Por Nuria Marín Raventós*

La era digital nos permitirá avanzar en beneficio de la humanidad, pero debemos prepararnos para una serie de dilemas éticos y legales, entre los que se encuentran el balance entre el derecho de la información y la privacidad, la protección frente a las noticias falsas y la manipulación de la opinión pública, así como la protección de los datos personales.

Por ejemplo, el Congreso de Estados Unidos y el Parlamento británico han llamado a cuentas a la empresa Facebook ante la filtración de datos, su uso y eventual influencia en los resultados por parte de la empresa Cambridge Analytica (CA) en las elecciones de Estados Unidos y en el referéndum del Brexit. Se investiga también en Estados Unidos una posible conexión rusa.

Las declaraciones de Christopher Wylie, de 29 años y uno de los cerebros detrás de CA, revelaron cómo ayudó a diseñar el “arsenal de ciberguerra para la nueva ultraderecha americana” y se atribuye las victorias, tanto en Estados Unidos como del Brexit.

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Facebook ha quedado en una delicada situación al hacerse público cómo, ante fallas de seguridad, el accesos a la información de 50 millones de sus usuarios puede haber sido utilizado para la manipulación mencionada.

La credibilidad y reputación de la citada empresa ha quedado en entredicho y las reacciones no se han hecho esperar con la estrepitosa caída del precio de sus acciones en los mercados, lo que además ha arrastrado a sus pares tecnológicas conocidas por sus siglas en inglés como FAANGs (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google, hoy de Alphabet).

Desde los usuarios hay un llamado a dejar Facebook (#LeaveFacebook), cuyo impacto es impredecible. Con 2,167 millones de usuarios (su mayor activo), la empresa ha corrido a anunciar mejoras en la seguridad. Habrá que esperar reacciones.

Para los usuarios es un llamado de atención para no compartir tan ingenuamente sus datos y proteger su información, y para las autoridades de los países y la comunidad internacional un llamado a la regulación y la necesidad de supervisión y auditoría por un ente externo e imparcial.

Los tribunales tendrán un papel fundamental como ya lo hizo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (2014), al resolver sobre la ponderación del derecho a la protección de datos y el derecho de la información, para regular a su vez el derecho al olvido de las personas y la obligación de borrado de información por empresas como Facebook y Google ante la solicitud de los usuarios.

En el lado positivo, universidades como Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), este año impartirán en conjunto un nuevo curso en ética y regulación de la Inteligencia Artificial, en tanto que la Universidad de Texas recién incorporó la materia Fundamentos Éticos de las Ciencias de la Computación. En Stanford, más cercana a Silicon Valley y el corazón de una industria cuyo valor, según un artículo del New York Times, es “crea primero y pide perdón después”, se estará desarrollando un curso de ética a partir del próximo año.

¿Cuál es la idea detrás de todas estas iniciativas? Que las próximas generaciones consideren las consecuencias negativas de la innovación, sepan que la tecnología no es neutral, y que sus creaciones o el uso de algoritmos en la toma de decisiones automatizadas pueden tener un gran impacto social.

Un ejemplo es la muerte de Elaine Herzberg durante una prueba de un vehículo autónomo de Uber, en Arizona (marzo 2018), donde ni el chofer ni la tecnología reaccionaron frente a la súbita aparición de la peatona, hecho que desnudó la necesidad de mayores ajustes y seguridad. Esto significó el anuncio de la suspensión de pruebas de todos los operadores.

Otro enfoque es el de Cornell, centrado en la ética de las empresas; por ejemplo, qué productos se decide desarrollar o qué política se toma en torno al uso de los datos de los usuarios. Sea una u otra medida, lo rescatable es la importancia de adelantarnos a un problema desde la formación de los profesionales, la legislación y la protección de los usuarios.

*Empresaria y analista

Contacto:

Twitter: @nuria_marinr

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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