Tan grande como el sol y tan evidente como una verdad de Perogrullo es el hecho de que todos somos tomadores de decisiones. Desde que suena la alarma del despertador empezamos a decidir: o nos ponemos de pie de inmediato o le concedemos a la cama unos minutos más. Si nos vamos con melón o con sandía, si queremos limón o preferimos fresa, si emprendemos o no, si le damos luz verde a un proyecto o lo ponemos en espera: siempre decidimos. Unas veces son asuntos pequeñitos de la cotidianidad y otras son temas de amplia envergadura. La cosa es que no siempre estamos conscientes de las decisiones que estamos tomando y nos ponemos en piloto automático al momento de elegir.

Siempre he dicho que el mal que nos aqueja en estos tiempos es la distracción. Hemos dejado de poner atención a nuestro entorno, pero también a nosotros mismos. Los principios de la toma de decisiones asertiva están basados tres elementos: conciencia, creación y realidad. De acuerdo con Morty Lefkoe, autor del libro Recreate yourself, la toma de decisiones asertiva entreteje estos tres elementos de la siguiente manera: reflexionar en torno a cómo nuestra conciencia crea una realidad a través de la manera en la que decidimos. Es verdad.

De acuerdo con Lefkoe:

1- La conciencia es una función de la existencia

Más allá de las reflexiones filosóficas de si las cosas existen porque somos conscientes de ellas o no, el potencial de posibilidades se desarrolla a partir de aquello que podemos observar. Para tomar decisiones, los seres humanos usamos nuestro aparato sensorial que está dotado de cinco sentidos y de nuestros marcos de referencia perceptuales, es decir, apelamos a nuestros cinco sentidos y usamos nuestra cultura, creencias, ritos, costumbres, lenguaje, preferencias, gustos.

2- El lenguaje es nuestra herramienta principal y la usamos para hacer distinciones

El lenguaje es nuestra herramienta principal porque es a través de palabras que nos comunicamos y entendemos la verdad por la que estamos atravesando. Es por medio del lenguaje que comprendemos el logos y distinguimos las categorías o conceptos. Ya lo decía Pericles desde los tiempos de la Antigua Grecia, si alguien tiene una buena idea y no la puede expresar, es como si no tuviera nada.

3- No hay un punto de vista único e inquebrantable para solucionar un problema o avanzar en un reto

Lo que pensamos y creemos, más allá de su veracidad, de si es positivo o negativo nos determinan en muchos sentidos. John Grinder, padre de la neurolingüística da un ejemplo: Si le dices a un niño: ¡Bájate de ahí que te vas a caer!, lo más seguro es que la criatura se caiga. En cambio, si le dices. ¡Bájate de ahí que te puedes caer!, el niño justiprecia sus posibilidades y hará lo necesario para no caerse. Nuestro lenguaje es la herramienta con la que planteamos nuestras propuestas, con la que negociamos, con la que ponemos en juego nuestras ideas, con la que ejecutamos nuestras estrategias.

4- Cuando uno prefigura una creencia, prefiguras una realidad

Dicen que Marilyn Monroe podía salir a la calle y dejar de ser reconocida y que esa era una habilidad que la actriz usaba a placer. El secreto radicaba más que en ponerse pañoletas, lentes oscuros y disfraces, en generarse la certeza de que nadie la iba a notar. No sé. Lo que sí es verdad es que a la mayoría de los seres humanos nos cuesta trabajo ir más allá de lo que nosotros creemos. Sucede con los colores, algunas personas ven el turquesa como azul y otros como verde. Nuestro punto de vista nos lleva a generar posibilidades o a cerrar senderos. Así, la forma en la que abordamos algún problema, en la que entramos al mercado, en la que planteamos un proyecto de emprendimiento nos perfila. Es decir, al momento de diseñar una estrategia, ya estamos anticipando la forma en la que la vamos a ejecutar.

5- Cuando eliminas una creencia, se cambian las realidades y se crean nuevas posibilidades

En sentido contrario a lo dicho en el párrafo anterior, cuando descartamos ciertas afirmaciones, quitamos obstáculos. Se trata de quitarnos ciertas vendas que nos nublan la mirada. Los prejuicios, las ideas preconcebidas, las manías, las obcecaciones son estorbos que por alguna razón hemos aceptado. Pienso en el edadismo que quita oportunidades a gente que tiene tanto que ofrecer, en los techos de cristal que les impiden a muchas mujeres talentosas seguir adelante, en esas preconcepciones que nos llevan a pensar que no podremos hacer algo que podríamos hacer.

Para Lefkoe, la toma de decisiones se relaciona directamente con la visión que tenemos: mientras más amplia, mejor. Para ello es preciso afinar la atención, ser conscientes de cuál es la forma en la que estamos decidiendo. Cuando estamos atentos y hacemos un acto reflexivo en torno a las opciones que tenemos frente a nosotros, decidimos mejor.

Evidentemente, esto implica tener la posibilidad de ver que más que blancos y negros, hay una serie de colores que atraviesan toda la gama de colores. Además, cuando refinamos nuestra visión y logramos ver todo el panorama, aparecen alternativas que quizá no teníamos contempladas y que pueden alertarnos de riesgos innecesarios o bien, nos abren caminos que resultan más convenientes.

En realidad, muchas ocasiones decidimos en piloto automático porque estamos muy preocupados. Nos mortifica decidir mal, le permitimos crecer al síndrome del impostor que nos baja el umbral de merecimiento. O bien, tomamos decisiones en forma maquinal porque tenemos tanta experiencia y lo hemos hecho tantas veces de esa manera que ya no contemplamos hacerlo en otra.

Lefkoe y Grinder nos llevan a reflexionar en la importancia que tiene la percepción que tenemos de la realidad para tomar decisiones en forma asertiva. Con los tres elementos: consciencia, creación y realidad podemos prepararnos para tomar mejores decisiones.

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