Por Carolina Menjivar

Sus tatuajes, pero, sobre todo, su pasado como pandillero de la Mara 18 le cerraron las puertas del mundo laboral a Osvaldo Enríquez, hasta que, hace tres años, entró a trabajar en la League Central America, una compañía estadounidense del sector textil que da empleo a exconvictos, personas con capacidades diferentes e indigentes.

La compañía, que llegó hace nueve años a El Salvador, opera en la Zona Franca American Park, en Ciudad Arce, ubicada en el departamento La Libertad, donde, con mano de obra local, elabora prendas deportivas para universidades con reconocimiento internacional, como Columbia, Harvard, Notre Dame y Princeton.

A la fecha, 1,600 campus figuran en la lista de clientes de la empresa, que, en los últimos tres años, ha registrado un crecimiento promedio de 8%, hasta alcanzar 15 millones de dólares (mdd) en la actualidad; a corto plazo, estima crecer arriba del 20%, a través de mejoras en la línea de producción.

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La compañía, que elabora 60% de las prendas en El Salvador (y el resto, en Asia), genera 500 empleos directos y 100 indirectos en el país centroamericano, e invierte anualmente 200,000 dólares en la ejecución de 14 programas sociales dirigidos a grupos vulnerables. El 10% de la fuerza laboral está integrada por expandilleros.

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League Central America da trabajo a las comunidades aledañas y la oportunidad de graduarse de bachilleres y de ir a la universidad. Como ejemplo, Osvaldo Enríquez cursa, actualmente, el primer año de Ingeniería Mecánica.

En las entrevistas de trabajo, sacerdotes y pastores son quienes recomiendan a los que buscan dejar atrás una vida marcada por la criminalidad y la pobreza.

“Si quiere trabajo, debe estudiar; ése es el trato”, dice Rodrigo Bolaños, gerente de la planta, que se convierte en escuela, y en la que centenares de personas han aprendido a leer y escribir.

La redención o cambio de vida ha sido posible por el apoyo del Bureau of International Narcotics and Law Enforcement Affairs (INL) y del Catholic Relief Service (CRS).

“La solución a la violencia, generada por las pandillas, que se vive en El Salvador no es la opresión y exclusión. Hemos comprobado que, si preparamos el lugar de trabajo para que no sea nada más para laborar, si podemos soñar con algo más grande y si abrimos esa posibilidad a todos en la comunidad, es entonces cuando la comunidad prospera y grupos excluidos, como las pandillas, desaparecen”.

 

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