Por Aaron Tilley

El creador de la Hover Camera, Meng Qiu “MQ” Wang, saca un dispositivo pequeño y rectangular que de entrada parece un disco duro portátil. Despliega el cuerpo, presiona un botón en la parte superior y lo lanza al aire. Inmediatamente comienza a flotar sin problemas (aunque con mucho ruido) en su sitio. Este drone tiene cuatro hélices encerradas en una rejilla de fibra de carbono, lo que da la impresión de que flota mágicamente. MQ camina alrededor y el cuadricóptero comienza a seguirlo.

MQ es el CEO y cofundador de Zero Zero Robotics, fabricante de la Hover Camera. Con sede en Beijing, la compañía de 80 personas salió a la luz hoy después de haber trabajado en su robot durante más de dos años. La firma ha atraído 25 millones de dólares (mdd) en rondas semilla y una Serie A. Sus inversionistas incluyen a IDG, GSR Ventures, ZhenFund, ZUIG y otros. MQ y Tony Wang, el otro fundador, tienen doctorado de la Universidad de Stanford.

Dentro del Hover Camera hay un procesador fabricado por el gigante de chips móviles Qualcomm, específicamente el Snapdragon 801 Este chipset de gama alta corre todos los algoritmos de visión computarizada para seguir a la gente y evitar chocar contra objetos a su paso. En la parte delantera del drone hay una cámara de 13 megapixeles capaz de grabar video en 4K y en la parte inferior la nave tiene una cámara que mira hacia tierra y un sonar que le ayuda a mantener volar de manera constante. En las entrañas, el Hover Camera tiene varios sensores más, como un acelerómetro, giroscopio y barómetro. En total, el avión no tripulado pesa sólo 240 gramos.

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En la aplicación, los usuarios serán capaces de hacer cosas como ajustar la posición del drone, elegir a qué persona debe seguir o tomar fotos panorámicas. Los usuarios pueden transferir las imágenes y el video capturado por el drone directo a su teléfono.

A diferencia de la mayoría de las startups de hardware en estos días, Zero Zero no ha lanzado una campaña de Kickstarter para su drone ni ha comenzado a recibir preórdenes. Más bien, venderá el dispositivo cuando esté listo para ser entregado, lo que probablemente ocurrirá este verano. Por el momento no hay un precio final, pero MQ dijo que estaría por debajo de los 600 dólares. El cofundaor también dijo que ya tiene un contrato en fila con un importante fabricante para empezar a producir su avión no tripulado. En este momento, la compañía trabaja en mejoras a la experiencia del software para los usuarios e intenta asegurarse de que la cámara pueda tomar video sin problemas. También busca a usuarios beta para que produzcan contenido creativo con su drone. La compañía tiene previsto lanzarlo en los mercados de China y Estados Unidos una vez que esté listo.

Zero Zero comenzó con la idea de llevar la inteligencia artificial a pequeños dispositivos. MQ estudió machine learning en Stanford y la Universidad Carnegie Mellon y le fascinaba la posibilidad de sacar la IA del centro de datos.

“Hace dos años vimos una oportunidad, la de fabricar más que drones o nuevas cámaras”, dijo MQ en una entrevista. “Lo que vimos fue una oportunidad única de integrar la IA en dispositivos compactos. Personalmente, me gusta llamarlo IA embebida. Cuando cursé mis estudios de posgrado en Stanford y Carnegie Mellon, todo se hacía en grandes centros de datos. Lo que he visto en los últimos años es que los smartphones no sólo han reducido significativamente el costo de los componentes, sino también estamos viendo enormes mejoras. Podemos usar los chips más avanzados para smartphones para correr una gran cantidad de estos algoritmos de visión por computadora.”

La empresa no es la única que trabaja en proveer más autonomía a los drones. El jugador del segmento más grande del mundo, DJI, lanzó recientemente el Phantom 4 que evita chocar contra objetos usando sus sensores a bordo para trazar el entorno. El drone Lily, que aún tiene pendiente empezar a entregar su producto, afirma que será más amigable para el usuario que DJI y seguirá a la gente de forma autónoma a través de un GPS, una cámara que mira hacia tierra y un dispositivo de localización que deberá portar el usuario. (Por desgracia, el GPS funciona terriblemente al interior de edificios.) A juzgar por la enorme campaña de preórendenes de Lily –60,000 unidades pedidas, o 34 mdd–, parece que hay una demanda real de este tipo de drones de consumo.

 

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