En menos de ocho horas, gran parte de los veinte millones de ítems de la colección del Museo Nacional de Brasil se consumieron bajo las llamas.

Aun no hay una relación oficial de los objetos que destruyó el incendio declarado el domingo por vuelta de las 19:30 horas, de causas desconocidas, y que arrasó con la institución científica más antigua de Brasil.

Sin embargo, paleontólogos de renombre, como el español Cástor Cartelle, funcionarios del museo y representantes de la universidad al que estaba vinculado, la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), manifestaron su pesimismo ante la posibilidad de recuperar objetos de la colección.

“No tenemos información sobre el resultado de la investigación. Hasta que no se vayan los bomberos, no conseguiremos entrar en el edificio. Así que no sabemos que se llevó y que sobrevivió al fuego”, afirma el asesor del museo, Márcio Corinto, en declaraciones a Forbes México.

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Material irrecuperable

Los más de 13,500 metros cuadrados de edificio, la mitad de la superficie de la Torre Latinoamericana, custodiaban el acervo histórico que el museo había ido recolectando a lo largo de sus 200 años de vida por medio de excavaciones, adquisiciones y permutas.

Entre otros, incluía la primera colección de momias egipcias de América Latina; esqueletos de dinosaurios; trajes de ceremonias de los indios brasileños con más de 100 años de historia, o cuadros, muebles y objetos de la nobleza de Portugal y de Brasil desde el descubrimiento, en 1500, hasta la proclamación de la república, en 1889.

Junto con objetos físicos también se ha perdido conocimiento producido luego de años de investigaciones, como el que albergaba la biblioteca del programa de Antropología Social, la más importante de Latinoamérica y del mundo.

“Décadas de investigación, trabajos, fotografías, conocimientos sobre lenguas indígenas se perdieron. Todo es irrecuperable, porque digitalizar los documentos es muy caro y sólo parte de ellos lo estaban”, explica entre sollozos una alumna de este programa, Eugenia Motta, en entrevista para Forbes México.

Motta afirma que en su área se ha perdido todo el material de una de las escuelas de samba más importantes de Río de Janeiro, Estação Primeira de Mangueira, que hace poco recibió la profesora Renata Menezes.

También investigaciones sobre cambios sociales de los años 70 y de movimientos sociales de los años 90.

Pero más allá del acervo científico y cultural, portavoces del museo lamentaban este lunes la pérdida de los puestos de trabajo de los cerca de 90 investigadores que trabajaban en el Museo Nacional.

Una de las puertas de acceso al museo, donde la mañana de este lunes se concentraron estudiantes, investigadores y profesores. Foto: Cortesía Eugenia Motta.

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No todo está hecho cenizas

El comandante del Cuerpo de Bomberos de Río de Janeiro, el coronel Roberto Robadey, dijo que por lo menos, dos áreas del edificio quedaron intactas. En declaraciones a medios del país, afirmó que durante dos horas, los bomberos y funcionarios retiraron parte de las piezas.

Se conoce que se salvó el meteorito Bendeó, una de las piezas más destacadas del acervo del Museo Nacional, es de los pocos ítems que sobrevivió a las llamas del domingo por la tarde.

También animales invertebrados mantenidos en frascos de alcohol y formol que habían sido retirados con anterioridad.

 

La colección

Estas son algunas de las piezas más destacadas del acervo millonario del Museo Nacioal.

Luzia – La mayoría de los medios nacionales e internacionales han puesto el foco en el cráneo de Luzia, de unos 11,500 años, el fósil más antiguo descubierto en América. Fue hallada en 1975 por una misión coordinada por la arqueóloga francobrasileña Annette Laming-Emperaire.

Cráneo de Luzia. Foto: Cortesía Museu Nacional.

Por su morfología, los expertos creen que podría ser un vestigio de las migraciones de poblaciones asiáticas. En 2010, en Inglaterra, se hizo una reconstrucción del rostro de Luzia, que se estima que murió a los 25 años.

Reconstrucción del rostro de Luzia. Foto: Cortesía Museu Nacional.

Sarcófago de Sha-Amun-En-Su – El sarcófago de la sacerdotisa del templo de Amón, en Tebas, tenía más de 2,700 años y fue un regalo de Kedhive Ismail al emperador Pedro II. Tras la proclamación de la república en 1889, el Museo Nacional de Río de Janeiro quedó a cargo del objeto.

Una estatua femenina grecorromana – Esta estatua de mármol era de origen romano, pero posiblemente se trataba de una copia de una estatua griega Koré. Fue hallada en 1853 sin cabeza en una tumba en Veio, Italia.

Dinosaurio brasileño – El dinosaurio herbívoro conocido como Maxakalisaurus topai vivió en lo que hoy es Brasil durante el Cretácico superior. Este ejemplar de 13 metros de largo fue descubierto cerca de la ciudad de Prata, en Mina Gerais, y por ello es conocido como “Dinoprata”. Fue el primer dinosaurio reconstruido en Brasil en ser exhibido

Culturas prehistóricas brasileñas – La cultura Marajoara fue la más desarrollada de la prehistoria de Brasil. Sus cerámicas decoradas, utilizadas para los rituales funerarios, formaban parte de su rico acervo.

Ornamentos de tribus brasileñas – En la colección etnológica se encontraban objetos de la tribu Karajá, que producía objetos cerámicos y magníficos adornos de plumas.

Palacio de San Cristóbal – El edificio del museo, el Palacio de San Cristóbal, era en sí mismo un tesoro. En el lugar se encontraban los aposentos del emperador y la biblioteca, además de la colección de plantas iniciada por la emperatriz Leopoldina. Fue también escenario de varios momentos históricos, como la proclamación de la república y de la Asamblea Constituyente de 1891. Según el vicedirector del museo, quedó totalmente destrozado.

 

Un accidente que no sorprendió

El incendio fue calificado por expertos como una muerte anunciada, después de que la institución denunciara abandono por parte de las autoridades políticas y falta de presupuesto.

El Museo Nacional recibía desde hace tres años apenas el 60% de los 550,000 reales (unos 180,000 dólares) anuales con los que la institución sufragaba los costos de mantenimiento.

La falta de recursos afectó al funcionamiento de la institución, hasta el punto de que ya llevaban 15 años sin poder mostrar al público el esqueleto gigante de una ballena Jubarte, por ejemplo.

El director adjunto del museo, Luz Fernando Dias, afirmó este lunes que la dirección del museo junto con el Banco Nacional de Desarrollo Económico Social (BNDES) habían garantizado una inversión de 21 millones de reales (unos 5,087,ooo de dólares) para la revitalización del edificio histórico, su colección y las salas.

La fecha de inicio de las obras estaba planeada para después de las elecciones presidenciales del próximo octubre, para evitar sanciones de la Ley Electoral del país.

La destrucción del Museo Nacional es un símbolo de la crisis económica que sufre Río de Janeiro como consecuencia de la recesión en Brasil y de los enormes desvíos por corrupción revelados desde 2014 con la Operación Lava Jato.

Con información de Notimex, Deutsche Welle y O Globo.

 

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