En un país con 50 millones de personas viviendo en alguna condición de pobreza, ¿cómo es posible que la estrategia turística del gobierno plantee hacer accesible el turismo a todos los mexicanos?

 

 

 

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Debo decir que sin ser un fanático del PRI, el inicio de la Administración del Presidente Peña Nieto me ha gustado.

El Pacto por México, la capacidad de avanzar en las reformas educativa, de telecomunicaciones,  laboral, financiera, incluso la inteligencia política para reconocer errores como el Veracruzgate o la salida del Procurador de Profeco, parecen buenas señales, aunque algunas de estas acciones no acaben de aterrizar, tal vez porque requieran un proceso de maduración.

En turismo, el temprano anuncio de la Política Nacional Turística (sic) fue esperanzador, incluyendo un saludable reconocimiento de la obviedad –no tan obvia para la Administración calderonista–: la seguridad es un prerrequisito para el despegue turístico. El contenido de las cuatro directrices de esta política, aunque no tiene grandes novedades, es correcto y consistente. Para pronta referencia las cito:

•          Impulsar el ordenamiento y la transformación del sector turístico.

•          Impulsar la innovación de la oferta y elevar la competitividad del sector turístico

•          Fomentar un mayor flujo de inversiones y financiamiento en el sector turismo y la promoción eficaz de los destinos turísticos

•          Impulsar la sustentabilidad y que los ingresos generados por el turismo sean fuente de bienestar social

Encuentro algunos pecadillos en esta propuesta de política pública: la exclusión de la atención del segmento de turismo de reuniones (congresos, convenciones, etc.); una visión de corto plazo y un señalamiento sobre el turismo de los mexicanos que me pareció tiene un dejo de populismo demagógico.

Sin embargo, entendí que se trataba de directrices y pensé que al paso del tiempo y en la medida en que se avanzará en la construcción del Plan Nacional de Desarrollo y del Programa Sectorial, estos aspectos serían superados. Como sabemos, el primero de estos documentos se ha hecho público y reconociendo que el tratamiento del sector turístico es más amplio del que normalmente se ha dedicado en instrumentos similares de Administraciones anteriores y que las directrices han sido desarrolladas con mayor profundidad -sin exageraciones, por supuesto- me sorprende la insistencia (¿necedad?) del planteamiento que, textualmente, establece: “Crear programas para hacer accesible el turismo a todos los mexicanos”.

En un país con 50 millones de personas viviendo (es un decir) en alguna condición de pobreza, en el que el propio Gobierno al definir su Cruzada contra el hambre nos recuerda que hay 7. 4 millones de mexicanos que no tienen para comer ¿cómo es posible que en un documento, que de acuerdo al marco legal vigente debería ser de cumplimiento obligatorio, alguien se atreva a plasmar una idea, simplemente, inalcanzable?

No se necesita una mayor elaboración para pensar que sería mejor que todos los mexicanos coman, antes de que todos los mexicanos viajen. ¡Un poquito de por favor!

Si la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo es una responsabilidad de la Secretaría de Hacienda y en última instancia de su Titular, y si el componente turístico debería haber sido sancionado por la dependencia que encabeza Claudia Ruiz Massieu, parece que alguien que escribe con formas del siglo XX debería asumir más cuidadosamente la tarea de cuidar a sus jefes, incluyendo, por supuesto, al Presidente de la República, evitando estos disparates demagógicos. Lo dicho… ¡un poquito de por favor!

 

 

Contacto:

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