El movimiento Slow Fashion busca crear conciencia sobre el dispendio de recursos y la explotación laboral en la industria de la moda, y cada vez gana más adeptos.

 

Por Alicia Adamczyk

 

Hay algo claro sobre el futuro de la industria de la moda: la forma en que generamos los insumos, producimos y consumimos ropa y accesorios va a cambiar, y pronto.

Diseñadores, titanes de la industria y activistas ambientales desde Stella McCartney hasta Susan Sarandon y Wendy Schmidt han declarado su apoyo a la mejora de las iniciativas de sostenibilidad en todo el mundo de la moda. Garantizar los salarios y las condiciones laborales justas en todo el mundo, reducir su huella de carbono y la producción de contaminantes y evidenciar a las empresas que no lo hacen son sólo unas cuantas formas en que la industria puede demostrar que va en serio es serio en el tema de la sostenibilidad.

Y los consumidores también están cambiando sus hábitos. Aunque la novedad y la accesibilidad de una camiseta de 1.90 dólares o zapatos de 15 en todos los tonos imaginables ha hecho de la moda rápida –que puede encontrarse en grandes tiendas como Zara, Forever 21 y H&M– algo básico en prácticamente todos los clósets de Estados Unidos. Esos días podrían ser parte del pasado.

“Creo que al final el consumidor quiere productos más éticos, pero no está dispuesto a sacrificar esas cosas a las que está acostumbrado y que le gustan”, dijo Jason Keehn, CEO y fundador de Accompany, un minorista en línea que ha adoptado el comercio justo y la filantropía. “El consumidor abrazará el elemento ético siempre y cuando no implique una pérdida para él.”

Con ese fin, la avalancha de productos “sustentables” y “conscientes” está llegando al mercado a medida que más productores se suman a la causa, haciendo más fácil que nunca comprar de forma ética, aunque ésa no es la única razón por la cual los consumidores están dispuestos a comprar productos de este movimiento. Los compradores ya no están interesados en lo que todos los demás tienen; en cambio, los productos artesanales y únicos están de moda, y sucede que esos productos a menudo son más sustentables, en todos los sentidos de la palabra, que los que se pueden encontrar en en Walmart o Zara.

De hecho, la temporada navideña es el momento perfecto para que las marcas de moda y minoristas se unan al movimiento Slow Fashion, no sólo hay personas dispuestas a pagar más dinero por estos productos, sino que están buscando activamente una historia que diferencie esa nueva bolsa de piel, algo que las empresas conscientes proporcionan con creces.

Keehn, de Accompany, por ejemplo, invierte en artesanos únicos en todo el mundo. Cuando compras uno de sus productos, sabes exactamente quién se beneficia de tu compra.

“La navidad es un periodo de incubación, la gente se da cuenta de que es más afortunada que muchas otras personas en el mundo”, dice Keehn.

Es esta tensión entre el deseo de ayudar a otros durante las vacaciones mientras participan en el consumismo – y apoyar a las empresas que puedan explotar los demás y el medio ambiente – que atrae a la gente a los productos con “corazón” detrás de ellos: Si usted puede comprar algo, como un par de TOMS, que fue conscientemente a crear o dona una porción de las ganancias a la caridad, se llega a disfrutar de lo mejor de ambos mundos.

Pero para algunas marcas la ropa elaborada conscientemente va más allá de la capitalización del espíritu navideño de un consumidor, es un punto de entrada a la evolución de toda la industria y, tal vez un poco idealista, del mundo.

Zady, una marca de estilo de vida para compradores conscientes, acaba de anunciar su nueva iniciativa “Procedente de”, que ve más allá de la etiqueta “Hecho en…” en la ropa para asegurar que los fabricantes están siendo responsables de los factores ambientales, éticos y económicos de cada paso de la producción, “desde la granja hasta la fábrica”. Al transparentar su propia cadena de suministro (el 100% de la The Essential Collection de Zady, que debutó hace unos días, proviene y fue fabricado en Estados Unidos, y los consumidores pueden ver todo el proceso en de producción en línea) la compañía espera animar a otras marcas a cambiar a la ropa de origen ético y hecha a mano.

Como sociedad, Etados Unidos consume 400% más ropa hoy en día que hace apenas 20 años. Así que además de la transparencia, los cofundadores de Zady Maxine Bédat y Soraya Darabi afirman que quieren volver a un momento en que la gente realmente crea que menos es más, al crear un producto sostenible y de calidad (y altamente atractivo).

El enfoque de Zady no sólo es mejor para el medio ambiente, sino que es mejor para los salarios de los trabajadores, la salud de los materiales y la economía del país, todos, aspectos del movimiento Slow Fashion.

Puede que la industria de la moda esté bajando su velocidad, pero definitivamente va en la dirección correcta.

 

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