El propósito real de Putin va mucho más allá de defender compatriotas, pero nunca lo hará público: defenderse de la artera intrusión de Estados Unidos en su vecindario.

 

Estados Unidos apoya de forma abierta al nuevo gobierno anti-ruso de Ucrania, y el bloque de países opositores, encabezado por Rusia y China, lo saben muy bien. En palabras pronunciadas este martes por el presidente Vladimir Putin, el país que gobierna Barack Obama experimenta con otras naciones “como si fueran ratas, sin entender las consecuencias de lo que hacen”. Y tiene razón.

Esto que no es ninguna novedad, viene al caso de nuevo con la reciente escalada de tensiones bélicas entre las dos naciones vecinas, que alguna vez formaron parte de la Unión Soviética. Putin se defiende de las acusaciones occidentales de “clara violación” de la soberanía e integridad ucranianas por la invasión militar de Crimea, respondiendo que muchas de las intervenciones militares estadounidenses han sido ilegítimas, como las de Afganistán, Irak y Libia en años recientes.

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Putin lamenta que los experimentos americanos hayan conducido ahora a una farsa en la que no se respeta ninguna Constitución en Ucrania, aludiendo desde luego a la salida forzada del poder del presidente Víctor Yanukóvich, contra quien se perpetró un “golpe de Estado” con la complacencia de los aliados de la OTAN. La importancia geoestratégica de Ucrania, es muy elevada.

No por nada para Rusia, Yanukóvich continúa siendo el presidente legal, y su sucesor, Oleksandr Turchynov, un presidente ilegítimo. En este sentido, la actuación rusa en Crimea respondió, según Putin, a una “solicitud oficial” realizada por el propio Yanukóvich.

Asimismo, advirtió a los poderes occidentales que quieren imponer sanciones para aislar a Rusia, que son ellos quienes deberían pensar en las consecuencias, pues “el daño sería mutuo”. Seguro que no es coincidencia que ayer mismo sus Fuerzas Estratégicas probaran un Misil Balístico Intercontinental desde una región cercana al mar Caspio y que impactó su objetivo en Kazajistán.

No hay duda. El gobierno de Moscú no dará un paso atrás en sus intenciones declaradas de actuar conforme a sus intereses, y en defender a ciudadanos rusos y rusohablantes, sobre todo, en la parte oriental ucraniana. Cabe recordar que el nuevo gobierno de Kiev, ha prohibido el uso de ese idioma como oficial, lo que ha causado irritación entre los habitantes orientales.

Desde luego, el propósito real de Putin va mucho más allá de defender compatriotas, pero nunca lo hará público: defenderse de la artera intrusión de Estados Unidos en su vecindario.

La visita del secretario de Estado, John Kerry a Kiev, y el anuncio de un paquete de ayuda financiera por mil millones de dólares, son la prueba clara del respaldo de Obama al nuevo gobierno ucraniano, que aborrece todo lo que huela a Rusia.

EE.UU. es pues, el titiritero que mueve los hilos de la nueva administración en Ucrania, calla frente a la violencia de grupos ultranacionalistas de ese país –que quizá financia, y que avanza así en su meta final de largo plazo: debilitar a Rusia, que junto con China, constituyen los dos últimos grandes bastiones de resistencia contra la hegemonía estadounidense.

Con esto en mente, se puede entender mejor la complejidad de los alcances de este conflicto, que podría terminar con la división de Ucrania en dos partes. Ninguno de los bandos, el estadounidense y el ruso, se rendirá.

Desde luego, si bien puede explicarse el actuar de los rusos, lo cierto es que nada justifica la invasión de un país soberano.

Esta es una reacción tardía que trata de corregir un problema que Putin debió atender de forma preventiva. Al no hacerlo, permitió que los occidentales penetraran en su zona de influencia y será muy difícil que ahora lo puedan cambiar. Intentarlo por la fuerza no solo no tendría los resultados esperados, sino que el costo material y humano sería demasiado elevado. Los radicales ucranios ultranacionalistas, con el apoyo de Obama, han ganado un poder que no soltarán.

A Rusia entonces no le queda más que recurrir a la Inteligencia, para evitar futuras incursiones auspiciadas por Washington que terminen por acorralarla, y en el peor de los casos, por someterla.

De igual modo, debería prepararse –también como China, para contraatacar a Estados Unidos en su talón de Aquiles: el dólar. Y es que por ahora, una amenaza rusa de suspender o disminuir sus exportaciones de petróleo y gas para afectar a Europa y EE.UU., solo agravaría las tensiones en su perjuicio, por lo que las opciones se reducen. La vía armada, parece descartada pese a los discursos.

Del otro lado, Washington no disparará el primer tiro ante el riesgo real de un colapso general en Wall Street, en medio del agotamiento de la supuesta “recuperación” económica.

Entonces, dado que un enfrentamiento militar EE.UU. – Rusia a través de Ucrania estaría descartado por ahora, la única opción real para los rusos es acumular oro a tasas más elevadas de las que mantiene en la actualidad. Cabe recordar que hoy día todo el oro que extrae se queda dentro de sus fronteras, pero es insuficiente.

Se necesita mucho más oro que tendrán que importar, para aumentar su poder e influencia en el nuevo sistema que resurgirá entre las cenizas, luego del inevitable colapso del actual basado en deudas exponenciales y dinero fíat (papel).

Ese derrumbe obligará a un replanteamiento de fuerzas en todo el orbe, y al inicio de una nueva era, en la que la transferencia de riqueza que está ocurriendo de Occidente hacia Oriente, supondrá para Rusia y China la gran oportunidad de afianzarse como súper potencias.

Toca a Rusia analizar lo que le conviene pero el tiempo se le acaba. No responder pronto podría poner en riesgo su propia seguridad nacional, y la colocaría en peligro de caer en manos del “Gran Titiritero”.

 

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