Diciembre es el mes de los regalos, es la época de los intercambios navideños, los obsequios entre personas que tienen vínculos laborales o profesionales que deben ser atendidos con mucho cuidado. Es tiempo de fiestas, brindis, regalos y también de tener cuidado y estar alertas con los pasos que se dan. El mundo corporativo tiene reglas de etiqueta que deben ser respetadas. Las cortesías y modos de comunicarlas en el entorno laboral son sutiles y en este ámbito como en ninguno: forma es fondo. Un regalo corporativo viene cargado de significados, es un mensaje cifrado, que debemos descifrar con cuidado. Por lo tanto, es muy importante cuidar lo que se quiere transmitir para lograr el impacto que se desea. Los motivos que nos llevan a dar algo a alguien deben ser claros en la intención de quien entrega y transparentes para quien los recibe.

La línea que separa la cortesía de la incorrección es delgada y se traspasa con mucha facilidad. Por eso, hay que extremar la sensibilidad y poner atención extrema. Las precauciones no sobran en este rubro. Aceptar o dar regalos es un tema delicado. Va más allá de un simple detalle. No podemos ser ingenuos ya que traspasar fronteras puede acarrear problemas serios, desde un tropezón laboral hasta problemas relacionados con delitos de corrupción. En esta condición, las empresas y quienes están en el terreno profesional deben tomar medidas claras y transparentes en el tema de los presentes.

El protocolo de los regalos no es sencillo, sigue un código. Incluso no dar regalo transmite un mensaje. Antes de empezar con la pesquisa del regalo ideal, es necesario reflexionar en torno a cuáles son los motivos que nos llevan a dar algo o a dejar de darlo. Un regalo puede significar una compensación a un buen desempeño, una motivación para generar un mejor comportamiento, agradecimiento, simpatía; tal vez sólo sea un vehículo propiciatorio de una actitud más amigable. Sin embargo, también es un modo de marginar, de dejar fuera tanto como puede ser de lambisconear a fin de obtener un puesto de trabajo o un favor a cambio. En todo caso, cualquiera que sea la intención, la pregunta a contestar es si se trata de un obsequio con un interés ulterior y averiguar cuál es.

Evidentemente, el tema está relacionado con la cultura corporativa de cada organización y debe estar asentado en el código de conducta. Pero, no siempre sucede así. El problema es cuando un aspecto tan delicado se deja al criterio de las partes. Lo que alguien considera un detalle de celebración para otro puede ser un hecho de corrupción. El péndulo oscila entre extremos sumamente delicados.

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Para que un regalo no sea un problema, es necesario entender las intenciones. En el entorno laboral, los negocios nos llevan a probar nuestros límites y códigos. No debemos ser ingenuos, a diferencia del terreno personal, regalar en un entorno profesional siempre tiene un fin y eso no es necesariamente perverso. La verdad es que ese tipo de presentes no siempre son del todo sinceros y de alguna forma están marcados por intereses particulares. En el ánimo de cumplir con un compromiso debemos ser precavidos. Hay que reflexionar: muchas veces optamos por un objeto costoso y resulta un acierto y en otras fallaremos terriblemente al entregar algo demasiado caro. No obstante, si la meta es dar un regalo que cause el impacto deseado, es preciso hacer un esfuerzo mayor. En el ámbito profesional el precio debe ser una variable muy vigilada.

Regalar se trata de hacerse presente. Las ocasiones más evidentes llegan con un logro profesional, cumpleaños, aniversario o Navidad. Sin embargo, los regalos más significativos son los que no celebran una fecha en particular, sino a la persona y lo que ella significa. Para determinar qué regalar, hay que pensar en el destinatario y buscar lo que más apreciará. Si no conocemos bien al destinatario, las asistentes o su equipo de trabajo más cercano pueden ser una buena alternativa de consejo. Lo importante es demostrar que realmente se pensó en la persona y la importancia que tiene la relación que han establecido como colegas, socios, proveedores o clientes, con ello en mente, es más fácil acertar.

Al regalar, tenemos que tener en cuenta los aspectos que hay que evitar. En términos generales -a menos que se trate del intercambio de regalos de la oficina y así lo hayan solicitado- comprar tarjetas de regalo es mala idea ya que son obsequios impersonales que pueden dar la impresión de falta de interés o de mínimo esfuerzo. También hay que evitar cualquier cosa que tenga el logotipo de la compañía, eso no es un regalo, es un objeto promocional. Hay que alejarse de la tentación de reciclar regalos o de entregar algo que, aunque esté en buenas condiciones ya fue usado. Ni hablar de objetos con tonos políticos, esos jamás se regalan, o religiosos, esos se reservan únicamente para el terreno personal.

Un regalo no debe de ser simplemente un detalle, sino un emblema a la consideración. El principio básico que rige: regalar es dar. Lo fundamental es que sea significativo y que permanezca como un recuerdo de quien dando algo significativo hace sentir a alguien especial. Es un signo que refleja un esfuerzo para estar presente y hacerle ver a esa persona que en la intención se encontraron los méritos suficientes para estar en una lista de regalos.

Si elegir un regalo puede ser complicado, recibirlo no lo es menos. Al darlo, nos convertimos en el emisor del mensaje, al recibirlo somos los que debemos interpretarlo. En esa condición, quien da, manda un recado tan válido como el que no da. El que no entrega un regalo tiene un motivo y es bueno tener en cuenta. Más vale saber. Los presentes recibidos son signos cifrados. Uno muy caro puede ser el antecedente de un problema. El dinero nunca es un buen regalo para recibir, a menos que se trate de una compensación que viene aparejada de un recibo de nómina. Si es de un tercero, recibirlo es pésima idea.

Antes de dar o recibir un regalo, es preciso verificar las políticas al respecto. Cada cultura organizacional tiene sus peculiaridades y sus puntos de vista al respecto. En ciertos entornos, recibir un obsequio puede ser causal de despido, en otros hay montos máximos para poder recibirlos, si ese monto se rebasa, el presente se debe rechazar. Hay ambientes en los que dar y recibir regalos es esperado. Hay empresas en las que no aceptar un regalo es el mejor modo de generar un problema.

Si se decide dar o recibir, los protocolos del regalo que es necesario seguir son los siguientes: debe verse a simple vista para quién es y lo que contiene, la envoltura debe ser atractiva, cuidada, debe generar un buen recuerdo para que la persona tenga una adecuada predisposición hacia nosotros o nuestra empresa. El exterior de un regalo, puede decir mucho del contenido del mismo y de la persona o empresa que lo remite. Denota un cierto interés por el acto de regalar y no una mera obligación de regalar. Los regalos se abren en el momento de la entrega, eso es muestra de interés y es una forma de agradecimiento inmediata. Si la persona que lo regala no está presente -se ha enviado el regalo por otro medio- se debe agradecer con carta formal o si tenemos confianza, podemos hacerlo de modo informal, por teléfono.

Regalar no sólo es un arte, es una estrategia y como tal hay que abordarlo, perfeccionarlo y mejorarlo a base de consejos. No es un tema que deba tomarse a la ligera, es un aspecto de planeación que debe tener objetivos específicos y metas bien planteadas. Es, asimismo, una oportunidad ya que, si lo hacemos en forma adecuada, puede ser un modo de abrirnos puertas y granjearnos buenas voluntades.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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