Por Alberto Sándel

En 2014 Nery Guzman renunció a su trabajo en una empresa de logística y un año más tarde, junto con su compañero de la universidad Edgar de León, fundó BlackBox, una consultora con sede en Ciudad de Guatemala, que con la ayuda de inteligencia artificial, aprendizaje automatizado y Big Data promete a sus clientes un incremento de 33% en las ventas de sus empresas en tan sólo un mes. Actualmente están por abrir su primera oficina en Denver, Colorado.

La consultora comenzó con una inversión de 2,000 dólares, entre ahorros y la liquidación de Nery. Desde entonces han mantenido un crecimiento anual del 40%. Frente a su competencia, BlackBox ofrece un producto de uso inmediato y multiplataforma (Zap, Oracle, Microsoft Brochure, Amazon Web Services).

Otro de sus principales diferenciadores está en su capital humano, pues el líder del proyecto que ejecutan siempre debe tener al menos 10 años de experiencia en el campo, lo que permite reconocer oportunidades de negocio para el cliente, las cuales un programador solo no podría detectar.

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Sin embargo, durante su primer año estuvieron a punto de quebrar, debido a que después de nueve meses de operación, sólo habían conseguido un cliente y 1,000 dólares de ingresos. En lugar de darse por vencidos, decidieron mirar al interior y analizar el modelo de negocio.

La legislación de su país les impedía implementar modelos de trabajo a distancia, sin embargo, tenían cierta flexibilidad con los contratos, los cuales emitían únicamente si había trabajo. Se mudaron a un espacio de coworking y por las noches se dedicaban a mejorar el producto.

BlackBox se ha ayudado de otros emprendimientos latinoamericanos cuando sus propios recursos se ven rebasados operativamente. Por ejemplo, la empresa ALT-C, les provee implementaciones web; una empresa en Guatemala y otra en Costa Rica los apoya con programadores cuando los 15 que tienen en plantilla son insuficientes; y, finalmente, una empresa más les brinda quality assurance (aseguramiento de la calidad), para su servicio, código y software.

Estos emprendedores planean una ronda de capital, pero la legislación de su país les impide un levantamiento ágil. Con leyes pensadas para empresas de la década de 1960, no pueden emitir acciones, ya que en sus estados financieros no muestran maquinaria, e incluso, sus equipos de cómputo son rentados.

 

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