Gustavo Vega, tiene 32 años, y desde hoy, imparte una clase de cine en la que enseña a sus alumnos cómo hacer una película usando solamente una herramienta que cada vez más personas traen en la bolsa: un teléfono inteligente.

El curso taller de realización cinematográfica con dispositivos móviles, fue ideado por Vega hace varios años y no fue sino hasta ahora que logró hacerlo una realidad, en parte gracias al apoyo de la Universidad Veracruzana que si bien no cuenta con una facultad de Cine, sí tiene un departamento de Cinematografía.

“Es nuestra forma de reaccionar ante la realidad de nuestro estado y el panorama que tenemos”, dice el profesor en entrevista telefónica con Forbes México, quien durante las cinco sesiones semanales del curso enseñará a los jóvenes aspirantes a cineastas todo lo necesario para crear su propia cinta usando sólo un iPhone SE.

El plan incluye master classes con diversos personajes de la industria cinematográfica y estará seguido por un mes de trabajo de campo para filmar un corto.

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“El curso está pensado sólo para la implementación de un dispositivo móvil para la realización cinematográfica y estamos descubriendo un mundo de aplicaciones para mejorar la experiencia de la realización”, dice el profesor.

Desde 2015, Vega es parte del colectivo BISTRIK7, el cual fue fundado en la ciudad de Sarajevo, Bosnia, donde durante tres años estudió la maestría en Arte y dirección cinematográfica. En el curso, impartido bajo la supervisión del director Bella Tar, Vega aprendió el oficio de cineastas como Gus Van Sant y Carlos Reygadas. De ahí surge el movimiento de los teléfonos, relata el realizador.

El uso de un teléfono inteligente para la creación cinematográfica es algo que lleva algunos años en práctica. Existen casos que incluso han llegado a festivales de cine independiente, como Tangerine, que fue grabada con un iPhone 5s y expuesta en Sundance; este corto grabado con un iPhone 4S o éste otro, grabado en 4K con un iPhone 6s. No obstante, el curso propuesto por Vega es el primero impartido en una universidad pública.

 

Nuevos formatos, nuevos retos

Producir cine en un formato tan pequeño tiene sus pros y sus contras, dice Vega: “El devenir del cine no se explica sin la reducción en el trabajo de las cámaras, cambia la manera en cómo nos acercamos a una realidad y cómo pensamos. Las posibilidades que nos dan los dispositivos móviles es un cambio, una relación más íntima entre el cineasta y su entorno.”

Si bien es cierto que los dispositivos imponen algunas limitaciones técnicas, especialmente en lo que a la óptica de la cámara se refiere, el realizador sostiene que el experimento le ha permitido explorar el ecosistema cada vez más extenso que rodea a los teléfonos móviles, y en particular al iPhone, entre ellos aplicaciones, estabilizadores, lentes y tripiés diseñados con usuarios especializados como él en mente.

Del otro lado de la balanza, dice Vega, es difícil encontrar aspectos negativos vinculados al uso de teléfonos móviles para hacer cine más allá de la complejidad de conseguir acceso al mercado, el que demanda estándares y formatos específicos: “La educación visual de los públicos no está lista para pagar por formatos que no son los tradicionales.”

No obstante, el director se muestra optimista ante el panorama. Éste curso no sólo es pionero en el uso del smartphone como única herramienta, también está respaldado por una universidad pública y consiguió una gran respuesta por parte del público. Hoy, a un mes y medio de haber lanzado la convocatoria, el curso arrancará con los 15 alumnos seleccionados, quienes recibirán instrucción gratuita y recibirán un teléfono en calidad de préstamo, facilitado por Apple.

 

 

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