollado por el London School of Economics, la polarización que se vive en la actualidad tiene un impacto en los procesos electorales, que parte de una “doble moral” donde se enfrenta la forma de pensar que es “políticamente correcta” en la conversación con las inconformidades que tiene el ciudadano en su cotidianidad, haciendo que una persona cuando socializa afirme que está de acuerdo con un tema y en las urnas de votación muestre lo contrario como un ejercicio “silencioso” de hacer valer ese punto de vista que no se atreve a decir.

De acuerdo con personalidades y analistas norteamericanos como Bill Maher y Johann Hari esto estuvo detrás de casos como el Brexit y la aprobación de los acuerdos de paz en Colombia. Este fenómeno también aplica a otros aspectos relacionados con racismo, igualdad de género, preferencia sexual entre otros.

¿Será este el destino de las votaciones de hoy? En medio de una campaña manipulada con altas dosis de show mediático todo se puede esperar, el último acto de las elecciones tiene su escena final, la más esperada, porque al mejor estilo de Hollywood se podrá corroborar qué tanto la opinión oculta de los votantes, esa que las firmas encuestadoras no logran predecir, mueve la balanza mientras corrobora la verdadera cara de la realidad de Estados Unidos a través del sagrado derecho al voto.

 

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